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Septiembre 2014

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Un corazón normal

Crítica Chilango


Teatro Independencia

Periférico sur (a una cuadra de San Jerónimo) 3400

Entre San Jerónimo y Unidad habitacional independencia del IMSS

Col. San Jerónimo Lídice

Tel. 5595-2117

Usuarios:



Precios

  • $160 a $450
TC:

Cortesía

Crítica Chilango

Por Roberto Marmolejo Guarneros

En el Nueva York de la post-revolución sexual de los años 80, nadie esperaba que pasara esto: una enfermedad infecciosa –primero silenciosamente y después convertida en epidemia–, empezó a diezmar a la comunidad gay. Nadie sabía cómo se transmitía, quiénes estaban afectados y quiénes no, si había cura o qué la causaba.

En ese ominoso panorama de miedo, paranoia e indolencia gubernamental, un escritor –Larry Kramer– decidió hacer algo por los amigos, amantes, conocidos y desconocidos que caían como moscas ante enfermedades raras o poco vistas. Fundó Gay Men’s Health Crisis y luego Act Up, de las primeras organizaciones en respuesta a la pandemia de VIH-SIDA, que años más tarde no sólo afectó a los EE.UU, sino el mundo entero.

Un corazón normal es la historia de algunos de los personajes –con nombres alterados y situaciones cambiadas, porque esto es una ficción y no un documental- que se enfrentaron al prejuicio oficial y al estigma en los primeros días del SIDA en Nueva York.

El autor es nada menos que Larry Kramer, que escribió un texto ya clásico de la dramaturgia realista estadounidense no sólo por ser un testimonio teatral sobre esos tiempos, sino por su fuerza escénica y propuesta ética ante una enfermedad tan compleja y todavía, atemorizante: sin maniqueísmo y mucha franqueza, dramatiza cómo la comunidad gay tuvo que enfrentar sus propios prejuicios, su libertad sexual y formas de relacionarse para hacer algo ante la muerte de sus miembros. Además de poner sobre escena, la discriminación e ignorancia del gobierno de la ciudad ante una crisis de salud potencialmente desastrosa.

En el estreno mexicano de este melodrama, la pieza clave es un actor que sin duda es uno de los mejores y más versátiles del circuito teatral chilango de todo tipo (universitario, independiente o comercial): Hernán Mendoza, que con sensibilidad, pero mucha pasión, encarna a Ned Weeks, el protagonista y eje de Un corazón normal. Sin su fuerza actoral y capacidad de emociones, no se entendería este montaje que, con desniveles, es uno de los mejores estrenos de la temporada comercial de fin de año.

Desniveles, porque no todos los actores están a la altura, como Claudio Lafarga o Carlo Guerra; limitados en sus rangos actorales, aunque el resto del reparto es estupendo. Hay que mencionar el desempeño preciso y justo de Eduardo Arroyuelo como Félix Turner y Juan Ríos como Bruce Niles; la sensibilidad de Pilar Boliver, que se crece en el segundo acto y la sorpresa de Pedro Mira, que otra vez es un abogado, pero con una pericia que eleva su calidad por encima de otras interpretaciones (recuerden Incendios o Bosques, de la mancuerna Mouawad-Arrevillaga).

La palomita: el diseño de iluminación y videos de María José Secco, que en sinergia con la escenografía, son un buen apoyo para la narrativa de la historia.

Y un tache: los cambios de escenografía… Eternos y peor, rompen con la tensión dramática entre escenas.

Para finalizar, qué bueno que regresa Ricardo Ramírez Carnero a dirigir de manera comercial. Un buen director como él se extraña. Y aunque con Un corazón normal tiene algunos tropiezos (los actores desiguales, los torpes cambios de escenografía, algunas escenas flojas o mal resueltas), su oficio teatral es patente.

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