10 lugares para comer antes del fin del mundo

Cónocelos

 

Estas son las experiencias gastronómicas que la ciudad ofrece. Hay que probarlas antes de que el mundo de acabe al menos una vez (si se pueden más, qué mejor). Para ver las direcciones, mapa y reseña extendida da click en el nombre del restaurante.

PARA LUCIRSE

 

Jaso: Dicen las buenas lenguas que ir al Jaso es descubrir que alguien te quiere en el mundo (los chef Sonia Arias y Jared Rendón), otras dicen que las magdalenas recién horneadas que llegan como post-postre te hacen sentir como si tu mamá las hubiera preparado para ti. Y tienen razón. Un menú de degustación del Jaso invita a dejar el mundo afuera (y toda la preocupación por la influenza). Te recomendamos, mucho, el menú de degustación.

Biko: La simpatía y buen sazón del chef Mikel Alonso le ha ganado feligreses no sólo en la ciudad sino en el mundo. La del Biko es una experiencia que busca provocar al paladar (y a la vista) con la mezcla de sabores inusitados. Aquí una salsa de apio se sirve como pincelada en el plato. Además, para los que no buscan una experiencia aventurera Biko ha sabido conservar los sabores de antaño de la cocina vasco-francesa en platillos como el chuletón o el arroz negro.

Sud 777: Con toda la buena estrella el chef Edgar Nuñez se atrevió a hacer lo qu emuy pocos: puso un restaurante de fine dining en una zona residencial (en la que no hay más que casonas) y lo mantiene al tope. El Sud gana muchos puntos por su arquitectura y decoración y otros muchos por su comida, con un acento francés. Es el lugar ideal para parejas (sobretodo la parte del lounge), para un desayuno en su bistro o para quedar bien en alguna reunión llevando el postre o algún producto de su tiendita gourmet

 

 

PARA ATASCARSE

 

 

Denominación de Origen: Por este tipo de lugares y sus platillos uno se rehúsa a convertirse en vegetariano: jamoncito bellotero o un chuletón (para dos personas) que llega a las brasas, rodeado de sal de grano son los benditos culpables. Eso, y la figura bonachona que se ve sonreír entre mesa  mesa: el chef anfirtrión Pablo San  Román.

La Lorena: La dueña de este lugar, Lorena Estrada, se formó en la repostería, así que no es nadaextraordinario que sus mejores platos sean los que se cocinen con un poco de mantequilla: los scones dulces o salados. Además, Lorena tiene la costumbre de ser consentidora, de aquí sales completamente satisfecho y apapachado.

Contramar: Ver, ser visto (si eso es lo que te interesa) y además comer muy rico. Este lugar rescata la nobleza de los productos del mar y con sencillez los convierte en los platillos que busca el paladar chilango: unas tostadas de atún con poro y agucate o un huachinanguito. Sabor de costa nacional, a muy buen precio.

Porta Pescara: Los restaurantes italianos son un poco como las taquerías, todos conocemos uno en el que preparen una buena pasta o un buen risotto. La diferencia es que aquí esa fantasía de encontrarse entre los vapores de una cocina italiana, una copa de vino y música de acordeón se hace realidad. Pastas hechas en casa, salsas que realzan el sabor de cada ingrediente.

PARA LAMER EL PLATO

Pujol:Enrique Olvera ha cuidado celosamente que este restaurante funcione con la precisión de un reloj suizo. En la mesa el servicio maneja una eficencia apabullante (nunca verás tu copa vacía, no te faltará pan y si tienes dudas sobre algún platillo te será recitado no de memoria sino como si el chef mismo te lo recomendara). Cocina mexicana de la nueva escuela, rica y completamente reinventada.

Bakéa: No es de buen ambiente, ni el lugar en el que te vas a sentir en onda. Es el sitio al que se va religiosamente a comer muy bien, platillos muy tradicionales. Aquí las cartas de presentación del chef Vicente Etchegaray son platos sencillos como la sopa de ajo o la carne en salsa de morillas. Un respeto y culto a los orígenes vasco franceses de la cocina.

Tezka: Al chef Pedro Martín le gusta marcar la diferencia entre un restaurante “caro” y un restaurante “costoso”. En el primero, dice, te dan gato por liebre, en el segundo sentarse a comer es más una inversión. El suyo es de los segundos: productos del día (que el mismo va a buscar al mercado), técnicas de alta cocina y mucha creatividad. También el menú de degustación es la mejor manera de disfrutar la experiencia.

Más sobre restaurantes:

10 antojos para curarse el encierro

Top 5: Heladerías

Restaurantes gauchos: el top

Los mejores mariscos

Comida china: el top 6