El Café La Habana no necesita presentación. Basta con mencionar que se dice que, en la barra de este café, fue donde el Che y Fidel tuvieron algunas de las pláticas que llevaron a la Revolución Cubana.

 

Sin duda, lo que le sobra a este entrañable lugar es historia. Pareciera que cada centímetro haya sido sacado de algún libro de los años 50. El tono sepia a todo lo que da y el mobiliario antiguo pero conservado, nos transportan hasta 1952, el año en que abrió sus puertas.

 

Hay miembros del personal que han trabajado ahí desde hace 50 años. Por lo que, si te tomas el tiempo para preguntarles y escucharlos, puedes emocionarte con extraordinarias historias de Bolaño tomando notas para “Los detectives salvajes” o de García Marquez degustando un café veracruzano mientras construye el entramado de “Cien años de soledad” en su cabeza.

 

¿Qué decir de la comida? Si el ambiente del lugar te transporta al siglo pasado, sus sabores no se quedan atrás. Puedes hincarle el diente al menú ejecutivo u optar por los  platillos sencillos y tradicionales de la carta: enchiladas verdes, tortas, pastas, queso fundido, etc.

 

Lo imperdible del Café La Habana es su barra de bebidas. Te recomendamos consentirte con el Café Habana: una taza de espresso + una taza de espumosa leche condensada = dulce energía para todo el día. Si eres de esos que casi no le hacen a la cafeína, no dejes de probar el café lechero acompañado de una concha con nata -una delicia-.

 

No lo dudes, cuando andes nostálgico y con ganas de una café de calidad. Lánzate al Café La Habana y húndete en sus memorias y sabores retro.