¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Por Roberto Marmolejo
La obra de Richard Viqueira siempre se ha distinguido por su género, teatro físico con actores que realizan proezas inquietantes en el escenario. En Cuerdas sorpresivamente transita hacia el sentido contrario, da fuerza a la dramaturgia –a cargo de Bárbara Colio– en un espacio con pocos elementos, apoyado de dos actores para contarnos la historia de Paul, Peter y Prince, tres hermanos en crisis existencial y contra las cuerdas de la vida.
En un viaje real y metafórico hacia el encuentro con su padre, los hermanos tendrán que enfrentar o evadir su existencia particular; es aquí donde la dirección de Viqueira pierde el pulso y las cuerdas se aflojan: ni Carlos Corona (Peter), ni Felipe Cervera (Prince), ni el mismo Viqueira (Paul), profundizan más allá del trazo escénico. No hay tensión o un nudo dramático que se sostenga y nos amarre en la trama.
Lo que no se le puede negar a Viqueira es que posee una finísima elegancia visual: momentos bien iluminados e imágenes escénicas para foto, con música exquisitamente seleccionada. Pero nada más. La falta de una dramaturgia sólida hace que los personajes sean esbozos y se nota indecisión a la hora de asumir plenamente un tono: o una comedia con dosis de melodrama o un melodrama con cierto humor.
Tal vez, éste no sea el mejor trabajo del director, sin embargo, su gran mérito es el de atreverse a experimentar y no repetirse, una decisión sabia y obligada como creador, que al parecer, Viqueira no teme emprender.
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