¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Por Paris Alejandro Salazar
La vida y la historia son un juego dialéctico. Lo que para unos son un bien, para otros no son sino una equivocación de consecuencias grandiosas. Hay varios ejemplos: la llegada de los españoles a tierras desconocidas a través de mares malditos, lo que ayudó al renacimiento económico de su país (después de la invasión y ocupación musulmana), el saqueo de los recursos naturales y metales preciosos mexicanos, la explotación y toda la sangre derramada de nuestro pueblo a manos de otro ubicado a miles de kilómetros de distancia.
La ostentosidad, el lujo y la magnificencia de los objetos y mobiliario utilizados por los monarcas españoles a través de los siglos en las residencias oficiales de la Corona –así como una impresionante colección artística y algunas piezas auspiciadas por el oro y plata extraídos de las minas nacionales– son exhibidas en las salas del Palacio Nacional.
La muestra inédita, montada por Patrimonio Nacional (el organismo que administra y gestiona los bienes que la Corona cedió al Estado), incluye más de 270 obras originales provenientes de las moradas oficiales de la monarquía española, como el Palacio Real de Madrid y Aranjuez, los monasterios de La Encarnación, Las Descalzas, Santa Isabel y San Lorenzo de El Escorial, el Museo del Prado, entre otros.
La exposición está organizada en 10 salas bajo los temas: La corte itinerante: de la Edad Media a la Edad Moderna; Felipe II y el establecimiento de la capital en Madrid; Los palacios reales bajo los Austrias: de Felipe II a Felipe IV; Los reales patronatos; El cambio dinástico: el advenimiento de la dinastía borbónica; La magnificencia de la monarquía a través del refinamiento en la decoración de los reales sitios y de la vida cotidiana; Las casas de campo: la diversión a través del arte; El cambio de escenario: la guerra de Independencia y, finalmente, Espejo de Ultramar: el Palacio Virreinal de Nueva España.
Entre las piezas se encuentran los oleos originales de Rubens (La Caridad iluminada por el dogma), Goya (Fabricación de balas), Velázquez (La Fuente de los Tritones en el Jardín de la Isla de Aranjuez), Zurbarán (La presentación de la Virgen en el templo), El Veronés ( El padre eterno y el espíritu Santo), El Greco (La alegoría de la Santa Liga), Tiziano (Ecce-Homo) y Tintoretto (Entierro de Cristo).
Además de objetos y mobiliario utilizados por los reyes de España –y elaborados por los más grandes artesanos y orfebres de Europa (como el altar portátil que Carlos V llevaba en sus campañas; armaduras de los infantes, elaboradas de acero grabado, repujado y dorado, latón, cuero y textiles)–, también hay cuadros, tapices, esculturas, libros incunables, armas (entre ellas un cañón), muebles, planos, retratos de los virreyes, habitaciones y 100 piezas del periodo Virreinal en México.
Parte de este esplendor se debe a los minerales extraídos de las minas mexicanas, la explotación y el exterminio durante la Conquista y el Virreinato/la Colonia, pues la guerra de reconquista contra los musulmanes había agotado el tesoro real de España. Por todo ello, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla financiaron el proyecto de Cristóbal Colón, quien tenía en la cabeza la idea de encontrar El Dorado, ese lugar imaginario donde las calles estaban pavimentadas de oro; como consuelo nada desdeñable, los navegantes se encontraron en esta tierra con otro metal: la plata.
La iglesia dio carácter de sagrado a la conquista de tierras incógnitas del otro lado del mar: la expansión del reino de Castilla ampliaba el reino de Dios en la tierra. La plata era un metal relativamente escaso en el Viejo Mundo, con excepción de algunas explotaciones en España y Grecia, por lo que el hallazgo de importantes depósitos de plata (en Guanajuato, Fresnillo, Pachuca, Sombrerete, Real de Catorce, Zacatecas, Taxco, Guarisamey, Bolaños, Real del Monte, Zimapán) fueron torales para la Corona.
La bonanza debida a la industria de plata era tal que, mientras en Alemania la mina Jímmelsfiirt, la más abundante de Sajonia, dio 10 mil marcos de plata, la más rica de México, “La Valenciana”, logró 360 mil, esto durante un año.
La producción anual de Nueva España rindió diez veces más que la de todas las minas europeas.
México y España llevan a consigo un historia paralela en los últimos cinco siglos, de vencedores y vencidos, y viceversa, de acuerdo al cristal con que se mire y de qué lado del Atlántico se encuentre. Unos verán exterminio y otros conquista; unos destrucción de formas de vida, otros colonización; algunos saqueo, el resto pagos de impuestos y tributos a la Corona. Por un lado, imposición de religión; por el otro, evangelización. Unos notarán minas vacías en México, otros admirarán lujosos palacios reales en España.
La vida es dialéctica, hay dos versiones sobre un mismo evento: Si nos estás dentro, estás afuera, quien hace un bien a veces termina haciendo un mal y a la inversa. Por eso es innegable que entre ambas naciones hay una historia compartida.
Tesoros de los Palacios Reales de España en el Palacio Nacional tiene una liga con el pasado del pueblo de México, quien ayudó a conformar la grandeza del imperio español. Nadie niega el valor histórico y cultural de las piezas exhibidas, pero parafraseando al poeta, José Vasconcelos: "México, tus hijos midiendo el suelo, y los ajenos mamando...".
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