Los 13 que más escuchamos en la ciudad

Esas melod?as que nos ponen a bailar queramos o no

Los diferentes sonidos que diariamente escuchamos al transitar en el DF nos hacen sentir como si estuviéramos en un interminable festival musical. La selección para amenizar y educar nuestros oídos va desde la más refinada música de viento, cuyo único fin es recordarnos a nuestra progenitora, hasta los que en la noche nos invitan a romper la dieta.

A continuación te mostramos una lista con algunos de los más escuchados en ésta, nuestra bella ciudad. 

1. ¡El gaaaaaaaaasss!

Éste es un clásico de clásicos. Todos alguna vez lo hemos sufrido, como cuando después de una fiesta -y todavía bien crudotes- resuena en nuestros oídos a las 8 de la mañana…, o cuando -todo lo contrario- nos ha puesto sumamente felices porque ya no tenemos que seguir con el suplicio de comer alimento frío o bañarnos con agua helada. 

2. El afilador

En realidad lo que caracteriza a este personaje no es algo que tenga que ver con afilar sino la peculiar tonadita de su flauta quena miniatura con la que anuncian su trabajo a los de la cuadra. La leyenda urbana dice que cuando uno escucha al afilador acercarse, debe salir a la calle y sacudirse toda su ropa quezque para alejar las malas vibras. 

3. ¡Tamaleees!, ricos y deliciosos

Nadie hasta el día de hoy ha sido capaz de inventar un slogan y jingle -que sea ambos al mismo tiempo- que se quede en el consciente e inconsciente no sólo de todos los habitantes de esta ciudad sino también de visitantes y turistas nacionales y extranjeros. Es la frase nocturna por excelencia. Como dato extra les diremos que hay una leyenda urbana que cuenta que hace algunos años existió un tamalero (el que grabó y utilizó esta frase por primera vez en la vida) que compartió el secreto de su éxito en su lecho de muerte. Dijo que más que el sabor, lo que en realidad atraía a los clientes era la frasecita. Ahora entendemos por qué su uso rebasa los límites de cualquier colonia. 

4. ¡Hay merengueeees! ¿Cuántos, cuántos?

Estos señores andan felices con su tabla llena de dulces que, en forma de taco, cargan sobre su cabeza; los más hábiles andan en bicicleta y los otros prefieren los parques para ofrecer estos muy dulces dulces mexicanos. Y aunque ya hay tiendas especializadas donde podemos encontrar "duquesas y macarrones", uno de estos siempre vendrá acompañado con el gritito nasal del vendedor ambulante.  

5. Súbale, súbale, súbaleeeee; hay lugar hastatrás 

Ese tan peculiar modo que tienen los microbuseros de fomentar las ganas de los pasajeros de utilizar sus servicios de transporte publico, sin importar que su "unidad" esté completamente llena: en realidad, para ellos siempre hay lugar "hastatrás" (debe estar muy escondido porque uno cuando se sube nunca lo encuentra). 

6. Carro negro oscuro, oríllese a la orilla

Sabemos que los polis son los amos y señores de las calles. Y que tienen un menú completísimo de frases célebres, pero ésta es la que definitivamente más nos duele (aunque no tanto cuando sabemos que en realidad estamos "cometiendo una falta al reglamento"). A ver, cuántos de nosotros no hemos vivido en carne propia el famoso aviso de que nos detengamos y nos orillemos para una "revisión" rutinaria que siempre nos dicen que es para "nuestra seguridad" (y de la cual casi nunca logramos salir con los bolsillos como estaban apenas cinco minutos antes). 

7. ¡Ya párate!, ¿o qué?, ¿no vas a ir a la escuela?

Éste es el bello grito con el cual nuestras sacrosantas madres –de una manera tierna y dulce– solían externar su preocupación de que asistiéramos a la escuela y no termináramos siendo todos unos ninis.