Fat Boy Moves: una mexicana y un gringo haciendo comida coreana

Siete meses han pasado desde que Fat Boy Moves levantó su cortina en una de las calles más transitadas de la Condesa. Desde entonces, la pareja de cocineros conformada por Allen (un gringo nacido en Corea) y Marifer (una mexicana de Chilpancingo) han cautivado a los chilangos con sus platos de tendencia coreana y sus famosas donas de cerdito. No resistimos la tentación de seguir probando platos de su menú y de paso platicar con ellos.

¿Cuál es la historia detrás de Fat Boy Moves?

M: Mientras trabajabamos en Nueva York ya teníamos en mente que queríamos abrir un restaurante en México porque nos casamos aquí y a Allen le gustó mucho. El día que terminó el contrato de nuestro departamento nos mudamos. Llegamos con nueve maletas, sin casa y sin nada.

¿Por qué México y no otro lugar del mundo como Corea?

A: Nos encanta México y la escena culinaria está creciendo. Hay muchos restaurantes, pero todavía es joven. Queríamos traer algo diferente, comida y vibras neoyorkinas. El lugar es de nosotros, de esa forma podemos hacer lo que queramos.

Hay muchos extranjeros que deciden poner su negocio en la Condesa, ¿por qué escogieron aquí?

A: Vimos varios lugares en la Roma y la Juárez, pero éste salió de último minuto. Vivimos a unas cuadras, vimos que estaban poniendo el letrero y dije: “quiten ese fuc$% anuncio, ¡ése local es nuestro!”

Foto: Diana Féito

¿Podría llamarle a Fat Boy Moves comida mexico-coreana?

A: No creo, más bien hacemos platos que nos gusta comer. Cosas que puedes comer una vez a la semana y que no te cansen, platos baratos, deliciosos y simples.

M: Nuestra base es la comida coreana, pero no buscamos hacer cocina tradicional, más bien hacer lo que nos dé la gana mientras esté rico.

Eso de Fat Boy Moves… ¿qué significa?

M: Empezó como una broma: decir que “hay un fat boy move” es cuando quieres comer mucho y rico o cuando tienes el antojo de algo.

A: No queríamos un nombre que nos atara a la comida coreana. Podemos hacer lo que queramos con este nombre, es divertido. La gente viene aquí preguntándose qué demonios es esto.

En siete meses su lugar es muy popular, ¿a qué creen que se debe su éxito?

A: La comunidad de escritores de comida y bloggers nos han ayudado mucho. Algunos llegan aquí porque les han dicho sus amigos y han respondido bien.

M: También porque la comida es rica, no es súper diferente o intimidante como en algún restaurante de la Zona Rosa donde todo está en coreano y no sabes ni qué pedir.

Foto: Diana Féito

El año pasado Instagram se llenó de sus cochidonas, ¿por qué tanto furor?

M: Las hice un día en mi casa para mí, las subí al Facebook y todos mis amigos me dijeron que las pusiera en el menú y así fue. Nunca pensé que los mexicanos fueran como los asiáticos que les gusta todo lo cute, pero somos iguales.

Tienen un menú muy pequeño, ¿cómo lo escogen?

A: Hacemos cosas que nos gustan, que sean accesibles y que podamos replicar fácilmente. Podríamos hacer cosas súper refinadas, de fine dining, pero no tendría coherencia.

¿Crees que ser extranjero tenga que ver con su éxito?

A: Creo que sí hay cierta ventaja por ser extranjero. He tenido cierta publicidad como que trabajé con David Chang. Me han preguntado si el restaurante es Momofuku México, y yo así de: “¡no!”. A veces es molesto, pero también es una ventaja porque la gente sabe que eres de Nueva York, que tienes un producto diferente y les da curiosidad de probarlo.

Foto: Diana Féito