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Afterplay: Secuelas Chejovianas - | Chilango.com

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Agosto 2014
No. 129
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Afterplay: Secuelas Chejovianas

Crítica Chilango


Teatro Santa Catarina

Jardín Santa Catarina 10

Entre Francisco Sosa y Av. Progreso

Col. Santa Catarina

Tel. 56580560

Horario

Jue-vie 20 hrs, sáb 19 hrs, dom 18 hrs.

Usuarios:



Precios

  • General
  • $150
TC:

José Jorge Carreón
Género
Comedia, Drama

Crítica Chilango

Por Christian Gómez

Hay una certeza incuestionable sobre los clásicos: lo son porque se puede volver a ellos siempre y su vigencia estará intacta. Pero hay ejercicios que van más allá de desempolvar de vez en cuando a los autores y se proponen, por otra parte, dialogar con ellos. ¿Qué sucede con los personajes de una historia después del punto final?, ¿cómo terminaría una obra si se cambiaran algunos de sus elementos originales?

 

Considerado uno de los dramaturgos contemporáneos más destacados en Irlanda, Brian Friel se propuso “intervenir” o “variar” textos de Anton Chejov (1860-1904). Y dos de esos ejercicios se presentan en conjunto en Santa Catarina bajo la dirección de Ignacio Escárcega.

 

Afterplay (después de la obra) revive a un personaje de El tío Vania y otro de Tres hermanas para hacerlos coincidir, en una nueva historia, en un solitario café de Moscú a principios de los años veinte. Por otra parte, en El oso introduce elementos humorísticos a la historia original, donde un solterón visita a una viuda para cobrarle una deuda contraída por su difunto. Tenemos dos anécdotas sencillas pero sólo en la apariencia. Una dramática y la otra cómica, revelan en su desarrollo la manera en que operan: no apoyadas en los diálogos ni en hechos espectaculares, sino lo que subyace: en el silencio, en las miradas, en la corporalidad.

 

Mónica Dionne y Rodolfo Arias recorren así dos episodios: uno inquietante sobre el desasosiego de quien vive su existencia esperando y otro divertido de incómoda tensión sexual. Ambos se desarrollan en una escenografía que sorprende: concebida desde la noción de constructivismo ruso, entre rampas y vigas hacen de la escena un limbo interminable que resulta congruente con las historias. Un limbo en el que, sin advertirlo, el espectador está contenido.

Texto  
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