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Delfos y Tambuco presentan La consagración de la Primavera

Stravinsky: la controversia revisitada

02 de septiembre de 2013
Por  Fernanda López   @MissMaff
Todo comenzó hace cien años en París en el Théâtre des Champs Élyssées. El teatro se encontraba lleno como nunca antes, con una multitud compuesta por dos grupos distintos: la típica gente burguesa con gustos refinados y conservadores, y el grupo bohemio, siempre deseoso de escuchar cosas nuevas. Todos se encontraban ahí para ver la temporada de ballet ruso. Nadie se imaginaba que estaba a punto de presentarse una de las piezas más revolucionarias del siglo XX.
 
El compositor Igor Stravinsky trabajó dos años en una pieza que causaría revuelo entre todos los presentes, al grado de provocar algunas peleas. La consagración de la primavera, nombre de ese ballet, no era nada parecido a lo que se escuchaba en la época. Es más, para algunos fue toda una aberración. No sólo exploraba con bitonalidad, métricas muy complejas y combinaciones de tempo muy extrañas; también mostraba coreografías muy dinámicas y originales, creadas por Nijinsky, un controversial bailarín ruso que anteriormente había causado escándalo por hacer una coreografía con un final abiertamente sexual (para los curiosos, esta pieza fue La siesta de un fauno, de Debussy).
 
A pocos minutos del comienzo de la pieza, la gente ya estaba conmocionada. Mientras muchos gritaban disgustados, otros aplaudían de emoción. El teatro se vio envuelto en un caos. Gritos, pleitos entre el público, gente arrojando cosas a la orquesta, e incluso una intervención por parte de la policía se vivió esa noche. A pesar de eso, el show continuó. 
 
Cien años después, Delfos, la famosa compañía de danza contemporánea, nos trae una versión moderna de La consagración de la primavera –musicalizada por el ensamble de percusiones Tambuco, y los pianistas Duane Cochran y Josef Olechowski– como parte del espectáculo De Reich a Stravinsky. Claudia Lavista y Víctor Manuel Ruiz, directores de la compañía, nos platicaron sobre esta producción que se presentará del viernes 6 al domingo 8 de septiembre en la Sala Miguel Covarrubias.

 

¿Cómo fue el montaje de De Reich a Stravinsky?

Lo que vamos a presentar es un proyecto en colaboración con Tambuco y con los pianistas Duane Cochran y Josef Olechowski. Se va a presentar La consagración de la primavera de Stravinsky, y el Sextet de Steve Reich. Lo que es con danza es la parte de Stravinsky. Estamos celebrando son  cien años de La consagración de la primavera y los 20 años de Tambuco. La Consagración de la primavera normalmente se baila con la versión orquestal. La que nosotros persentaremos es una versión especial para dos pianos y percusiones que se toca muy poco. Ya la habíamos montado hace trece años pero ahora quisimos revisitarla, volver a pensarla escénicamente.  
 

¿Cómo describirían La consagración de la primavera?

Es una obra en donde más que ver danza de movimientos estilizados, verán una danza de acciones cotidianas llevadas a la brutalidad. Pareciera que todo el tiempo está en desequilibrio, que hay un terremoto debajo de los siete personajes, que la obra, escénicamente, está dislocada. Es una obra extraña pero al mismo tiempo muy seductora. Causa mucha intriga. 
 

Para algunos, la danza contemporánea es difícil de entender, y más si se trata de una pieza tan polémica como ésta de Stravinsky. ¿Cuál es la clave para entenderla?

Esta pieza maneja la poética del caos. En toda la confusión que maneja hay una poética implícita en las imágenes que se van revelando a través de la pieza. Está desarrollada por medio de rituales urbanos. Quisimos replantearnos muchas concepciones estéticas y como resultado tuvimos una obra donde, más que el cuerpo estilizado, el cuerpo cotidiano es la base. 
 

¿Qué es lo que quisieron lograr con los bailarines?

No parecer bailarines. Queríamos gente cotidiana. Como los bailarines tenemos muchos años de entrenamiento tendemos a caer en lo estilizado. Esto por otro lado se contradice, ya que para interpretar esta obra se requiere de un entrenamiento brutal. La fisicalidad detrás del montaje es gigantesca. Se mueven como personas normales, pero las cosas que hacen no las puede hacer cualquier persona. Necesitan un gran entrenamiento físico, pero es un entrenamiento diferente. Ese es el gran reto de la obra. Tratamos de borrar el carácter del bailarín y convertirlo en un generador de imágenes y sensaciones físicas. Más que en la estilización del movimiento, es borrar esa técnica que hemos desarrollado. Delfos solía bailar con un nivel técnico y dancísitico impecable, y esta vez decidimos hacer algo diferente: partir desde la acción física. 
 

¿Qué tan difícil fue lograr esto?

Lo más difícil es desaprender. Es decir "a ver, si te vas a caer, te caes. La gente no se cae con una posición especial. La gente se cae y punto". Queríamos borrar las líneas que se identifican como danza e irnos hacia el otro lado. Por supuesto que hay una reminiscencia de elementos dancísticos, pero no fue nuestro objetivo. 
 

Cuando se estrenó La consagración de la primavera hace cien años, fue considerada una pieza innovadora y revolucionaria. ¿Creen que ese mismo sentimiento se conserve actualmente?

Absolutamente. Es una obra que se ha tocado mucho, pero a pesar de eso a mucha gente le suena raro. Musicalmente hablando es totalmente vigente y refleja el caos que está viviendo el mundo ahorita, que también se vivía hace cien años, aunque con otras escenas. Sigue siendo una obra que rompe con miles de conceptos musicales, y es fantásico que cien años después nos siga hablando. 
 

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Tambuco?

Siempre hemos sido amigos, desde que se fundaron. Nos encanta la idea de que han triunfado en muchos países. llenan salas y son muy exitosos. Para nosotros es muy conmovedor que nos inviten a celebrar sus XX años bailando con ellos. 
 
 
 
 
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