40 años sin Salvador Novo

Episodios gays y poesía erótica

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Salvador Novo defendió como nadie en su época el derecho a sentir y amar diferente. La sociedad que lo persiguió por años, terminó reconociéndolo con todo y sus “tendencias equívocas”. Hoy 13 de enero se cumplen 40 años de la muerte del escritor, cronista, poeta y dramaturgo mexicano.

“Rarito”, “anormal”, “pecador”, “inmoral”, “criminal”, fueron algunos de los agravios que recibió. Su infancia determinó parte de su personalidad y futuro. No se sintió atrapado por una inclinación irrenunciable y no solicitada, la aceptó con orgullo y la plasmó en sus letras. Novo definió su discrepancia: “no es una deserción de la virilidad, es una aceptación de mi estructura psíquica”.

En el libro La estatua de sal contó que doña Amelia, madre de Novo, lo mimaba y consentía, “como casi todos los días, mi madre me acicalaba con exageración. Adoraba los bucles que peinaba en torno a mi frente, me empolvaba el rostro, me obligaba a fruncir la boca para que no me creciera”. Su trabajo literario lo cargó de sensualidad y erotismo, impregnando ternura temperamental y confesional:

Porque nuestras dos almas son como el cielo y mar/ profundas e inconscientes en su grave callar/ porque lloramos mucho y rezamos en vano/ y porque nos devora un ansia pecadora/ quiero decirte: ¡sufre!, quiero decirte: ¡llora!/ quiero decirte: ¡ama!, quiero decirte ¡hermano! (A Villaurrutia) http://www.youtube.com/watch?v=Zd76WqlmADs

A temprana edad comenzó a sentir maripositas en el estómago y no se avergonzó, “cuando jugaba con aquel chico (Samuel), yo proponía que el juego consistiera en que fuéramos madre e hijo, y él entonces tenía que chupar mi seno con sus labios duros y su lengua erecta. Aquella caricia me llenaba de un extraño placer…”. Novo escribía poesía elegante pero provocadora, solemne pero escandalosa:

Ya se acerca el invierno, dueño mío/ estas noches solemnes y felices/ se ponen coloradas las narices/ y se parten las manos por el frío/… Y hazme después la consabida cosa/ mientras un Santa Claus de utilería/ cava un invierno más en nuestra fosa. (Nuevo amor)

Recibió clases particulares y su profesor intentó seducirlo, “y llevó su mano a mi bragueta. Con gran cautela me preguntó cómo se llamaba aquello. Y yo le respondí que el ano; porque ése era el nombre que mi madre me había enseñado a darle al pene… le refería (a mi madre) la enseñanza del profesor. Es posible que su discrepancia haya provocado su despido”. Marcó sus obras con pasión exhibicionista y valentía innegable: 

He de coger mi vida deshecha entre tus manos/ leve jirón de niebla/ que el viento entre sus alas efímeras dispersa./ Vuelva la noche a mí, muda y eterna/ del diálogo privada de soñarte/ indiferente a un día/ que ha de hallarnos ajenos y distantes. (Hoy no lució la estrella de tus ojos) http://www.youtube.com/watch?v=cT5X6onFjts

Ya como un púber homosexual tuvo encuentros con su compañero Jorge en los salones de clase, “sin pronunciar palabra, me atrajo a sí, me estrechó con fuerza, y fundió su boca con la mía en un beso largo y húmedo que penetraba con su lengua todos mis sentidos… Sin soltarme, llevó su mano a su bragueta, y extrajo de ella un pene erecto y rojizo que trató de poner en mis manos. Yo lo rechacé horrorizado. No había visto nunca una cosa semejante, enorme, veteada”. El dandy de los años 30 tenía una intrépida maldad, siempre irreverente, ácido y sarcástico:

Que al espejo que te asomes, derrotado;/ que veas tu piel, otrora acariciada/  escurrir por tu cuerpo deformado./ Que todo se acabó. Que la soñada/ dicha… Que en un instante inesperado/ esperas… Que te lleve la chingada. (Poema vejatorio, soneto de 1964) http://www.youtube.com/watch?v=2xMhdDdDVwo

El primer encuentro sexual de Salvador Novo fue con el beisbolista Pedro Alvarado en un hotel de paso, “cerró la puerta, la aseguró, y abrazándome, me llevó hasta la cama. A su presión, volví la espalda, cerré los ojos, le dejé hacer, desabrochar mi pantalón con mano experta, tocarme y maniobrar con tan consumada pericia, que no experimenté el menor dolor –aunque tampoco el mínimo goce- al sentirme penetrado…”. En su poesía dejó ver la fuerza de su enojo, la maestría en el insulto y la sutileza en el reproche:

Fruto de prostituta y alcahuete/ hijastro putativo de la musa/ que la sonrisa y las arrugas usa/ cuando arroja sus versos al retrete./ Tanto gustó a tu madre el clarinete/ que aun hoy está de tu creación confusa;/ no sabes si te hicieron por la exclusa/ o si te le saliste del ojote. (Jaime Torres)

Salvador Novo fue un escritor que cultivó la ironía crítica, la lujuria posible, el amor belicoso, descarado y diferente.