2. Weri

Steve Wapler/ Flickr

Hace seis meses me encontré 
desempleada, con sólo tres materias inscritas en la unviersidad (por
frita, porque se me pasó la fecha de inscribir unas materias más)
y aburrida hasta la pared de enfrente.

Busqué trabajo desesperada,
consideré meserear, trabajar en una papelería, vaya… hasta
de cerillo me veía yo mientras no tenía nada que hacer. En mi absoluta
hueva veía todo tipo de telebasura y pelibasura a todas horas. Me la
pasaba hablándole a todo el mundo por teléfono, buscando planes a
horas en las que todo el mundo -normal- tiene algo que hacer y tirada
en mi cama con la computadora en las piernas, con Twitter y StumbleUpon
como mejores amigos.

Yo no se si estaba deprimida,
el caso es que me moría de la hueva. 

Un buen-para-nada- día, alguien
en Twitter preguntó si alguien entre sus seguidores conocía un chef,
y yo me aventé el tiro. Me encargó un par de recetas (nada complicadas)
para su changarrillo.
Amé la chambita. Terminé llevándole pruebitas
de, aproximadamente, 20 recetas. La perra esa nunca
me pagó y no tiene ni jeta
para verme, ya que siendo todo lo pendeja que soy, le mandé las listas
de ingredientes con la promesa de que al día siguiente me iba a depositar.
Obvio nada de eso. Pero la neta se lo agradezco,

aprendí un chingo de cocina yo sola y sin querer.

De ahí salió mi cenita
de falafel con aderezo de yogurt y ensalada libanesa, el éxito del
wrap de hamburguesa y el postre favorito: Peras con amaretto.

Muy en el fondo se lo agradezco….
pero muuuuuuuuuuuy en el fondo.  

Existe una receta en mi cabeza
que sólo he pasado una vez, a mi suegro. Es el (Chaaaan charáaaaan) Pie de Pasta.
Tengo que pensar si les contaré un día del Pie de Pasta. Es lo que
hago cuando hay reuniones, cuando tengo que llevar la cena y cuando
tengo el dinero para pagar los ingredientes… pero es mía (si soy
bien celosa con mi receta). 

Ahora tengo poco tiempo para cocinar,
pero muchas veces hago aunque
sea un cereal con frutas y
nueces para no oxidarme. No me juzguen si un día les cuento que de
último momento me quedó chafa la cena porque la quemé.  

Ésta soy yo:

Soy el despiste personificado.

Soy una obsesionada de la limpieza
y el orden.

Soy una huevona.

Soy una constante hambrienta.

Soy una consentida de mi misma.

Soy una intensita de la experimentación
gastronómica.

… y por ende soy chef (o eso
me gusta creer).

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