Cómo visitar el teleférico de Ecatepec sin morir en el intento

Nos dimos una vuelta turística por el Mexicable

Nos enteramos que a partir de hoy (12 de octubre) el Mexicable, el primer teleférico que sirve de transporte público en México, empieza a cobrar seis pesos y como buenos chilangos emprendimos ayer el tour turístico para aprovechar el paseo gratis en su último día —no fuimos los únicos, en serio—.

Lo primero que aprendimos es cómo llegar, pues una cosa es saber que Ecatepec está al norte, en el Estado, y otra conocer la ruta de llegada. Nos fuimos en metro hasta Indios Verdes y de ahí —muy monos—pedimos un Uber. Mientras lo esperábamos, vaya que nos arrepentimos, pues descubrimos que hay un servicio de Mexibus —el Metrobús mexiquense— que te lleva directo, sin paradas, al Mexicable y que sin duda era más rápido.

105759El Mexibus te lleva directo al Mexicable
El Mexibus te lleva directo al Mexicable (Francisco Iglesias)

Más coraje nos dio que hasta ayer era gratuito y a partir del Día de la Raza costará tres pesos, mientras la Línea 4 del Mexibus, que irá de Ojo de Agua (Tecámac) al Cetram de Indios Verdes, empiece a funcionar. Sólo un detalle con este servicio temporal: se paga con la tarjeta del Mexicable, pero ésta no la venden en Indios Verdes, sólo en las estaciones del teleférico —¿pueden creerlo—.

En fin, una vez que nos recogió nuestro chofer, llegamos como 20 minutos después a la Estación 1 del Mexicable —que según nos intruyeron se pronuncia “me-ji-ca-ble”—, llamada Santa Clara. Como era gratuito, un poli puso su tarjeta para pasar. Pero vimos que ya las vendían: cuestan 30 pesos y traen 20 de saldo.

105763Mexicable tarjeta
Mexicable tarjeta

Como no era hora pico, ni fila nos tocó para subirnos a una de las cabinas, que no se detienen para que te subas, solo avanzan muy lento (0.33 m/s) y te da tiempo perfecto para entrar. Además hay auxiliares que te ayudan y se encargan de que las cabinas vayan llenas, si se necesita, y cierran las puertas.

Adentro hay una banca de cada lado —plegable—, con espacio para cuatro personas. No puedes estirar las piernas pero hay espacio suficiente. Tiene una cámara de videovigilancia en una esquina arriba y un botón como de camión, que nos explicaron es para comunicarse con el centro de operaciones por cualquier cosa. También tiene unas luces LED, que se alimentan de una celda solar, para iluminar de noche.

105762Mexicable botón
Mexicable botón

Cuando acelera para integrarse de nuevo al circuito, sí se siente el jalón, pero nada del otro mundo. De la estación uno a la dos (Hank González) es el trayecto más largo. Al llegar a ella, la cabina disminuye otra vez la velocidad, no se detiene, abre sus puertas y como por un minuto tienes chance de bajar o subir mientras avanza, antes de que se cierre.

Así es en todas las estaciones, hasta que llegas a la cuarta (Tablas del Pozo), en donde tienes que bajarte porque el primer sistema de poleas termina, caminas unos metros y te subes a otra cabina para seguir el recorrido.

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Estación 4 Mexicable (Francisco Iglesias)

¿Imparable?

De subida hasta la siete hicimos como 25 minutos. Habían dicho que se hacen 18, pero nos enteramos que por ser nuevo la velocidad que tuvo en sus primeros días fue menor.

El Mexicable tiene tres velocidades modulables: la normal (seis m/s), una media (tres m/s) y una baja (1.5 m/s). Las dos últimas se usan por si hay necesidad de subir a alguien especial o con sillas de rueda —sí, claro que cabe—.

La lluvia no detiene el teleférico, ni un corte de luz porque usan planta. El viento sí, pero según nos contaron tiene que ser superior a 75 km/h y en su primera semana lo más que han detectado son 33.

Sin embargo, a nuestra bajada el sistema se detuvo dos veces. Ibamos en una cabina, sentimos cómo se frenó y nos columpiamos. Ambas, una a punto de llegar a la estación cuatro, otra llegando a la uno; nos quedamos varados unos cinco minutos. Una señora de la tercera edad que iba junto a nosotros, se espantó, pero nada grave.

¿Caro o barato?

El Mexicable lleva una semana en funciones. En su último día gratuito aún mucha gente de otros lados de la ciudad y del Estado fueron a conocerlo. Como José Alonso Reyes, de  55 años, que se llevó a toda su familia. A él le gustó, le parece un buen servicio que deberían replicar y lo recomendó como un paseo turístico.

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Eso sí, advirtió: «Ojalá pudieran hacer un campo de distracción, deportivo o atracción para que la gente pudiera venir más». Y es que al llegar a la estación siete (La Cañada), no hay nada que ver, no vale la pena salir de la estación.

Genaro Cabral, de 70 años, fue otro de los visitantes. No será usuario constante, pero cuando vaya a la zona, no dudará en usarlo. Nos dijo que no le dio miedo subirse y piensa que es «mejor que el camión, se evita congestionamiento».

Lo mismo cree Brayan, de 17 años, que nos platicó lo usa como tres veces al día. «Es un poco lento», nos dijo, pero lo prefiere al tráfico de la avenida. Sobre el precio, nos comentó que está bien.

Norma también es usuaria de diario. Le parece “bien divertido, padre”. De 40 minutos que hacía en carro para llegar a la Vía Morelos, ahora se hace 25. Ella vive hasta La Cañada y nos aseguró que se ha beneficiado. Ahora sólo espera que el Mexicable, que le ha dado un nuevo impulso a esa zona, les traiga otro servicio que les prometieron: agua en sus hogares.