7 clásicos latinoamericanos

Para celebrar el Día del Libro

Como en México cumplimos cabalmente conjustificar nuestra fama de pésimos lectores, propongamos a nuestra audiencia(que es de lectores, sin duda, pero de la tinta digital) una breve lista delibros iniciáticos para que puedan empezar a adquirir cierto gusto por lapalabra impresa. Si logramos engancharlos con alguno, uno aunque sea, nos damospor bien servidos. Para eso vamos a comentar algunos y, para algunos otros,seleccionamos nuestros fragmentos favoritos.

No se trata de un listado definitivo, nimucho menos uno académicamente justificado, por lo que nos concentraremos en laliteratura latinoamericana del siglo XX que tanto gusta a propios y extraños. Sinos falta alguno, no duden en incluirlo en los comentarios.

Tampoco los vamos a marear con un listadointerminable, pero la lectura de un libro puede llegar a transformar algunasvidas.  Por eso es importante.

ELLLANO EN LLAMAS. Juan Rulfo. México. 1953.

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Rulfo (El Gabo)

Diecisiete relatos breves que seconvirtieron en una de las cumbres literarias de todo el siglo XX.

Situados en el México rural posterior ala Revolución, están narrados con la inquietante voz de sus habitantes, una quearrastra en cada verso el enorme peso de la historia del país y el dolor de lapobreza. Son relatos sutiles, muy simples, donde no falta ni sobra una solapalabra para generar emociones desbordantes.

Sirve como iniciación por su prosasencilla y su extraordinario ritmo, que hará al lector buscar lo increíbledentro de lo más cotidiano.

LA CIUDAD Y LOS PERROS. Mario Vargas Llosa. Perú. 1963.

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Vargas Llosa (El Gabo)

-¿Qué juegan?

 – Póquer. ¿Entras? Primero tienes que hacer de campana – un cuarto de hora.

– No juego con serranos – dice Alberto, a la vez que se lleva las manos al sexo y apunta hacia los jugadores- Sólo me los tiro.

– Lárgate, poeta – dice uno- Y no friegues.

– Pasaré un parte  al capitán  – dice Alberto, dando media vuelta -. Los serranos se juegan los piojos al póquer durante el servicio.

Escucha que lo insultan. Está de nuevo en el patio.  Vacila unos instantes, luego se encamina hacia el descampado. "Y si estuviera durmiendo en la hierbita, y si se estuviera robando el examen, durante mi turno, mal parido, y si hubiera tirado contra, y si." 

BESTIARIO.Julio Cortázar. Argentina. 1951.

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Julio Cort?zar (El Gabo)

El primer libro de cuentos de un maestroindiscutible de este género literario, Bestiarioentretiene por la extrañeza de sus relatos, su humor ácido e irreverente yla hermosura romántica de muchos de sus desenlaces.

Aunque a veces raya en lo barroco, es unade las experiencias más amenas que nos ha regalado nuestro idioma.

20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA. Pablo Neruda. 1924.

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Neruda (El Gabo)

Es la mañana llena de tempestad 
en el corazón del verano. 
Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, 
el viento las sacude con sus viajeras manos. 
Innumerable corazón del viento 

latiendo sobre nuestro silencio enamorado.  

100AÑOS DE SOLEDAD. Gabriel García Márquez.Colombia. 1967.

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El Gabo (El Gabo)

Macondo aparece como uno de los pueblosmás mágicos y extraordinarios de todos los que se han imaginado. La novela del Gabo narra la historia de la región através de los ojos de la familia Buendía, tan importante para Macondo como ellibro lo es para nuestras letras.

Lleno de detalles y peripecias a lo largode sus 20 capítulos, ha conmovido a generaciones enteras de nuevos lectores.

AURA.Carlos Fuentes. México. 1962.

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Fuentes (El Gabo)

No tienes tiempo de detenerte en el  vestíbulo porque Aura, desde una puerta

entreabierta de cristales opacos, teestará esperando con el candelabro en la

mano. Caminas, sonriendo, hacia ella; tedetienes al escuchar los maullidos

dolorosos de varios gatos -si, tedetienes a escuchar, ya cerca de la mano de

Aura, para cerciorarte de que sonvarios  gatos- y la sigues a la sala…

 ELTÚNEL. Ernesto Sabato. Argentina. 1948.

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Sabato (El Gabo)

Yo no decía nada. Hermosos sentimientos y sombríasideas daban vueltas en mi cabeza, mientras oía su voz, su maravillosa voz. Fuicayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo unafundición gigantesca entre las nubes del poniente. Sentí que ese momento mágicono se volvería a repetir nunca. -Nunca más, nunca más- pensé, mientras empecé aexperimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarlaal abismo, conmigo.