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Paisaje marino con tiburones y bailarina - | Chilango.com

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Abril 2014
No. 125
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Paisaje marino con tiburones y bailarina

Crítica Chilango


Foro Shakespeare

Zamora 7 y 9

Entre Veracruz y Agustín Melgar

Col. Condesa

Tel. 5553-4642

Horario

jue y vie 20 hrs, sáb 18 y 20 hrs, dom 18 hrs

Usuarios:



Precios

  • General
  • $350
TC:
Ticketmaster
Boletos en taquilla

Cortesía
Género
Drama

Crítica Chilango

Por Alfredo Álvarez

¿Cómo abordar la descripción de un montaje sin caer en el cliché de “tener que” alabar el trabajo de un actor de renombre como Bruno Bichir?

Antes de que iniciara la función de paisaje marino con tiburones y bailarina, del dramaturgo estadunidense Don Nigro, intentaba dar respuesta a este cuestionamiento que salta a la vista cuando, al ver una obra donde participa un actor de gran trayectoria, haga lo que haga, el público le festejará un chiste mal conta- do, porque existe una obligación social donde aplaudir al famoso es lo correcto.

Una noche cualquiera, en medio de la oscuridad, una joven pareja se conoce por accidente: Ben rescata a Tracy de morir ahogada y comien- za así la trama de una historia de amor enrarecida: tal como suelen serlo. Tracy, interpretada por Tato Alexander, de la noche a la mañana se enamora de Ben, personaje llevado hasta la locura por Bruno Bichir y, de pronto, ambos nadan entre la incertidumbre de un amor que surge gracias a los desprecios de la chica hacia el noble bibliotecario con alma de héroe.

Como en cualquier drama amoroso, todo es un caos donde los conflictos reiterados hasta el hartazgo denotan el carácter patético de Tracy y la pasividad armoniosa y detestable de Ben y, por supuesto, el caos lo vuelve todo adictivo, por lo que ambos terminan viviendo juntos hasta que un buen día deciden separarse debido a la llegada de un tercero en la historia, como suele ocurrir.

Si bien, la obra logra emocionar y llevar a la risa sincera a los espectadores enamorados que vislumbran la realidad de su relación de pareja –en el diminuto y perfectamente planteado espacio diseñado por Gabriel Pascal–, por desgracia termina siendo repetitiva y donde no se percibe, ni por asomo, alguna novedad frente a las relaciones de pareja. Tampoco podemos decir que sea el mejor trabajo de Bruno Bichir y menos de Tato Alexander que nos deja entrever su falta de tablas al no escuchar a su compañero y tener, casi siempre, un monólogo atropellado donde sólo se dictan los parlamentos sin sentirlos, amén de la traducción de la obra en un mal español que nos remite a los doblajes televisivos. Aún con esto, vale la pena ver este montaje por la calidad de su diseño espacial y porque existen ciertos instantes donde es posible vislumbrar el vacío que produce el amor.

NOTA: Anteriormente el precio de la obra aparecía en $150 cuando en realidad es de $350. Chilango.com pide una disculpa por el error.

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