Es barato y de pinta mucho, muy japonesa; la idea, de hecho, es que te sientas como recién llegado a una pagoda, típico hogar japonés. Tienen, además de una carta bilingüe, una decoración que te hará dejar la CDMX por un rato.

Uno de los entrantes que caracterizan al lugar son los pequeños y carnosos baby squid, porque ni modo, todo lo bebé es delicioso. Otras recomendaciones son el oyaodon (pollo preparado con huevo y verduras sobre arroz), el salmón teriyaki, el hamachi y el sashimi, o el tempura de camarones y verduras. Todos estos platillos se pueden acompañar con una taza de té verde.

Los rollos –bastante bien servidos- son una gozada. Tienen once variedades de las que te recomendamos el chirashi que se prepara con varios tipos de pescado. Las gyozas son de lo mejor del menú. No te pierdas el Niyashi Chuka: ramen servido en frío con verduras, jamón y huevo en vinagreta de soya y ajonjolí. Todo es delicioso, pero las sopas presentadas en tetera son un verdadero manjar.

El postre, un camelado (gelatina, licor de café y helado de vainilla) o un pan al vapor con té verde son perfectos para cerrar la comida.