Platicamos con Diego Luna y Luis Gerardo Méndez sobre Privacidad

En esta obra te van invitar a que prendas tu celular –asegúrate de que esté conectado al wifi y relájate–, naaadie te mira, nadie te espía. A menos que hayas vivido en una cueva los últimos años, intuyes que quizá no todo lo que subas a la red está completamente a salvo, pero cuando estés sentado en la butaca viendo esta obra, echarás un vistazo a lo profundo de ese abismo opaco que llamamos «la red».

Un escritor con bloqueo creativo es quien acompaña al público (el verdadero protagonista de esta historia) en un viaje virtual en la búsqueda de inspiración, donde escritor y espectador se topan con cosas que habían olvidado por completo sobre su vida digital.

«Toda es una experiencia activa, la gente literalmente grita porque no puede creer que toda esta información esté allí, a la vista de cualquiera que sepa encontrarla», dice Luis Gerardo Méndez, quien alterna en el papel del escritor con Diego Luna.

Nuestra historia diaria está allí, nuestro inocente teléfono «inteligente» sabe perfectamente lo que nos gusta, a dónde vamos, dónde vivimos y con quién. Con un tono lúdico que poco a poco se torna más reflexivo y perturbador, el escritor nos descubre el lado más oscuro de internet, donde diariamente dejamos la vida «abierta» para uso y aprovechamiento de empresas, gobierno y algunos más con el dinero suficiente para obtenerla.

Por su naturaleza, la obra se reescribe de manera orgánica y casi en tiempo real, conforme a lo que sucede en las noticias en México y el mundo, por lo que se trata de un trabajo constante de adaptación de María Renée Prudencio junto con el director Francisco Franco. Ambos tienen como base la exitosa puesta en escena montada en Londres y Nueva York, donde un Daniel Radcliffe con cara de asombro hacía el papel del escritor.

Diego Luna y Luis Gerardo Méndez estrenan Privacidad en el Teatro de los Insurgentes.

Ad hoc a los tiempos, esto no es sólo un texto interpretado por actores: es casi tan interesante lo que pasa en el escenario como lo que sucede en las butacas. Lo que sí se mantiene vigente es que el teatro es ritual: la catársis (ese cambio interno del público al salir de la sala) que sufrirás en Privacidad vivirá contigo el resto de tu vida, sabrás que los límites entre lo público y lo privado se borraron hace mucho tiempo.

«Pocas obras logran una atención del público tan presente y, sin embargo, empezamos diciendo ‘prende tu teléfono, distante, haz lo que quieras’. Yo recuerdo mi experiencia como público, haber estado superconectado con los personajes, pero también con la transformación de los que estaban a mi alrededor, y eso es lo fregón del teatro», explica Diego Luna.

Seguramente será una obra para experimentar esa sensación tan moderna de que, por más que nos tapemos, estamos completamente vulnerables, conectados en todo momento y a toda hora.

Esto opina Francisco Franco, el director

«Nos relacionamos a nivel personal a través de los dispositivos móviles y, al mismo tiempo, estás regalando toda esa información para el uso de los gobiernos y las empresas. Es un viaje que le da voz a muchísimos seres que pueblan la red, pero responde a una inquietud de muchos de nosotros que queremos saber hacia dónde se está moviendo nuestro mundo. ¿Cómo va a vivir la vida la siguiente generación? Si no conocen la privacidad, ¿van a conocer la intimidad?».

¿Qué dice Luis Gerardo Méndez?

«Estoy muy emocionado porque no estamos hablando de Chéjov, esto es algo que nos está pasando hoy, que nos afecta a todos hoy, y con lo que estamos aprendiendo a lidiar. Cómo organizo mi yo-público y mi yo-privado. Ver esta obra es como tomar la píldora azul de Matrix: una vez que la veas, te chingaste. Ahí está la consciencia, si te quieres hacer tonto, buena suerte; pero ya sabes que la información que tú emites está llegando a quien menos te imaginas».

¿Y Diego Luna?

«Hay cosas puntuales sobre tus datos que vas a descubrir, pero a lo que te invita esta obra es a hacer un análisis más profundo: cómo te relacionas con los seres queridos, con tu cotidianidad, cómo cada vez priorizamos menos la sustancia y nos quedamos en una superficie fácil de transitar. La invitación y la gran transformación del público vendrá de esta reflexión, porque todavía recordamos la experiencia del otro mundo, el que no estaba conectado. Te vas a preguntar: ¿de qué me estoy perdiendo y qué estoy a punto de dejar ir? Hoy la obra te dice ‘todavía puedes’ y vívelo con todos estos a tu alrededor».

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