Los chilangos que crearon el club de fans oficial de Harry Potter

Tres lectores muggles y un tesoro sellado al vacío

Lectores mexicanos de Harry Potter intentan un hechizo
Foto: Cuartoscuro

A J.K. Rowling le tomó cinco años escribir el borrador de Harry Potter y la piedra filosofal, entre 1990 y 1995. En ese periodo perdió a su madre, se casó, tuvo una hija y se divorció. También vivió en Inglaterra, Portugal y Escocia. Una vez terminado el borrador, contrató a una agencia literaria sin mucho éxito: su novela sería rechazada por 12 editoriales. Así fue hasta que el entonces pequeño sello Bloomsbury apostó por ella. Este lunes se conmemoran 20 años de la publicación de la novela que dio inicio a una de las sagas más rentables de la literatura.

En 2000, la editorial Salamandra se encargó de traer a México la primera edición en castellano. Aquel libro de pasta amarilla y 256 páginas, que mostraba en la portada a un Harry Potter tambaleante sobre su escoba mágica, se quedó marcado a hierro y fuego en la memoria de una generación entera.

De aquella primera ola de lectores, que crecieron sin el referente cinematográfico, surgieron varios foros de internet y clubes de fans. Nallely Zárate, Laura Sustaita y José Luis Mondragón son tres de los fundadores de HL México, el club de fans oficial de Harry Potter en nuestro país y el más reconocido de América Latina.

Fans de Harry Potter hacen caminata nocturna
Foto: Misael Valtierra/Cuartoscuro

Tres lectores muggles y un tesoro sellado al vacío

José Luis leyó La piedra filosofal en 2001, cuando tenía 16, y se enganchó de inmediato. «Antes de Harry Potter, como buen freak, leía El señor de los anillos». Hoy tiene 32 años, estudió Química. La saga del niño mago lo acompañó durante toda la carrera. Sus cuadernos estaban llenos de notas que hacían referencias a los libros y los clubes de fans en los que estaba. «El día de mi graduación fue el día que salió Harry Potter y las reliquias de la muerte. Fui a la graduación corriendo: me dieron el diploma, me tomé una foto con mis papás y de ahí me fui a la presentación del libro». Desde entonces los gustos literarios de José Luis no han cambiado demasiado. Sigue leyendo sagas: Los juegos del hambre o Shadowhunters.

Fans Harry Potter en el Zócalo
Foto: Cuartoscuro

Laura tiene 32 años, estudió comunicación en la FES Acatlán, es la encargada de prensa de HL México. Ella leyó primero La orden del fénix a los 22. Se enganchó tanto que de inmediato pidió prestado La piedra filosofal a una amiga. Antes de Harry Potter había leído A sangre fría, de Truman Capote, y las lecturas obligatorias de la carrera. En ese aspecto, leer la saga de Rowling fue de mucha ayuda. “A mí no me llevó a otras sagas, pero sí me hizo agarrarle mucho el gusto a la lectura”, explica . Ahora, cada vez que regresa a la saga, lee los siete libros de un tirón.

De niña, Nallely leyó los clásicos obligados de la infancia, La historia interminable, de Michael Ende, por ejemplo. Sin embargo, durante su carrera de Comunicación Social, no leyó más que teoría política. Su devoción por Harry Potter estuvo siempre presente; recuerda que leyó La piedra filosofal en 1997, a escasos tres meses de su publicación. Ella tenía 12 años y un amigo de su madre hizo un viaje de trabajo a Inglaterra; al regresar le regaló un libro infantil para que sus tres hijas se familiarizaran con el idioma. No tenían manera de saber lo que tenían en sus manos. Y es que Nallely y sus dos hermanas menores leyeron Harry Potter y la piedra filosofal en uno de los quinientos ejemplares de la primera edición que lanzó Bloomsbury. En 2007, un ejemplar como éste fue subastado en 27 mil 876 libras (más de 600 mil pesos). El ejemplar de Nallely está empacado en una bolsa de plástico sellada al vacío y resguardado en casa de su madre.

El internet y el tiempo que corre cada vez más rápido. Los tres coinciden en que hoy los nuevos fans se sienten más atraídos por las películas que por los libros, aunque eso no evitará que se sigan leyendo. Y en cuanto a Una vacante inesperada, la novela para adultos de J.K. Rowling, ninguno se enganchó a ella.