Sicilia, poeta

El autor detrás del movimiento

A final de cuentas,todas las voces líderes de los movimientos ciudadanos en el país asumen dichaposición por su propio contexto: Alejandro Martí se sirve de su semblanteempresarial, mientras que Isabel Miranda de Wallace ha cimbrado con su tragediafamiliar todos los ámbitos de gobierno. Cada uno sobresale por algún detalle,dramático en su triste mayoría, que reúne todo el sentir popular.

Pero ahondemos, para entendernos mejorcon el líder moral de la Marcha Nacional por la Paz, sobre Javier Siciliaantes del sensible fallecimiento de su hijo. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Endónde estaba antes de todo esto?

Javier (nacido en México, D.F. en 1956) fue hijode un poeta católico, Óscar Sicilia; decimos "poeta católico"no tanto para subrayar las tendencias religiosas de la familia, sino por latemática propia de su trabajo. Sus versos giraban en torno a lo más místico delCristianismo dada la función de la poesía como un arte "profundamenteespiritual". Javier heredaría esta forma poética de su padre.

Ávido lector de San Juan de la Cruz, SantaTeresa y Jorge Cuesta, colaboraría cada vez con mayor frecuencia en los círculosliterarios más importantes de su generación, que incluye las plumas deautores como Elsa Cross, Alberto Blanco, Luis Cortés Bargalló y Tomás Calvillo,por mencionar algunos.

El tema de lo social lo trabajaría un poco mástarde, ya entrados los años, como colaborador frecuente del semanario Procesoy del diario La Jornada. Sobre este aspecto, Siciliamenciona el trasfondo espiritual presente incluso en este tipo de expresiones:

"…la misión de todo arte es elevar laconciencia espiritual de los hombres. Si se logra, entonces la poesía adquieretambién una función social. Si el hombre crece espiritualmente entonces lasociedad se mejora en sus relaciones económicas, productivas, políticas,culturales. El objetivo de la sociedad dejaría de ser mundano y se volveríatrascendente. Una sociedad verdaderamente espiritualizada viviría de manerafraterna y pobre." (En entrevista con Ricardo Venegas)

35089El poeta y su trabajo
El poeta y su trabajo (Las Voces del Periodista)

Tras conocer el pensamiento del filósofo yteólogo austriaco Iván Illich, formaría sus reflexiones en cuanto a laimportancia de la participación democrática en su contexto Cristiano. Con estoen mente, Sicilia comenzó a dirigir la revista Conspiratio, dedicadaal pensamiento crítico y la creación literaria.

Tiene novelas, poemarios y ensayos publicados,entre los cuales destacan Permanencia en los puertos (1980), Elreflejo de lo oscuro (1998), Cariátide a destiempo y otros escombros (1980)y Concepción Cabrera de Armida, la amante de Cristo (2001). Fue acreedordel Premio Aguascalientes de Poesía en el 2009.

Su obra es característica por su elegante uso dela métrica poética y su trasfondo, se insiste, netamente espiritual.

Para que no se olvide la vida de Javier Sicilia,el poeta, nos permitimos la reproducción de unos versos suyos, publicados en ellibro Tríptico del Desierto (ERA, 2009):

 El sobreviviente

 

Toda ausencia es atroz

y, sin embargo, habita como un hueco que vienede los muertos,

de las blancas raíces del pasado.

¿Hacia dónde volverse?;

¿hacia Dios, el ausente del mundo de loshombres?;

¿hacia ellos, que lo han interpretado hastavaciarlo?

¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,

el vacío insondable de la ausencia?

Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria

y saben que no estamos contentos en un mundointerpretado.

Mas las sombras, las sombras que lainterpretación provoca

y nos separa de ellos,

las sombras con su viento todo lleno de laabierta ventana hacia el espacio,

las sombras donde no hay anunciación

trabajan nuestro hueco.

¿Será que ya no hay nada atrás de ellas,

o el oscuro dolor por nuestros muertos

-como el amanecer que empieza a medianoche,

a la hora más oscura de la noche-

anuncia su retorno en el sigilo?

¿No es tiempo de encontrarlos nuevamente

donde nada parece retenerlos,

así el roshi descubre el todo en el vacíoque no contiene nada?

Tal vez sí, porque sus voces vienen de looscuro,

de su vacío vienen

como un rumor de río en un riachuelo,

como un dulce reclamo imperceptible,

como una tenue estrella entre las sombras

vienen sus voces, vienen desde lejos.

Óyelas, corazón, como sólo los mojes sabíanescucharlas

atendiendo en el rezo su incesante llamado

con los pies en la tierra.

Así los escuchaban,

escuchando el arriba y el abajo,

preservando en sus tumbas el suelo que habitaroncon nosotros.

No es así que tú puedes escucharlos en elespacio en sombras de un mundo interpretado.

Pero escucha la queja de lo Abierto,

el mensaje incesante, esa advertencia que vienedesde lejos,

ese rumor tan suave que casi nadie escucha

y llega a ti de todas las iglesias,

como si en esas piedras, que guardan la memoriade los muertos,

habitara la llama de su estar con nosotros,

de su sola presencia en la resurrección

y descorriera un poco nuestras sombras.

Porque es difícil vivir en un mundo sin ellos,

difícil no sentir a nuestros muertos alimentandolas obras de los hombres;

difícil no seguir sus costumbres, que apenasconocimos;

difícil habitar en las sombras

como un alucinado que repentinamente recobra lamemoria

para luego volver a su intemperie;

difícil ver aquello que los hacía nuestrosflotar en el espacio y diluirse.

Estar vivo es penoso,

y nosotros, nosotros, que los necesitamos consus graves secretos,

nosotros, que sabemos que no podrán volver a unmundo interpretado,

a veces escuchamos, como un ligero viento,ascender de las sombras

la música primera

que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;

una nota tan tenue, tan pura como el Cirio

que promete su vuelta en medio de las sobras

y nos trae el consuelo.