La misión del capitalista no es educar, sino vender: Lipovetsky

Entrevistamos al francés por su nuevo libro

VÍA@JavPeMar
Cuartoscuro

Gilles Lipovetsky tiene 70 años y una mirada penetrante. Suele recargar su dedo índice al filo de su ojo derecho mientras escucha una pregunta. Parece un gesto estudiado de concentración.

La editorial Anagrama acaba de publicar su libro La estetización de la cultura, escrito en coautoría con Jean Serroy, en el que teorizan sobre la nueva lógica de la economía, basada en la moda, es decir, en una fragmentación del consumo que incremente beneficios y satisfacciones. Esa cosa que se ha dado en llamar tendencia.

“El capitalismo artístico que analizo en este último libro es el sistema en el cual la creación es puesta al servicio del desarrollo de las marcas. Se pueden hacer películas a partir de grandes autores, no tienen ningún problema, lo transforman en un producto fácil, porque la misión capitalista no es educar, sino vender. La cultura es problema de la escuela, el capitalismo es un sistema económico que responde a sus necesidades y crea necesidades. La cultura es una dimensión humanista que compete a la escuela. El capitalismo es otra cosa. Pero la novedad de nuestro sistema es que el capitalismo necesita a la cultura para desarrollarse. Antes no”.

Desde hace tiempo, Lipovetsky se ha dedicado a reflexionar sobre el entorno de las redes sociales –como Facebook y Twitter– y lo efímero de ellas. Lo ha denominado “la era del individualismo conectado”. Pero, dice, dándose tiempo a responder cada cosa, eso no es ni bueno ni malo. Simplemente es una lógica distinta que cambia la forma de trabajar, consumir y amar.

“Decíamos que la gente vivía con su pantalla, que había mucha pelea entre lo virtual y lo real. Que lo virtual tenía todo. Pero eso no es cierto. La gente continúa viendo a los amigos, yendo a restaurantes, saliendo; simplemente son nuevas herramientas para reencontrarte y hacer encuentros. Ahora hay multitud de sitios para tener encuentros amorosos y eso está muy bien. Antes era muy difícil. En tu pueblo había 300 chicas bonitas, y en México hay muchas. Es hasta ahora una cosa buena porque aumenta la posibilidad, pero no hay que creer que esto arregla los problemas. Puedes estar conectado con 300 chicas pero en el contacto no pasa nada. Hay momentos en que lo virtual se detiene, donde lo real existe y continúa. Pero de alguna forma, no sólo Facebook sino la conexión del mundo digital, es una revolución global”.

Aunque sostiene, con la seguridad que da la reflexión largamente pensada, es al mismo tiempo una contradicción.

“Este mundo es mucho más fluido, te da mucha autonomía, pero al mismo tiempo te satura mucho. Lo he desarrollado en el libro: el ideal estético del capitalismo artístico es la felicidad, el placer, las sensaciones, pero hay otro completamente contrario: necesitamos resultados, hace falta la competitividad, la gente siente mucha ansiedad”.

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