Cuál es el origen del racismo que ejercemos en México

En México hay 11 millones de indígenas, pero apenas 24 abogados públicos que podrían defenderlos

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Foto: Archivo Cuartoscuro

«Nunca falta el prietito en el arroz», «se fue como las chachas», «traes el nopal en la cara»… si hablamos de racismo, es probable que pienses que solo pasa en Estados Unidos, pero es un problema tan vigente en nuestro país, que lo vemos como algo común e inofensivo. Lo peor (sí, hay algo peor) es que nos negamos a reconocer que sí hay racismo en México.

Frases como «nos reservamos el derecho de admisión» o comentarios comunes en las redes sociales, como pasó con el caso de Marco Antonio Sánchez, joven que desapareció cinco días en CDMX tras ser detenido por policías, quien fue estigmatizado por sus rasgos indígenas, nos muestran el reflejo que nos negamos a reconocer: el de una sociedad racista.

¿Te imaginas tener un retraso de casi 100 años en tolerancia entre nosotros mismos? Pues sí, así de mal estamos, de acuerdo con los expertos.

Evelia Reyes, maestra en historia y doctorante en el Colegio de México, afirma que nuestro país no ha dejado de ejercer el racismo desde 1920, solo que, a diferencia de Estados Unidos, nosotros lo aplicamos de una manera más sutil.

«Si nos enfocamos solo en actitudes, Estados Unidos manifiesta su racismo de una manera más violenta; sin embargo, el racismo en México tiene otras formas de eliminación hacia el grupo que consideramos inferior», asegura la experta.

¿Y por qué hay racismo en México?

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Foto: Archivo Cuartoscuro

De acuerdo con la historiadora, desde 1920, durante la presidencia de Álvaro Obregón, se han tratado de borrar las costumbres y tradiciones de los indígenas. «Cuando José Vasconcelos era secretario de Instrucción Pública intentó quitar lo indígena del mexicano. Las clases se daban únicamente en español, con el fin de obligarlos a dejar su parte comunitaria, porque solo así se iba a lograr el progreso».

Casi un siglo después, dice la historiadora, el sistema no ha cambiado, algunas lenguas indígenas comienzan a perderse y, al no poder comunicarse, esa población no puede exigir los derechos que le corresponden.

Para muestra, un botón: actualmente, en México hay 11 millones de indígenas, pero apenas 24 abogados públicos federales certificados que podrían defenderlos, porque son los únicos que hablan una lengua indígena, indica un reporte de Excélsior.

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Si piensas que la historiadora exagera al afirmar que sí hay racismo en México, Adán García, director académico del Museo de Memoria y Tolerancia, tiene una hipótesis que parece sacada de una película de terror, pero que, desafortunadamente, es real.

«Típicamente el color de piel implica el acceso a mayores y mejores oportunidades de desarrollo, es decir, si yo soy afrodescendiente en México, en el ámbito de la educación puede significar que vas a tener menos años disfrutando de este derecho. Si teóricamente se está en una población blanca, mestiza y afro te darías cuenta de que el primer grupo va a tener 10 años de educación; el segundo, 9 y el tercero, 8», dice.

De acuerdo con Adán, esta situación es una herencia que se puede interpretar como «mala suerte», ya que se va a repetir por generaciones, lo que implica que las personas afrodescendientes van a sufrir racismo por muchos más años, y sus hijos, y los hijos de sus hijos y así toda su familia.

Ante ese panorama y con el fin de solucionar el problema, el académico remarca que es urgente  aceptar que los mexicanos provenimos de tres raíces, incluida la africana, la cual no se reconoce en la Constitución (sí, ni nuestras leyes son inocentes en el tema del racismo).

Para acabarla de amolar, Evelia Reyes considera que deberán pasar muchos años e incluso siglos para dejar de decir que hay racismo en México, ya que es un tema muy arraigado en nuestra cultura.

«Aunque no haya una solución pronta, se tiene que visibilizar a las víctimas de racismo, contar sus problemas, celebrar que ellos existen, solo así estaríamos abriendo el camino hacia el respeto y la tolerancia», dice.

García afirma que reconocer a la persona como ser humano, sin estereotipos, y hacer a un lado los prejuicios es fundamental.

¿Y tú aún piensas que «la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre»?

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