Así se vivieron los Gourmet Awards en Michoacán

Crónica de un viaje delicioso

Vanesa Nieves

Cuando dimos por terminada la quinta edición de Gourmet Awards, hace un año, y se anunció que Michoacán sería nuestra sede para 2016, no imaginábamos el nivel de anfitrión que teníamos por delante.

Desde la llegada –quizás desde el trayecto–, todo fue celebración: cocineros, amigos, miembros del jurado… todos reunidos en un ambiente lleno de comida y bebida en los empedrados de Morelia.

Todo inició con el coctel de bienvenida en el hotel Casa Grande, ese momento en el que, por fin, nos pudimos saludar todos: los que venían de Monterrey, la banda tapatía, los colgados de Riviera Maya, la legión chilanga y la gente que nos recibió de Michoacán.

Empezamos con los anuncios de los nominados que, si bien ya los conocíamos, valía toda la pena hacerlo oficial con una placa y un gran aplauso para cada uno. Un par de fotos, algunos cocteles –un carajillo de la barra de Nespresso para levantar la noche– y una cara conocida en las pantallas: nuestro querido chef Olivier Deboise bocetando platillos a bordo de un avión de Aeroméxico.

El sol no dio tregua la mañana siguiente. Fue el increíble escenario del Palacio de Gobierno donde nos dimos cita para un almuerzo casual que empezaría a calentar motores para la noche. Nuestro encuentro tenía tintes de picnic y otro tanto de brunch, con las abundantes canastas de mantequilla Lurpak que acompañaban el pan sobre la mesa y otras de cerveza Modelo sobre hielo que evitaron que muriéramos derretidos.

¡Gracias, Rodo, por esas guapísimas rubias, ámbar y morenas milagrosas! Las tres versiones de cerveza Modelo fueron un gran acierto para arrancar una comilona enaltecida por platillos michoacanos como el churito –un caldo de res revitalizador–, un riquísimo uchepo, un imperdonable taco de carnitas y, de postre, las nieves de pasta e higo que tenían a algunos –y algunas– sin soltar la cuchara.

Como digestivo, el coctel que trajo Hendrick’s en la barra de William Grant & Sons que, además de ginebra llevaba Aperol, licores de sandía y de chile ancho, agua mineral y cerveza ámbar. De esos que dan ganas de quedarse toda la tarde, pegados al vaso, en una eterna sobremesa.

Quienes también se divirtieron en grande fueron los que probaron el visor de realidad virtual de Samsung entre plato y plato. No había una mesa en donde no se viera a alguien moviendo el cuerpo para adentrarse, literalmente, en otro planeta.

Ya de noche, el gran momento de Gourmet Awards: la premiación. Nos desplazamos de Morelia y llegamos al Ex Convento de Santa Ana, en Tzintzuntzan, un espectáculo de lugar donde fuera la capital del imperio purépecha. Un camino de velas escoltaba hacia la entrada, que se hacía por medio de una cocina tradicional, bellísima, llena de ingredientes de la región.

En la entrada, una exhibición de arte —en nuestros términos, claro está—. Una serie de platillos que durante la comida en el Palacio de Gobierno pintamos como una gran idea que la gente de ProEpta tuvo para celebrar la categoría “Arte al plato”.

Y vaya que hubo buenas cosas; sabíamos que Mao Montiel trae el arte en las manos –se pintó una especie de Miró a la Dolcenero que nos fascinó– y también Maycoll Calderón, de Huset, quien resultó que tiene una doble vida de pintor. Los de Koli hicieron unos garabatejos muy extraños y Juan de Dios, mejor conocido como @MexicanFoodPorn, trazó su ya tradicional calavera en color negro. Indudablemente, una vajilla para la posteridad.

Nuestros anfitriones michoacanos dieron el silbatazo inicial. Roberto Gutiérrez Durán y Manuel Rivera dieron la bienvenida por parte de Grupo Expansión. Entre gritos y aplausos que denotaban emoción se presentaban uno a uno a los miembros del jurado. A algunos ya se les veía muy puestos y bien armados. Óscar Ardid, whisky associate de William Grant & Sons se aventó una experiencia brutal para los asistentes armonizando copas de whisky The Balvenie PortWood 21 con puros hechos a mano.

Antes de anunciar a los ganadores por categoría, la foto con todos los cocineros que se encontraban en el evento. Nos encanta ver que cada vez son más y que cada vez se quieren mejor. Probablemente, de las cosas que más nos gustan de Gourmet Awards: el evento fomenta la camaradería entre la gente del medio gastronómico y eso empuja nuestra cocina al nivel que tiene que estar siempre.

De ahí, los momentos de suspenso. Nominados, ganadores, aplausos, gritos, risas y puro festejo. Momentos para recordar, varios: la cofradía de los tapatíos recibiendo el premio al Mejor Concepto en lugar del ausente y queridísimo Poncho Cadena, el emotivo discurso de las cocineras tradicionales, el escándalo de Abel Hernández al recibir el premio a Mejor Casual Dining junto a su cómplice Eduardo Morali de Eloise, las palabras de Jorge Vallejo de Quintonil y el gran ganador de la noche, Jonatan Gómez Luna, primero en repetir el máximo galardón, el Best of the Best de su restaurante Le Chique.

Nos despedimos todos el domingo antes de abordar los transportes que nos llevarían a casa con abrazos entrañables que se llevaban la poca energía que nos quedó después de esta larga jornada. Abrazos con la promesa de un reencuentro. Abrazos con muchas ganas de volver a suceder en la próxima entrega de Gourmet Awards. ¡Hasta 2017!

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