Quien llegó a beber un trago en la barra del Salinger, recordará el antiguo look del espacio. Quien no, ni siquiera sospechará que el lugar donde habita Suu Way, llegó a ser uno de los bares más cool de la zona. Ahora que se convirtió en restaurante ofrece sabores orientales con un especial acento en la gastronomía de Tailandia.

Por un lado, tiene una cocina que reúne platillos japoneses y chinos, como el ramen o el dim sum, y por otro, el carácter juguetón de la comida tailandesa, donde lo picante convive con lo agridulce y lo salado. Una complejidad de sabores que pocos se han atrevido a apostar por ella, pero su reciente popularidad es evidente.

Si al ver la carta recuerdas al restaurante Mog, no es ninguna casualidad. Los creadores del popular local de la Roma, se aventuraron en la Condesa con este nuevo lugar sin perder de vista algunos de sus favoritos. Como el clásico maguro don –bowl de atún– o el rollo dragón –de tempura de camarón, aguacate y salsa de anguila–. Para ello mejor vas al otro local, aunque de momento, este está menos lleno.

La amplitud del menú puede ofuscar al indeciso, pero basta dejarse llevar por el antojo o los platos más populares. Como el pad thai, elaborado en wok con tallarines, camarón, cacahuates y salsa de tamarindo. O para sentir el apapacho líquido, tienen buena cantidad de sopas. Una garantía es el laksa. Lo tienen desde el Mog y el sutil sabor a coco te hará saborearlo de principio a fin.

Me decepcionó no encontrar más que cuatro postres (algunos de Mog), pero en su defensa tienen poco tiempo que abrieron. El mil crepas de matcha es rico y cremoso, sólo que no hubo forma de disfrutarlo con un café, pues todavía no existe en el apartado de bebidas.

Me quedo con ganas de seguir probando el resto de su carta y de no tener que esperar más de media hora por mesa como en el caso de su hermano mayor.

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