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Septiembre 2014

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Trío sin Simone

Crítica Chilango


Centro Cultural Carretera 45 Teatro

Juan Lucas de Lassaga 122

Col. Obrera

Horario

lun-mar, 19 hrs. Hasta el 16 de julio.

Usuarios:



Precios

  • General
  • $150
TC:
Boletos en taquilla

Cortesía

Crítica Chilango

Por Christian Gómez

Simone fue violada en el viaje escolar del fin de semana. Su novio, su exnovio y un compañero enamorado en secreto de ella son los principales sospechosos. ¿Cómo revelar al culpable? Sentados en una sala de espera donde aguardan ser interrogados uno a uno por el director de la preparatoria y un agente de la policía, los tres adolescentes son sometidos a una tensión que se agudiza a cada instante.

 

La obra aborda esta densa espera en la incertidumbre. Convencidos de que uno de los tres es responsable, enfrentan juntos la sensación de hallarse permanentemente bajo sospecha; la carga de trasladar al otro la culpa cada vez que se defiende la propia inocencia; o bien, la imposibilidad de señalar al otro aun frente a la contradicción de saberse junto a él. Así transcurre el relato: entre la especulación y la confesión, entre la revelación de datos y su puesta en duda, entre momentos de solidaridad y la inmediata confrontación. De paso, un constante señalamiento mutuo de debilidades y el resurgimiento de viejas disputas. Los personajes dudan hasta de sí mismos.

 

Y en ese motor de especulación que es la sala de espera, el espectador no deja de maquinar posibles soluciones al conflicto. Como el texto del joven dramaturgo alemán Kristo Sagor, el montaje es agotador también para el público. Más allá del entretenimiento, se trata de un teatro que formula un reto intelectual. Trío sin Simone está lejos de ser un melodrama juvenil. Muy lejos de aquello, es probablemente una provocación que acaba por poner al que mira de frente a sus prejuicios. ¿Cómo es que, a partir de impresiones y no en los hechos, se puede sospechar de alguno de los personajes?

 

En cuanto a la dirección de los actores, los jóvenes egresados del CUT y la ENAT son, literalmente, dominados por la intensidad de una obra que no cede, a un ritmo que no deja de crecer. Como en la historia que se cuenta, parecen sometidos a un ejercicio de violencia. Hay un trabajo actoral tal que acaso podría prescindirse de recursos como los sonoros.

 

Finalmente, destaca el carácter sintético de la escenografía, donde resulta evidente la asesoría de Juliana Faesler: pocos elementos que, usados como módulos, son dispuestos por los actores en múltiples maneras a lo largo de la historia para construir toda clase de escenarios y referentes. En este caso, se trata llanamente de las sillas de esa máquina de ideas que es cualquier sala de espera.

Texto  
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