Tiene jardines enormes en donde puedes jugar futbol, rentar caballos, tomar un taller de manualidades o disfrutar de un paseo por una mini granja. Mientras tus hijos se divierten, puedes pasar el rato en el restaurante, bebiendo esa deseada cerveza y comiendo antojitos y platillos mexicanos, al son de un cancionero que ronda las mesas buscando clientes.

Aquí la comida es buena, sin más. De botana, las quesadillitas mixtas de hongos, flor de calabaza, chicharrón, rajas y queso, son fritas y conservan en la masa el sabor del aceite. Como entradas, es rica la ensalada de nopales cubierta de queso fresco y cilantro, nada babosa. En cada bocado sientes la frescura de los ingredientes. El fideo seco es algo inusual, ya que viene acompañado de chorizo crujiente que contrasta con lo cremoso de la pasta.

Los platos fuertes consisten principalmente en carnes, como la arrachera chihuahuense, bastante suave, o la barbacoa de borrego acompañada de salsa borracha. La fuerza del borrego se equilibra con el saborcito amargo de la salsa, pero si el borrego no está recién salido del horno llegará completamente seco a tu mesa.

Ya cansado por el hablar de cientos de personas a la vez, un café, de sabor profundo, es la mejor opción para despertar y alistarse para manejar por la carretera de regreso a casa.