Ritos de amor de Leonora Carrington

Locuras pasionales de sus personajes

Foto: Cuartoscuro

El universo delirante y la excéntrica imaginación de Leonora Carrington la llevaron a narrar intensos episodios amorosos y de amistad a toda prueba dentro de sus cuentos. Ella logró con sus letras que una fantasía escalofriante entre seres alucinantes, se convirtiera en un estremecedor capitulo meloso y romántico entre dos seres posibles.

Los personajes de la pintora, escritora, escultora y Ciudadana distinguida del Distrito Federal no escapaban a la coquetería, el romance y a los juegos amorosos. Las historias surrealistas contenían breves relatos de feroces relaciones llenas de seducción y erotismo transgresor.

Este 25 de mayo se cumplen tres años de la muerte de Leonora Carrington y la recordamos con cinco microhistorias de amor y amistad contado en sus textos.

Amor salvaje

Virginia Fur, quien sólo por su olor despertaba dudas de que era una criatura humana y que cambió su alma por un kilo de trufas a su amante Igname, el jabalí que tenía un ojo en la mitad de la frente y que usaba collares de insectos. Las prendas de amor que Igname utilizaba eran una peluca hecha con frutas y colas de ardilla, pezuñas rojas teñidas con sangre de conejo y una capa púrpura para cubrir su sensual trasero rosado.

La noche que Igname le dijo “Te amo” a Virgina Fur, ella maldijo las palabras de amor y saltó alrededor de él mesándose los cabellos para bailar una danza de éxtasis, mientras sus 100 gatos amarillos y negros iniciaban una pelea. Los felinos brincaron sobre la pareja y debajo de esa montaña de pelos hicieron el amor. (Cuando iban por el sendero en bicicleta) 

Cariño enfermizo

Ethel vivía con su esposo Lázaro en el número 40 de Pest Street, ella era de tez blanca como el oropel en un árbol de navidad, siempre usaba un antiguo vestido de seda verde y utilizaba su largo cabello para limpiar los platos, una tarde le pidió a su vecina un poco de carne en mal estado.

La curiosidad de la vecina la hizo comprar carne y dejar que se descompusiera bajo los rayos del sol para llevársela. La pareja tenía 20 años sin recibir visitas. Tomaron la carne que llevó la vecina para alimentar a un centenar de conejos blancos de ojos rosas que vivían en la casa. Le ofrecieron a la vecina quedarse con ellos y que en siete años tendría la piel plateada como la de las estrellas, sólo con adquirir la enfermedad sagrada de la Biblia: la lepra. (Conejos blancos)

Intercambio amistoso

El primero de mayo de 1934 se ofrecería una cena baile en honor de una joven debutante que odia este tipo de celebraciones sociales y que huía del mundo visitando el zoológico. Ahí platicaba con una hiena, entablaron una sólida amistad e hicieron diversos intercambios: la joven le enseñó a hablar francés y la hiena su lenguaje, además cambiarían lugares en la fiesta.

Aprovecharon la ausencia de vigilantes y ambas tomaron un taxi para escapar del zoológico. La hiena se atavió con el vestido y las zapatillas de tacón alto de la joven, guantes para ocultar sus patas peludas cuando se sentara en la cena. La joven debutante y la hiena acordaron que para disfrazar el rostro le arrancarían la cara a Marie la trabajadora doméstica, con la condición de que la hiena la matara antes de arrancarle la cara para que no le doliera. La hiena asistió al banquete sin que nadie la descubriera y la joven se quedó en su habitación a leer Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. (La debutante) 

Calidez eterna

Durante 40 años un vendedor de fruta no sabía si su mujer Agnès estaba viva o muerta, pero la conservaba en una cama toda cubierta de hierba y la regaba todos los días. La amada inmóvil mantenía calor en el cuerpo, era de piececitos ágiles y blancos, rubia pero con cabello negro e hija del señor Pushfoot.

El día de la boda, Agnès y el vendedor de frutas, se embarcaron por el Sena, al llegar la noche ella se sentía muy cansada y no paraba de llorar, después de no encontrar un lugar para descansar irrumpieron en una cocina, cenaron y no pegaron ojo en toda la noche. Desde aquel día ella habló cada menos, jamás se recuperó. El frutero decía que la mantenía caliente el amor que le profesaba. (El enamorado)

Noche de bodas

Célestine des Airlines-Drues, una oveja con peluca negra, contrató a una joven pintora para realizar un retrato de su esposa Agathe muerta dos semanas antes y le mostró el cadáver, cual conservaba porque “es muy difícil separarse de los restos de aquéllos a quienes has amado”.

La joven trabajó tres semanas en el retrato y encontró el diario de Agathe con una carta dirigida a Eleanor donde relataba “la noche de bodas”: cuando estaba acostada en la cama grande llegó a la habitación un individuo vestido con plumas blancas y alas de ángel, pensó que la visitaba el ángel de la Muerte, pero era Célestine. Él se desnudo, después comenzó a ponerse nuevamente el traje de plumas y las alas, luego se desvaneció en la oscuridad, apareció y sus pies ya no rozaban el suelo. Así comenzó el matrimonio…antes tendré un hijo de una de las sillas de mi estudio, que de Célestine. Él desapareció por una semana. (¡Vuela, paloma!)

¿Qué es lo que más les late de Leonora Carrington?

Lee aquí la entrevista con el hijo de Leonora sobre el libro Leche del sueño, de la artista surrealista.