Héroes chilangos: El Tigre de Santa Julia

Y todo por no aguantarse las ganas...

El Tigre de Santa Julia

Nacido en el estado de Guanajuato, allá por el año de 1883, pero afincado en la Ciudad de México a partir de 1900, Jesús Negrete –su nombre verdadero– se hizo famoso por ser una combinación de héroe justiciero callejero y Robiin Hood.

Cuenta la leyenda que todo comenzó a principios de 1905, por el rumbo de la Villa de Guadalupe, cuando él junto con otros maleantes amigos suyos –Pedro Sarracín, Pedro Mejía, Anacleto López y “El Marquesito”– asaltaron –primero– a los empleados de una lechería –por aquel rumbo abundaban los establos– y después se metieron a robar a una gendarmería, de donde sacaron las armas y municiones que usarían para futuros robos.

De ese atraco, Jesús Negrete obtuvo la pistola que se convirtió en su favorita: una colt calibre 44 con cacha de nácar.

Pasaron los meses y los asaltos a los comerciantes se hicieron más constantes. Poco a poco, la banda de asaltacaminos se hizo más famosa por el barrio de Santa Julia, donde en una ocasión ocurrió un enfrentamiento a balazos en la que Jesús asesinó a dos gendarmes; a partir de entonces recibió el apodo de “Tigre de Santa Julia”.

Durante los meses siguientes, continuaron los asaltos por ese rumbo, hasta que finalmente la banda fue aprehendida y llevada presa a la cárcel de Belem. A los pocos días, se fugaron. Él huyó rumbo a Tacubaya, al barrio de Puerto Pinto donde vivía su novia, Guadalupe Guerrero. Cinco horas después, la policía recapturó a sus cómplices.

El Coronel Félix Dí­az, sobrino del General Porfirio Díaz, recibió la orden de detener lo más pronto posible al Tigre, para evitar que siguiera tomando fuerza entre la sociedad y, en una de esas, llegara a convertirse en una especie de lí­der social capaz de organizar una revuelta.

Francisco Chávez, policía encargado de la captura, hizo varios intentos por detener al Tigre, pero como él jamás pasaba más de 2 veces por el mismo lugar, jamás podían capturarlo.

Era un secreto a voces que El Tigre tenía sus amoríos con Guadalupe Guerrero, por lo que a Chávez se le ocurrió darle celos al ladrón, esparciendo el rumor de que él y Guadalupe eran amantes. A partir de entonces, el Tigre comenzó a visitar más seguido a Guadalupe.

Un día, la policía fue notificada de que Jesús estaba en casa de su novia, buscaron por todos lados: abajo de la cama, en los roperos, en la cocina, en la pileta, hasta dentro de la letrina… Pero jamás lo encontraron.

Al salir, los gendarmes tuvieron la brillante idea de buscarlo detrás de la casa y de pura suerte se lo encontraron, haciendo sus necesidades, escondido detrás unos magueyes y en (lo que vulgarmente se le conoce como) posición de aguilita.

Se dice que nuestro protagonista, al saberse descubierto y capturado, simplemente les dijo a los gendarmes que lo dejaran terminar lo que estaba haciendo y, una vez que acabó, pidió que no lo esposaran.

Jesús Negrete fue llevado de nueva cuenta a la cárcel de Belem, donde un pelotón de fusilamiento terminó asesinándolo.