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10 momentos godínez en las letras

Benedetti de oficina

El buen Mario. Getty Images El buen Mario.
13 de septiembre de 2013

Dicen que los filósofos no ven un árbol, ven una idea. Mario Benedetti no ve cubículos y una jungla Godínez, sino una oportunidad de hacer poesía sobre oficinistas. Conocido por su poesía amorosa, supo sacarle provecho a los "guerreros del escritorio" y dedicar algunos párrafos para hablar sobre el salario, las prestaciones, los días feriados, los amores laborales, programas de cómputo y otros usos y costumbres en las oficinas.

Exploremos los poemas y cuentos creados a partir de sus observaciones a esa clase trabajadora llamada Godínez.

Godínez in love

El amor está en todas partes, incluso entre los cubículos hay miradas coquetas y seductoras, que buscan un pretexto para acercarse o a la hora de la salida buscar el encuentro, y para esos tortolos escribió en Amor, de tarde:

Es una lástima que no estés conmigo/cuando miro el reloj y son las cinco/y soy una manija que calcula intereses/o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas/o un oído que escucha como ladra el teléfono/o un tipo que hace números y les saca verdades.

Ciberamor

La tecnología ha cambiado todo, incluso las formas de conquistar, ya casi nadie escribe una carta en papel, mejor se postean memes en las redes sociales o se manda un mensaje de whatsapp, y se quejó de la intervención de la computadoras en el amor en el poema Windows 98:

 antes los besos iban a tu boca/hoy obedecen a una tecla send/mi corazón se acurruca en tu software/y el mouse sale a buscar el disparate

Santa quincena

Es el día más esperado por los oficinistas que han derrochado esfuerzo sobre el escritorio y las teclas de la computadora, el momento en que ven recompensado su desempeño, en el poema Sueldo dijo:

…aquella esperanza que cabía en un dedal/evidentemente no cabe en este sobre/con sucios papeles de tantas manos sucias/que me pagan… 

Guardería infantil

Nunca faltan las complicaciones por las que el hijo de un compañero o el jefe no pudo llegar a la escuela y no hay nadie quien lo pueda cuidar, sin embargo, siempre es bienvenido a la oficina con una docena de tíos postizos que lo vigilarán, sobre esto Benedetti escribió Kindergarten:

Vino el patrón y nos dejó su niño/casi tres horas nos dejo su niño/indefenso, sonriente, millonario/un angelito gordo y sin palabras/…él se puso a romper su patrimonio/…Nosotros satisfechos como tías/lo dejamos hacer. Después de todo/solo dice “papá”. El año que viene/dirá estadespedido y noseaidiota.

Fin de semana

Después de una larga semana de papeleos, juntas, llamadas telefónicas, llega uno o dos días de descanso, sobre estos momentos describió en el cuento Sábado de gloria:

Saber que puedo disponer del tiempo libre…saber que puedo ponerme grave y pensar en temas importantes como la vida, la muerte, el fútbol y la guerra. Durante la semana no tengo tiempo. Cuando llego a la oficina me esperan cincuenta o sesenta asuntos a los que debo convertir en asientos contables, estamparles el sello de contabilizado en fecha y ponerles mis iniciales…

Regreso a la rutina

Después de días de cuidar niños y visitar a la familia, llega el retorno al cubil Godínez que para muchos no es algo grato y lo reflejó en el poema Lunes:

Volvió el noble trabajo/aleluya/qué peste/faltan para el domingo/como siete semanas.

Planeta escritorio

Tantas horas sentado y frente al monitor hacen de los cubículos un territorio personal, adaptamos el lugar a nosotros, pero la realidad es que nos adaptamos al trabajo y casi casi somos parte del mobiliario y la vida tienen forma de oficina, Benedetti lo contó en Acuarela con burócrata:

el burócrata está en su ventanilla/como un guardabosques o un vigía/allí adquiere el oficio de los rostros/y el esperanto de las manos ásperas

Lucha presupuestal

Cada fin de año se desata la lucha por mayor presupuesto para las áreas los que implica una guerra entre oficinas, este episodio lo relató en el cuento El presupuesto:

Un nuevo presupuesto es la ambición máxima de una oficina pública. Nosotros sabíamos que otras dependencia de personal más numeroso que la nuestra, habían obtenido cada dos o tres años. Y los mirábamos desde nuestra pequeña isla administrativa con la misma desesperada resignación con que Robinson veía desfilar los barcos por el horizonte…

Nuevo ingreso

Cuando se consigue un empleo, se llega lleno de vitalidad y disposición para cumplir con las asignaciones, pero el paso del tiempo es inevitable y ya nada es igual, este capítulo de movilidad laboral lo contó en El nuevo:

No dirá/si señor/dirá viejo podrido/rezará palabritas/despacito/y dos veces al año/pensará/convencido/sin creer su nostalgia/ni culpar al destino/que todo/todo ha sido/demasiado/sencillo.

Adiós a la oficina

Todo Godínez anhela el retiro laboral o poner un changarro, dejar a un lado a los jefes, los horarios, las juntas, los trámites y demás, ese largo trance lo narró en la novela La tregua:

Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para jubilarme. Debe hacer por los menos cinco años que llevo ese cómputo diario de mi saldo de trabajo. Verdaderamente, ¿preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso sino el derecho a trabajar en aquello que quiero.

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