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Dolor y lírica cantinera hecha música

La poesía de José Alfredo

22 de marzo de 2013

José Alfredo Jiménez fue el poeta de la desolación marginal y la lírica cantinera. Las letras de sus canciones están llenas de filosofía popular, poesía, melancolía amorosa y otros sentimientos, con los que se identificaron miles de corazones rotos, solitarios, marginados, orgullosos de su origen y esperanzados de un para siempre.

José Alfredo transcendió y hoy conecta con un público que no lo vio ni escucho vivo. Algunos desprecian la simplicidad de sus letras y la marginalidad de los temas que abordó; otros lo admiran y se identifican con ese mundo doliente y romántico que vislumbró.

Todos tenemos en los labios una canción de José Alfredo. Hoy analizamos por qué fue y es tan popular y socorrido.

Tomen la bebida alcohólica de su preferencia y sigan leyendo.

Poesía popular

Sus canciones podrían recitarse como poesía y pasarían como tal.

Si nos dejan / buscamos un rincón cerca del cielo / Si nos dejan / haremos con las nubes terciopelo / Y allí, solitos los dos / cerquita de Dios / será lo que soñamos / …Si nos dejan / de todo lo demás nos olvidamos.

José Alfredo supo recrear el sabor de los sentimientos, la nostalgia y la ironía, tanto del enamorado como del abandonado, del que quiere a morir y el que muere hundido en la soledad. Sus palabras fueron poesía llana y próxima a las emociones terrenales. Imprimió una lirica sin complejidad e hizo de lo cotidiano una pieza digna de admirar. 

Filosofía etílica

Adaptó ideas populares para mover emociones, como cuando el borracho tiene respuestas para todas las dudas nocturnas.

No tengo trono ni reina / ni nadie que me comprenda / pero sigo siendo el rey… Se puede tener todo si no se espera nada de nadie, parece decir José Alfredo.

Una piedra en el camino/me enseñó que mi destino/era rodar y rodar… Suena a aquel dicho: deja que las cosas fluyan

También me dijo un arriero / que no hay que llegar primero / sino hay que saber llegar… Suena a tómate tu tiempo, una cosa a la vez. 

Destino implacable

Añoranza, resplandores de alegría o de la tristeza, nada de temor ni incertidumbre, eso era lo que cantaba. Sus canciones reflejan el espíritu de quien descubre la resignación por encima de un mundo que se desvanece.

Por lo pronto me sigo de frente / y me voy sin decirte ni adiós / por si acaso volvemos a vernos / allá cuando nada valgamos los dos...

Vueltas de la vida

La vida empieza con llanto y con llanto termina. En José Alfredo la vida es cíclica, como una forma de ouroboros (la serpiente que se muerde la cola)... Símbolo del infinito. Todo lo que nace regresa a su origen.

La vida no vale nada / comienza siempre llorando / y así llorando se acaba…

Todo en la vida se regresa, a toda acción obedece una reacción

Qué bonita es la venganza / cuando Dios nos la concede / yo sabía que en la revancha te tenía que hacer perder / ahí te dejo mi desprecio / yo que tanto te adoraba pá que veas cuál es el precio / de las leyes del querer.

Temperamento del pueblo

Reconoció las virtudes y vicios de un pueblo eternamente dolido y solitario. Encontró la forma de juntar la ternura con el coraje (la bravura y la lucha) y transmitirlo con sencillez coloquial. 

No me importa qué diga la gente / que en el alma no tengo valor / Si en el pleito me vieron valiente / hoy véanme cobarde / llorando de amor.

Adoración sin límites…

Para él, el mundo era un gran desierto en el que sólo el amor podía ampararnos. En sus canciones mostró su lado pasional y desenfrenado. Aunque también lo efímero del placer, la vanidad de la alegría y la desesperación de hablar a solas.

Yo te voy a decir / lo que nunca te han dicho / este amor, que es tu amor / te lo va a repetir / te quiero, te quiero, te quiero, te quiero…

Genio nacional

 

Sus letras surgidas del barrio, las cantinas, cabarets y las fiestas reflejaban la plenitud de la experiencia viva de José Alfredo y su entendimiento con el pueblo. Hizo de la brevedad y la sencillez su estilo. Tomó el ingenio del talante mexicano, sus furias y sus penas y los hizo canción.

Nada me han enseñado los años / siempre caigo en los mismos errores / otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores.
Texto  
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