PARA (DES)ARREGLARNOS EL MUNDO

¡Salud!

 

Estos son  para jugar dominó, pasar el rato y principalmente sostener largos diálogos aunque sea contigo mismo

La Jalisciense:
El anexo
Así le apodaban los de la delegación Tlalpan por lo menos durante la administración de Ramón Aguirre. Cada vez que un funcionario u esposa llamaba, todos en las oficinas estaban aleccionados para decir »está en una junta en el anexo». Nadie mentía. Está en el mero centro de Tlalpan y es un sitio muy agradable en el que conviven empleados de base, trajeados y gente del mercado de enfrente. El lugar es pequeñito y aunque veas mesas vacías no puedes pasarte así como así. Digamos que sus más de 130 años justifican sus “manías” y tienes que llegar a la barra y luego el mesero te pasa a la mesa. Es estilo colonial, tiene vidrios  de colores en el fondo y en las paredes recuerdos de Renato Leduc y Armando Jiménez. También hay teles siempre prendidas como mala herencia de un video bar. Sus tortas de bacalao en bolillo($48) son sabrosas, las fichas pueden salir libremente y hay un trovador con una guitarra reparada con diurex que no es malo.
Plaza de la Constitución 6, Tlalpan, 5573-5586. 
Tequilómetro Cazadores $54

La Universal: Con calor de (a)hogar
Vidrios emplomados en la entrada con puertas de “saloon”. Plantas artificiales sobre una barra iluminada que arroja hacia el cielo una discreta luz verde y morada. Vitral de mariposas en el techo, mesas hexagonales, piso beige, paredes verdes claras, dibujos de mujeres pintados al pastel. Baño súper limpio. El mismo que está en la barra es el que meserea y la dueña está sentada en el centro de todo vigilado el movimiento. Esta pequeña cantina es frecuentada por gente de la zona y con su decoración hogareña se siente como si bebieras, si no en tu casa, en casa de alguien más.
Guillermo Prieto 73-C esq. Gabino Barreda, San Rafael, 5592-0908. 
Tequilómetro Cazadores $48.


Salón Madrid:
La Gran (des)Vía
Hace un titipuchal estuvo cerca la escuela de medicina de la UNAM y los alumnos que la visitaban la llamaron la Policlínica. “Oh Policlínica mis horas aquí fueron mis universidades”, “La inolvidable Policlínica como fuente de inspiración en los cimientos de nuestra educación” se lee en las placas en una esquina que no tiene precisamente la higiene de un quirófano. De esos dias, seguramente, los dueños aprendieron el arte de vendar y crearle así un brocado de cinta canela al vinil de las butacas, sanar la esquina de un espejo con masking tape o resucitar con cinta adhesiva un vidrio creando un diseño de inspiración telaraña. También se ve la resignación: ninguna cantidad de cinta puede ayudar si falta todo un cristal. Para curarse, dentro de este portal del siglo XVIII también hay extravagancias como un mural al fondo en tonos apastelados con la Gran Vía, altar de San Juditas en la barra, una columna con luces fluorescentes verticales y con cortinita de ciertopelo que podría ser  pieza de una galería en Niuyor, turistas francesas, caballitos tequileros con elegantes bases metálicas y si hay fut la tele y la rockola pueden estar conviviendo.
Belisario Domínguez 77 esq. Plaza de Santo Domingo, Centro, 5510-9190.
Tequilómetro Cazadores $50


El Golfo del León:
Sumido en la tranquilidad
Muchas cantinas comenzaron siendo tiendas de abarrotes. Ésta todavía conserva la suya en la esquina y hasta lleva el mismo nombre. Sólo hay que seguirse por la banqueta cubierta de loseta con cuadritos amarillos y rojos, encontrar la pared color mamey-naranja y habrás llegado a buen puerto. Piso blanco con rombos negros, paredes claras, mesas de formaica marmoleada verde y una especie de nichos en madera clara con espejos. En las teles puedes ver alguna película y en las paredes unos cuadros de naturalezas bien muertas. Es un lugar tranquilo para estar bien a gusto donde el ruido del las fichas de dominó llena el ambiente ante la atenta mirada de un mesero. El menú de la botana cambia cada día y te lo sirven con un mínimo de 3 copas a la hora de la comida. La cocina cierra a las 21hrs y a partir de ahí ahora si que te dan puras habas… y cacahuates. Buffet sábados y domingos $110
Velásquez de León 79 esq. Guillermo Prieto, San Rafael, 5662-2274. 
Tequilómetro Cazadores $46

León de Oro:  La áurica
Los patrones geométricos de sus ventanales color ámbar son dignos de un mundo visitado por Flash Gordon (el del comic de 1934 no el que se peinaba con secadora en los 80). Si sólo entrara la luz por ahí uno podría tener experiencias místicas… pero como eso no sería negocio tienen que prendernos el foco verde-ahorrador que obliga a buscar estados alterados por vía del alcohol. ¡Ni modo! Aún así hay un extraño efecto dorado, reforzado por el amarillo de las paredes, que viene ad hoc con su nombre. Para mí, eso es lo que atrae todos los días a un gran número de feligreses encarnados en oficinistas, chicas que trabajan en una estética, jóvenes con actitud arrolladora, hombres de overol, y otros menos mortales como Guillermo Fadanelli o Sabo Romo. El amarillo nos persigue hasta en la botana: nos toca una paella con más grasa que gracia pero se compensa con un servicio que es muy atento. No falta la voz de alguna hereje que entra diciendo »¿Por qué no fuimos a los Remedios?» Al final se arrepiente. Ella, también, ha visto la luz. (Tip terrenal: el estacionamiento está sobre General Fco. Murguía)
José Martí 103-A esq. Gral. Francisco Murguía, Escandón,  5515-7751 y 5516-8748.
Tequilómetro Cazadores $71

Tío Pepe: La joya centenaria
Cruzando su hermosa puerta lo que atrae es su contrabarra Art Nouveau que como bien dice Michael Parker “te permite experimentar mucho de lo que te da la cantina la Ópera de una forma más auténtica, con mucho más chispa”. Okey, no todo es perfecto. El color azul de las paredes esta a nada de ser gacho, la sangrita es peor que un kool aid , la tele debería apagarse y podrían sacar los cascos de refresco del baño. Sabiendo eso, aquí hay que caerle después de las 18hrs cuando ya no tengas prisa; para que te aproveches de uno de sus cuantos apartaditos, hagas experimentos para ver cuál de los botones funciona para llamar al mesero y te pongas a observar detalles como los candelabros que recuerdan tarros alemanes de cerveza. Todo mientras escuchas con el resto de la clientela —que supera el promedio de los 50 años— la  música de antaño. Tío Pepe es un lugar  para beber e intimar. Es una joya singular que está esperando ser apreciada… y restaurada.
Independencia 26 esq. Dolores, Centro, 5521-9136.
Tequilómetro Cazadores-$45


Salón España:
Sírvanme otra
Dicen que tienen 220.Sólo pudimos comprobar que tres no habían. El caso es que aquí de jactan de tener muchos pero muchos tequilas.Están en una lista aparte, en una hoja roja con letra negra minúscula que puede ser un reto para leer. Traíganse su lupa o sus elegantes bifocales y disfruten de tequilas que no conocen o ya habían olvidado. El lugar es taurinoso con un mural de la antigua Ciudad de México. Afuera, dando a la calle, te ponen el menú del día y adentro lo que van a preparar al día siguiente para que te inspires y vuelvas. A nosotros nos tocó un pozole y unas quesadillas de papa que no estaban nada mal y son de los que te ofracen la comida ANTES de que pidas otro trago. Aquí vas a ver a grupitos  pequeños, parejas de amigas y un ambiente más de profesionista.En el primer salón hay un tapanco y por donde está la barra, arriba en una pared puedes ver un pedazo con estuco que recuerda glorias arquitectónicas pasadas. En el segundo salón se aprecia la altura de su techo y es mucho más agradable.    
Luis González Obregón 25 esq. Argentina, Centro, 5702-1219. 
Tequilómetro Cazadores- $45

La Dominica: La del estribo
A la entrada ves su caja antigua que todavía funciona. Hay oficinistas que llegan a la hora de la comida, muchos vecinos y algún borracho que asiste con regularidad. Una mujer sola comparte su mesa con un desconocido para que pueda ver el futbol. La mayoría de los clientes se sienta alrededor de la barra. Justo encima, está su único detalle antiguo: un techo de madera que apenas se puede apreciar después de un betún de múltiples capas de pintura café. Las paredes son salmonosas y están decoradas con unas fotos de colores y unos cuadritos de espejo bordeados de aluminio. »Todo es una mezcla de grandeza y escualidez», suspira Michael Parker. En la mesa hay una cuchara, adentro de un vaso con tantita agua, lista para mezclar tu bebida. Por cada ronda te preguntan si quieres algo más de una menú muy sencillo: sopa de pasta, arroz con huevo y pollo con champiñones. »¿Por qué se llama Dominica?» pregunto. La respuesta: porque está cerca de Santo Domingo. Así de simple y aquí simplemente vienes a chupar.
Belisario Domínguez 61, Centro. 5512-797.
Tequilómetro Cazadores $45

Bar El Sella:  Divulgación científica
El dueño te recibe en la puerta y él es quien te da tu mesa. Luego, cual si tuviera don de la ubicuidad, se las arregla para dar vueltas por el local, vigilar el servicio, saludar o sentarse a platicar con algunos clientes. Hay mesas de banqueros, otras de juristas, una con gente de más de 30 y en un ladito un cobrador  con su gorra de beisbol. Enfrentémoslo:aquí no vas a encontrar al hombre o a la mujer de tus sueños pero en algunas mesas sí andan los papás o abuelitos que siempre quisiste tener. Ventanas de bloques de vidrio, ventiladores,madera obscura, paredes blancas, imágenes viejas a colores del río Sella. Las teles en las esquinas están, bendito sea Dios, apagadas. La cómida sólo es a la carta y lo que manda es el chamorro: jugoso, con grasita. Comerlo enriquece el  alma y le da chamba a algunos cardiólogos. Para terminar ate con queso flambé y un pacharán . Si a esto le sumas un servicio atentísimo este se vuelve un lugar donde uno se puede quedar a vivir, lástima que cierren temprano.Lo difícil es llegar porque el único letrero que anuncia su existencia está en lo alto, en una esquina y tapado por un árbol.Tal vez sea a propósito, pero el Sella es un secreto que merece ser divulgado.
Dr. Balmis esq. Dr. Manuel Villada, Doctores, 5578-2001.
Tequilómetro Cazadores  $50