La historia del primer chilango que voló en la Ciudad de México

Alberto Braniff Ricard pertenecía a una familia acaudalada, lo que le permitió comprar un avión y traerlo desde Francia.

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Foto: Colección Archivo Casasola - Fototeca Nacional. mediateca.inah.gob.mx/Alberto tenía 25 años cuando hizo historia.

Cientos de curiosos se reunieron en las lejanas tierras de los llanos de Balbuena el 24 de diciembre de 1909 para presenciar un acontecimiento nunca antes visto en la Ciudad de México: el vuelo de un avión.

Sin embargo, la aeronave que el mexicano Alberto Braniff Ricard, de 25 años, había traído desde Francia, no logró volar ese día, pero ahí empezó la aventura de la aviación en tierras chilangas, lo cual entonces tenía un reto extra, ya que nadie había logrado despegar a los más de 2,200 metros sobre el nivel del mar que tiene la ciudad. La buena noticia, es que unos días después, se convirtió en el primer chilango volador.

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Foto: Colección Archivo Casasola – Fototeca Nacional. mediateca.inah.gob.mx/

De familia acaudalada

Alberto era hijo de los estadounidenses Lorenza Ricard y Thomas Braniff, quienes llegaron a México para trabajar en las obras del tren a Veracruz; les fue tan bien que, para el Porfiriato, eran una de las familias más acaudaladas del país y tenían negocios en bienes raíces, bancos y hasta minas.

Nació en México, pero Alberto se fue a estudiar a Francia, donde se hizo aficionado a las aventuras y los deportes, lo que lo llevó a conocer la aviación, la cual le impactó desde un principio. Sus primeros vuelos los realizó en Europa, a bordo de aeronaves propiedad de pioneros de la aviación, como Maurice Tabuteau y Gabriel Voisin, quienes también le enseñaron a volar. Fue a este último a quien le compró un avión para poder traerlo a México.

El avión

El biplano fue “empacado” en partes dentro de grandes cajas que viajaron por barco a Nueva York (otros dicen que directo a Veracruz) y de ahí fue llevado en tren a la Ciudad de México, en donde Alberto construyó el primer hangar de la capital para poder recibirlo.

El hangar se encontraba al oriente de la ciudad, cerca de las haciendas Santa Lucía y Magdalena, en el rancho Balbuena, propiedad de la familia Braniff. En el área también había algunas instalaciones militares que tiempo después se utilizarían precisamente para pruebas aeronáuticas (parte de esas instalaciones estaban donde hoy está la sede de delegación Venustiano Carranza, por eso la colonia de junto se llama Aeronáutica Militar).

Ahí se ensambló el avión que Alberto bautizó como “Ciudad de México”. Tenía un motor de ocho cilindros con 60 caballos de fuerza, el cual no logró la potencia suficiente para poder volar durante las primeras pruebas.

Los intentos

Después de su fallido intento del 24 de diciembre de 1909, Alberto siguió haciendo pruebas, lo cual atraía a gente de todas partes de la ciudad hacia estos llanos de Balbuena que, sin saberlo, sería la zona en la que años después también se instalaría el aeropuerto que hasta la actualidad sigue funcionando.

Los intentos de despegue eran atractivos para todos: desde las personas de más bajos recursos (quienes podían presenciar gratuitamente un acontecimiento de este tipo), hasta los más adinerados que asistían para conocer de cerca cómo era un avión. Durante las próximas semanas, Alberto realizó ajustes al motor y en especial trabajó en la elaboración de una composición especial de gasolina, lo cual terminaría ayudándole a lograr su objetivo.

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Foto: Colección Archivo Casasola – Fototeca Nacional. mediateca.inah.gob.mx/

El primero vuelo

Para el 8 de enero de 1910, ya había menos gente que asistía a ver las pruebas, pero esa mañana, Alberto se enfiló a la pista, y después de unos 200 metros de carrera, logró elevarse 25 metros durante medio kilómetro.

Así, el mexicano se convirtió en el primer piloto que logró volar en Latinoamérica y rompió un récord a nivel mundial, ya que nadie había podio hacer despegar un avión en una ciudad con la altitud de la Ciudad de México. De hecho, México fue el séptimo país en el mundo donde voló un avión (así de chingón resultó Alberto).

Con el tiempo, Alberto participó en la Revolución Mexicana, apoyó a Venustiano Carranza, se unió al Ejército y, años más tarde, la Fuerza Aérea Mexicana le rindió varios homenajes. Murió en la CDMX en septiembre de 1966.

Así que esta es la historia del primer avión y el primer chilango que volaron en la Ciudad de México y en toda Latinoamérica.