10 cosas que no sabías del escritor colombiano

Manías de García Márquez

Getty Images

*NOTA DEL EDITOR: Paris Alejandro Salazar escribió esta nota para Chilango.com en marzo de 2013 con motivo del cumpleaños 86 del Gabo. Hoy retomamos este texto para recordar a este grande de las letras que ya descansa en paz.

Popular como un rockstar, el ingenioso y mordaz Gabriel García Márquez cumple hoy 86 años de vida, varios de ellos pegando letras en lugares exactos para crear historias fascinantes y reveladoras. Su vida en un cuento inmenso, lleno de locuras, pasiones, intrigas, desórdenes y excesos. En su cumpleaños compartimos 10 miedos y obsesiones del escritor colombiano.

Miedo a los aviones

Siempre ha manifestado su temor a que los aviones en los que viaja se desplomen, o se queden en el aire para siempre. Intentó sin éxito seguir la fórmula de Luis Buñuel para superar el miedo: un martillazo seco de martini antes de salir de casa, otro en el aeropuerto y uno más antes de despegar; al final entendió que más que un remedio, el alcohol era un cómplice del terror. Probó con la lectura y la música para superar la turbación, por lo que tiene listas de canciones para volar según las rutas y duración, sea de día o de noche, e incluso para la clase en la que vuela. En un viaje de Madrid a Puerto Rico escuchó las sinfonías de Beethoven. Su madre encendía una veladora cuando sus hijos viajaban en avión para mantener las máquinas en el aire.

Secreto contra la vejez

García Márquez ha dicho que algunos se consuelan pensando que la vejez es un estado de ánimo y que la voluntad ofrece fuerzas para oponerse esta, aunque no a la muerte. Su abuela murió casi a los 100 años, y a los 81 su padre tenía vitalidad y aspecto excepcional. Para él, el secreto contra la vejez es no pensar en ella. Sin embargo, dice que la sociedad, fingiendo veneración y respeto, termina volviendo a la gente vieja a la fuerza.

Nobel de la muerte

Tenía la creencia de que casi nadie sobrevivía siete años al Premio Nobel de Literatura, ya que las estadísticas no la prueban pero tampoco la desmienten. Por ejemplo Sully-Prudhomme murió seis años después de recibirlo, Theodor Mommsen al cabo de un año, hasta Albert Camus falleció dos años después del reconocimiento. La edad promedio a que se adjudica el premio es a los 64 años, por lo que es una probabilidad estadística que los premiados mueran dentro de los siguientes siete años. Él lo recibió a los 55 años y tenía el temor a morir tras la entrega.

La defensa del oficio

Una de las maneras en la que el propio García Márquez imaginaba como moriría es: a manos de un marido celoso. Hasta que en 1982 el grupo clandestino MAS dio a los medios de comunicación una lista de las próximas personas que iba a asesinar, la periodista María Duzán, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Alberto López Michelsen y el propio García Márquez. El escritor dijo: “no tengo ningún arma de defensa distinta de la máquina de escribir, y a estas alturas no estoy dispuesto a cambiar de vida solo por vivir unos años más de sobra…”

Nada gratis…

Ha dicho que todo honor se paga, toda subvención compromete y que toda invitación se queda debiendo. No acepta nada gratis más que de sus amigos probados. Por sus convicciones, no se ha ganado un solo centavo que no sea con la máquina de escribir. No acepta viajes pagados y cuando era crítico de cine, compraba sus propios boletos y guardaba los que le daba el exhibidor para no sentirse presionado a escribir para agradar por la cortesía de invitarlo.

Integridad personal

Es uno de los escritores más leídos y populares del mundo, sin embargo, ha vivido los privilegios del éxito y padecido muchos sinsabores, como el ser arrestado y escupido por la policía francesa que lo confundió con un rebelde argelino; permaneció encerrado en la biblioteca personal del papa Juan Pablo II porque su santidad no lograba girar la llave; comió las sobras de un cajón de basura en París, hasta dormir en la cama romana donde murió Alfonso XIII, pero nunca ha olvidado que no es más que es uno de los 17 hijos del telegrafista de Aracataca.

No da las gracias

Nunca ha dado las gracias por un elogio escrito ni le preocupan las críticas de la prensa. Ha dicho: “Cuando uno se ha expuesto a la contemplación pública a través de sus libros y sus actos, como yo lo he hecho, los lectores deben disfrutar del privilegio de decir lo que piensan, aunque sean pensamientos infames”. Por los que siempre rechaza el derecho de réplica o aclaración.

Buena educación

García Márquez dice que una persona que no contesta las cartas no merece siquiera que se le escriba, que hay que rendirles tributo a los dioses de la buena educación contestando cuando a uno se le escribe. A él le sucedió con Julio César Turbay Ayala, presidente de Colombia en la década de los años 80, quien no respondió a una carta enviada por el escritor colombiano.

Obsesión por la verdad

A los 5 años se creía en la mentira poética de los Reyes Magos y se acostaba temprano a esperar sus juguetes, hasta que alguien es su casa decidió que ya era tiempo de revelarle la verdad y la ilusión se terminó. Entonces gracias a su lógica infantil determinó que el resto de los misterios católicos eran inventados por los padres para entretener a los niños y se quedó en el limbo. Perdió la inocencia cuando descubrió que tampoco a los niños traían de París.

Cuento no escrito

Siempre quiso escribir un cuento que tenía por título: El ahogado que nos traía caracoles. Se lo platicó a Álvaro Cepeda Samudio y él le comentó: “ese título es tan bueno que ya ni siquiera hay que escribir el cuento”. La imagen del hombre que debía llegar en la noche con un puñado de caracoles para los niños permanece en su diván de los cuentos sin escribir. Su amigo tenía razón.