Las mejores frases de Rayuela

Especial

21. “Les señalas que quizás había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizá había otros caminos y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces que caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un  hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre…(Capítulo 17)

22. Hay ausencias que representan un verdadero triunfo (Capítulo 23).

23. Cómo podemos estar reunidos esta noche si no es por un mero juego de ilusiones, de reglas aceptadas y consentidas, de pura baraja en las manos de un tallador inconcebible…(Capítulo 12).

24. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, lo he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado a la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la-aman, yo creo que es al revés…Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto…(Capítulo 93).

25. Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla. Por leerla entendamos generarla (Capítulo 71).

25. El amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble, o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueño, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable (Capítulo 92).

27. Oh mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás (Capítulo 21).

28. No puede ser posible que estemos aquí para no poder ser (Capítulo 18).

29. Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad (Capítulo 80).

30. Apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor… Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos…(Capítulo 21)

31. No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad (Capítulo 31)

32. Lo malo era que en el fondo él estaba lo bastante contento para sentirse así, de no haber vuelto, de estar siempre de ida aunque no supiera adónde (Capítulo 48).

33. La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajaban a un triste solitario (Capítulo 104).

34. Lloremos cara a cara, pero no ese hipo barato que se aprende en el cine (Capítulo 20).

35. En fin, vamos a ver: tu vida: ¿es una unidad para vos? –No, no creo. Son pedazos, cosas que me fueron pasando (Capítulo 19).

36. Alguna vez había creído en el amor como un enriquecimiento, como una exaltación de las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incomodo (Capítulo 90)

37. La razón sólo sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea (Capítulo 28)  

38. La cosidad es ese desagradable sentimiento que de allí donde terminan nuestra presunción empieza nuestro castigo (Capítulo 17)

39. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos (Capítulo 1)

40. La mejor cualidad de mis antepasados es la de estar muertos; espero modesta pero orgullosamente el momento de heredarla (Capítulo 107).

41. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí…es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. (Capítulo 3)

42. Todo desorden se justificaba si tendía a salir de sí mismo, por la locura acaso se podía llegar a una razón que no fuera esa razón cuya falencia es la locura. (Capítulo 18)

43. Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer…cómo haremos para salvarnos de su quemaduras dulces que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. (Capítulo 73)

44. Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito (Capítulo 23).

45. Me aprisiona el hoy pero siempre desde el ayer, y es así como a mi edad el pasado se vuelve presente y el presente es un extraño y confuso futuro…(Capítulo 21).

46. Soñando nos es dado ejercitar gratis nuestra aptitud para la locura. (Capítulo 80)

47. ¿Por qué hemos tenido que inventar el Edén, vivir sumidos en la nostalgia del paraíso perdido, fabricar utopías, proponernos un futuro? Si una lombriz pudiera pensar, pensaría que no le ha ido tan mal. (Capítulo 28)

48. Fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro (Capítulo 1).

49. La vida de los otros, tal como nos llega en la llamada realidad, no es cine sino fotografía, es decir que no podemos aprehender la acción sino tan sólo sus fragmentos eleáticamente recortados. No hay más que momentos en que estamos con ese otro en cuya vida creemos entender, o cuando nos hablan de él, o cuando él nos cuenta lo que le ha pasado o proyecta ante nosotros lo que tiene intención de hacer. Al final queda un álbum de fotos, de instantes fijos; jamás el devenir realizándose ante nosotros, el paso del ayer al hoy, la primera aguja del olvido en el recuerdo (Capítulo 109).

50. Los milagros nunca me han parecido absurdos; lo absurdo es lo que los precede y los sigue (Capítulo 28).

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