El Rábano de la 9 definitivamente es un clásico para echar la pancita en la CDMX. Y no, no estamos hablando de tus pocas ganas de ir al gimnasio sino de un menudo tan bueno que hasta Ricky Martin dudaría en volver.

Comer pancita da alegría, incluso sin estar hecho talco por emular a Pedro Infante y sus buche-gárgaras de aguardiente. Así que lánzate a toda máquina a donde comemos nosotros los pobres, pero también ustedes los ricos pues a la hora de la taquiza no hay distingo entre clases sociales.

Para el plato de panza pedir “cally y libro”. También hay mixiotes y sopes. Estos últimos son gigantes pero no necesariamente engordadores; el truco es no ponerles crema y pedirlos dorados sin freír para así evitar que esa pancita se convierta en panzota.

Los precios son un poco elevados en comparación a otros lugares similares, sin embargo lo compensan en sazón y porciones.