En al menos seis pueblos de Tláhuac ya se autodefienden

Guardias civiles o autodefensas, no importa cómo los llames. Están ahí.

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Foto: Cuartoscuro Las réplicas del operativo en Tláhuac han dejado varios muertos

Apenas había pasado un par días desde los narcobloqueos en Tláhuac; de la balacera, de la muerte de Felipe de Jesús Pérez, El Ojos, a quien todos identifican como el líder del cártel que dominaba todo el oriente de la ciudad. Fue el domingo 23 de julio cuando en el tianguis de la avenida Las Torres, en Iztapalapa, comenzaron a sonar las balas. Un grupo de extorsionadores, vinculados al cártel descabezado, fueron recibidos a plomazos por los comerciantes de la zona. El saldo de las balas fue de dos muertos y de, al menos, 10 heridos.

Por lo general, las guardias civiles de las colonias de Tláhuac e Iztapalapa se niegan —eso dicen— a portar armas de fuego, limitándose a los palos y las piedras. Pero, en ambas demarcaciones, existen sectores organizados que intentan proteger a sus gremios a toda costa.

Los comerciantes y tianguistas con liderazgo son un ejemplo. Estos gremios cuentan con estructuras que les permiten una respuesta rápida y mucho más contundente cuando se trata de defenderse de las extorsiones.

Foto: Cuartoscuro

En la delegación Tláhuac se cuentan por lo menos seis pueblos que han ya formado sus propias guardias civiles: Santiago Zapotitlán, San Juan Ixtayopan, Santa Catarina Yecahuítzotl, San Francisco Tlaltenco, San Andrés Míxquic y San Pedro Tláhuac; algunos no dudan en calificar a estos grupos como incipientes autodefensas.

«Nómbralos como quieras», explica Carlos Augusto Morales, líder de Somos Más, una organización social enfocada en temas de seguridad y política pública con fuerte presencia en Tláhuac.

La realidad es que, ante la incapacidad del Estado para brindar seguridad, ellos se la procuran. Es importante notar que, en todos los casos, se trata de pueblos originarios. En el caso de las colonias, la estructura que permita crear una organización es más difícil, sobre todo porque se trata todavía de ciudades dormitorio, deshabitadas durante el día.

—¿Existen personas armadas en estos grupos?
—No te lo van a decir —responde Carlos Augusto Morales— pero si intentan procurar justicia en esta zona, se infiere que sí. Cuando no te garantizan la seguridad, no renuncias a la seguridad y a la de tu familia. Pasa en las zonas más vulnerables, con mayores complejidades en el desarrollo social y abandono urbano. Tláhuac es un caldo de cultivo donde impera la ley del más fuerte.

Chilango solicitó una entrevista con los líderes vecinales de todos estos pueblos. Sin embargo, la respuesta fue más o menos la misma: «El asunto está muy caliente ahora, no queremos más problemas».

En Zapotitlán y Míxquic se animan a comentar que, en 2013 o 2014, se reunieron con autoridades delegacionales para exigir mayor seguridad, pero nada pasó. También se contactó a las autoridades de Tláhuac, pero prefirieron reservarse cualquier comentario.

«Ahorita no estamos dando entrevistas de ningún tipo porque la situación está muy delicada. Y menos hablar de un tema así», respondió Marlene Cruz Arenas, directora de Comunicación Social de la delegación.

El lado oscuro de la ciudad

Hasta sólo hace unos años, Tláhuac era este puñado de pueblos y colonias que crecieron donde antes había un lago. Existían los asaltos, como en todos lados, pero el ambiente rural era lo que prevalecía. Hoy, vecinos de las colonias Miguel Hidalgo, la Agrícola Metropolitana, Del Mar y Nopalera —en donde creció Felipe de Jesús Pérez El Ojos, líder del cártel de Tláhuac— aseguran que los asaltos son constantes y cada vez más violentos.

La aparición generalizada de mantas con amenazas de linchamiento en decenas de colonias de Iztapalapa y Tláhuac indican una estructura más avanzada y ligada, sobre todo, al parentesco. Hermanos, tíos, primos y cuñados, todos participan cuando se trata de defender un territorio familiar.

Santiago Zapotitlán, explica Morales, es un pueblo conformado por barrios, donde persisten las tradiciones religiosas. Lo mismo ocurre en San Juan Ixtayopan, justo en donde los habitantes lincharon a tres policías federales, en el 2004, y donde surgieron, hace tres o cuatro años, los primeros grupos de autodefensa de la ciudad.

Foto: Cuartoscuro

El problema se acrecentó en el último año con delitos como el robo y la extorsión a la alza. En opinión de Alejandro Hope, quien fungió como directivo del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) entre el 2008 y el 2011, en la medida en que la que la economía informal crece -piratería, ambulantaje, bares clandestinos- los grupos criminales se afianzan en la zona, «porque tienen conexión con actores políticos de la ciudad y son ellos quienes regulan esos negocios».

El cártel de Tláhuac es en realidad una de las esquirlas del cartel de los Beltrán Leyva, cuyos lugar tenientes fueron abatidos o detenidos entre el año 2009 y el 2010. No se trata de un grupo pequeño; la organización opera en, por lo menos, otras seis delegaciones. Iztapalapa, Milpa Alta, Magdalena Contreras, Tlalpan y Xochimilco; además de Nezahualcóyotl, Chalco y Ecatepec, en el Estado de México. Eran los principales responsables, por ejemplo, del narcomenudeo en Ciudad Universitaria donde, según informes, lograban recaudar hasta 150 mil pesos diarios.

En Iztapalapa, el problema se agrava. En el tianguis de la avenida Las Torres los comerciantes aseguran que La Unión de Tepito les exige derecho de piso. Uno de ellos afirma que le exigen 60 mil pesos a la semana; tiene que cobrar a todos sus agremiados 20 pesos semanales. Hace unos meses, los extorsionadores advirtieron:  «ahora les vas a subir la cuota, ¿les cobras tú o yo?». Lo mismo ocurre en un tianguis de Escuadrón 201. Cuando los líderes no quisieron pagar, asesinaron a uno de sus sobrinos.

«La gente está aterrorizada. Pero, como es el oriente, a quién le importa», señalan los grupos sociales con presencia en la zona desde hace años: «De aquí nadie habla, esta la parte oscura de la ciudad».