Salón Los Ángeles: el más celebrado en Premios Ciudad

Salón Los Ángeles
El Salón Los Ángeles es un lugar característico de la ciudad. Foto: Lulú Urdapilleta

El Bárbaro del Ritmo, Benny Moré, escribió las primeras líneas de su pieza más legendaria en el que, por antonomasia, es el salón de baile con mayor abolengo, fama y tradición en la Ciudad de México: Salón Los Ángeles. Anotó sobre una servilleta: «Pero qué bonito y sabroso bailan el mambo los mexicanos». Era la década de 1940 y en el entonces DF el entretenimiento popular era ir a sacarle brillo a la pista al ritmo de chachachá, el danzón y el son cubano.

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El Salón Los Ángeles ganó el premio a Trayectoria en los Premios Ciudad. Foto: Lulú Urdapilleta

Como si fueran un clan Buendía, tres generaciones de Miguel Nieto (Alcántara, Hernández y Applebaum) han mantenido a Salón Los Ángeles como el emblemático lugar chilango donde se baila, se bebe, se canta y se goza, desde el día de su nacimiento —el 2 de agosto de 1937—. Por eso es el gran celebrado en la categoría «Trayectoria» de Premios Ciudad de México.

«Quien no conoce Los Ángeles, no conoce México»

La frase fue acuñada por el primer Miguel Nieto, el fundador. Se refería al salón pero también a la ciudad gringa, «el otro México». El vínculo entre el salón y la ciudad no está en el nombre —un préstamo a perpetuidad de la iglesia de al lado, Nuestra Señora de los Ángeles— sino en los pachucos: una manifestación cultural popularizada en la década de 1950, encabezada por la clase social baja mexicana que vivía en LA y que defendía su identidad frente a las costumbres estadounidenses.

Desde que abrió, todos los martes de 5 a 10 son «martes de pachucos» y la pista se llena de hombres ataviados en trajes de colores llamativos, pantalón español con pliegues y pinzas, sacos de hombreras voladas, zapatos bicolor de tacón cubano, sombrero de ala ancha con una pluma de faisán, tirantes, cadenas, una flor en la solapa y una sonrisa en el rostro. No sólo su vestimenta los delata, también su particular forma de bailar: se mueven despacio y con horna mientras juegan con los tirantes, el sombrero y el saco.

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El Salón Los Ángeles abrió en 1937. Foto: Lulú Urdapilleta

Bajo el mando del tercer Miguel Nieto, los martes de pachucos —con danzoneras en vivo— y los domingos de son cubano, salsa y cumbia se mantienen como el fiel entretenimiento para todos los que busquen raspar suela y las que quieran partir plaza. Es un negocio familiar. Quizá por eso y porque nunca se acaban las ganas de mover las caderitas, Los Ángeles no ha cerrado ni se ha convertido en una bodega —como lo era antes—, o un multifamiliar como los que habitan a la redonda, en la Guerrero y en Tlatelolco.

Los primeros ochenta años

Las primeras cinco décadas fueron esenciales. En su época dorada, Los Ángeles se nutrió de la música tropical que dominaba el panorama urbano. El mambo, el danzón y el chachachá en los cuarenta y cincuenta; la salsa y el son en los sesenta y setenta; y la cumbia mexicana en los setenta y ochenta. El salón, además, fungió como trampolín de algunas de las bandas ahora más populares de Latinoamérica: las sonoras Santanera, Dinamita y Matancera, la Orquesta Pérez Prado, Celso Piña, etcétera.

En los ochenta el salón enfrentó un nuevo reto. Las nuevas generaciones preferían el rock a la música tropical; sin embargo, se mantuvo a flote por su versatilidad. Albergó conciertos de bandas entonces emergentes como Maldita Vecindad, Café Tacvba, Panteón Rococó, Los de Abajo, Instituto Mexicano del Sonido, etc. A partir de los noventa abrió sus puertas a otros eventos culturales: desde conferencias, exposiciones de arte contemporáneo y presentaciones de libros, hasta grabaciones para series y películas. Con orgullo, Miguel Nieto cuenta a los medios que, en 1998, Carlos Fuentes festejó en grande sus 70 años y los 40 de La región más transparente; y durante cuatro años fue escenario de la obra de teatro Aventurera.

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A este lugar acuden personas de todas las edades a bailar. Foto: Lulú Urdapilleta

Sus primeras ocho décadas están marcadas por los personajes históricos que se han dado candela aquí, desde dandis y divas como Cantinflas y Silvia Pinal, hasta políticos como Fidel Castro, y escritores —incluso, dos premios Nobel: Saramago y García Márquez—. Su historia vive en las fotografías que cuelgan de sus paredes: vestigios de su pasado y símbolo de su presente, como un museo vivo que aún tiene ímpetu para seguir rumbeando.

Mientras el alma baile…

Los Ángeles seguirá vigente. No es sorpresa que el salón enfrente nuevos retos en 2017, un mundo distinto al que vio nacer. Miguel Nieto declaró durante el aniversario 80 que éste representa «el fin de un ciclo», pues es necesario encontrar nuevas soluciones para que el salón subsista, como lugar de baile pero también como un negocio rentable.

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El Salón Los Ángeles es un lugar característico de la ciudad. Foto: Lulú Urdapilleta

Aunque la cumbia y la salsa están siendo retomadas por algunos grupos de rock, sus fans no son parroquianos de los salones. Sin embargo, Los Ángeles no es sólo un lugar para bailar, es un referente cultural y un sitio de interacción social y comunión multiclase. Así que algo debemos inventarnos para renovar a nuestro querido emblema danzonero. Después de todo, bailando se entiende la gente.

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