Tlaco Condesa: un paraíso para comer deliciosos tlacoyos

Ábrele tu corazón a este incomprendido antojito

Tlacoyos de Tlaco
Foto: Diana FéitoTlacoyos de Tlaco

“Hay tlacoyos, peneques, sopeeeeeees”, ese es el grito típico que escuchas mientras caminas por los pasillos de tu tianguis de confianza. Pero difícilmente encuentras ese antojito mexicano en otro escenario. Es por ello que desde hace dos años Tlaco abrió sus puertas en plena Condesa para rendirle un delicioso tributo a este plato de origen prehispánico.

El lugar es pequeño y tiene toda la vibra positiva. Te puedes dar cuenta al escuchar su playlist enfocado al reggae o a la sencillez de sus platos de peltre y sus tazas de barro. Con un vistazo a la carta notarás que los tlacos (como le dicen de cariño) son los reyes del barrio. Pero ¿por qué comer este antojito en un local de la Condesa? Porque aquí hacen todo desde cero. Nixtamalizan el maíz proveniente del Estado de México, preparan los guisados, y por supuesto, forman el bonito tlacoyo en una prensa similar a la de las tortillas.

Tlacoyo de garbanzo en achiote
Foto: Diana Féito

A diferencia de los tlacoyos tradicionales, en este lugar puedes escoger tres tipos de masa: de ajonjolí, de amaranto y de semilla de girasol y avena. En cuanto a los rellenos también hay de dónde variarle. Algunos de los más pedidos son el de papa con espinaca, ayocote (frijol) al epazote y garbanzo en axiote. Al final los coronan con nopales y queso. Y si amas el guacamole puedes pedir que le pongan. Un poco de salsa y está listo para la primera mordida.

Tlacoyo de Tlaco
Foto: Diana Féito

Si lo tuyo son las tostadas, también hay. Puedes escoger que le pongan cualquiera de los guisados. Pero si buscas algo especial, debes entrarle a la de chapulines. Lleva guacamole y una buena cantidad de esos deliciosos bichos. O en caso de traer mucha hambre, la alternativa es la tlayuda mexika (básicamente, una tostadota).

Tostada de chapulines
Foto: Diana Féito

Siguiendo la filosofía de enaltecer lo mexicano, tienen chela artesanal, pulque y curados para bajar la comida. Y para ayudar a la economía del chilango, manejan paquetes de sopa, tlaco, agua y un dulce para rematar. Los precios son muy accesibles, así que si traes ganas de echar un tlacoyo en la comodidad de una mesa, date una vuelta por este paraíso “del papá de los antojitos” como sus dueños lo denominan.

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