¡Qué oso haber sido así…!

Recordando momentos freaks de la vida

En la vida se pasa por muchas etapas: las buenas, las malas, y las raras. ¿A poco nunca fuiste alguien que no quisieras recordar? Ya sabes, cuando fuiste adolescente y creíste haber encontrado tu identidad… Ahora que has dejado esa modita y ves las fotos, no puedes hacer más que decir: “Diooooos, ¿en qué chi#$%& estaba pensando?

En esta nota no juzgamos a los que de corazón siguen todas estas tendencias, nos reímos de los que sólo probamos y abortamos la misión… Con el consecuente daño a nuestra reputación.

Porque –la neta– hemos tenido amigos que nos han dicho cosas como: “ah, ya me acordé de ti. Eres el que usaba los calzones afuera del pantalón porque creías que eso te traería poderes”. Y porque todos hemos pasado por al menos una de estas etapas, échenles ojo:

Darky:

¿Cómo olvidar nuestro amor por el color negro? Esa temporada en la que quisimos ser tan misteriosos y filósofos que caíamos en lo excéntrico. Nuestros gustos musicales influyeron mucho en este comportamiento, músicos como  The Cure y Manson nos obsesionaron. También los libros de Anne Rice tuvieron mucho que ver.

¿Lo más ridículo?
Tomar vino tinto pensando que era sangre.

Brujo:

Después de ver películas que trataban esta temática, a todos nos entró una temporada en la que creímos tener poderes. Esto, aunado a la crisis existencial de los 13, y a nuestro resentimiento social por ser “incomprendidos”, nos llevó a querer hechizar a quien se pusiera en nuestro camino. Las mujeres vestíamos faldas largas, pelo largo y labial en colores muy oscuros. Los hombres: guayaberas sueltas y cabello largo y descuidado.

¿Lo más ridículo?
Veíamos a los demás con ojos penetrantes pensando que los podíamos eliminar del planeta con sólo una mirada, transmitiendo nuestros malos deseos.

Emo:

Todo empezó con los primeros Vans de cuadritos y Avril Lavigne “la disque punky emo”. Quienes vieron su primer video y se sintieron identificados adoptaron los moñitos y calaveras como look. La actitud que tomaron era tan… mmm, adolescente: retar a la autoridad, notarse desafiantes, decir “no” a todo y cortarse con un cuter. Parecía que su lema era: “no sigo las reglas, yo pateo el carrito del súper si quiero”. ¡Qué jalada!.

¿Lo más ridículo?
Cambiarnos el nombre en nuestro Myspace o Hi5 por un apodo depresivo como “Sady” o “Sweet Nightmare”.

Punk:

No había forma más radical de demostrar tu actitud desafiante que el volverte punk. Pelo parado, mucha piel, anillos, maquillaje y hasta medias. Este movimiento inglés se volvió un enorme fenómeno que sirvió para hacer fiestas underground que cambiaron la escena en México. El Chopo era el punto de reunión. ¿Cómo olvidar el Rimel?

¿Lo más ridículo?
Tatuarte algo tan feo y chueco que ahora ves y piensas “qué mal estaba”.

39123¿en qué estabamos pensando?
¿en qué estabamos pensando? (Especial)

Hippie activista:

Después de elegir que lucharíamos por las causas sociales, nuestra forma de vestir cambió, pasamos de los tacones a los tenis o chanclas, de las minifaldas a las faldas largas. Los chicos compraron pantalones de manta y tomaron caguamas en Coyoacán. Sentíamos que cambiaríamos al mundo con nuestra actitud “extra light”. El arte, los animales y los libros que nos enseñaban a ser buenos comunistas tomaron importancia. Nuestro lugar favorito: Las islas de la UNAM.

¿Lo más ridículo?
Asistir a marchas con temáticas tan tontas como: “Por un mundo libre de internet”.

Rockero:

La época de “Rock en tu idioma”, toquines de la Maldita Vecindad, Fobia, Caifanes y Café Tacvba. Todos groupies y sintiéndonos importantes por conocerlos: “Yo también soy de Satélite, ubico perfecto a ese güey”. Los hombres con mata larga y bota de casquillo. Las letras de las rolas eran esenciales, las aprendíamos y coreábamos a todo pulmón.

¿Lo más ridículo?
Que se bajaba el cantante del escenario y le hacias una valla como si fueras miembro de su equipo de seguridad.

Cantante o actor:

Después de que descubrimos que teníamos un poquito de voz decidimos incursionar en el mundo del espectáculo. Gastamos dinero en clases para entrenar nuestra dizque voz y armamos una banda con los cuates. No hubo reunión familiar en la que no lucieras tu rola estelar a grito pelado. Los que se clavaron más hasta sesión de fotos se hicieron posando como una estrella. ¡Qué pena!

¿Lo más ridículo?
Sentirte Alejandro Fernández y cantar “Como quien pierde una estrella”.

Fresa:

El Alebrije de Acapulco era el lugar donde teníamos que estar. Para las chicas, los tacones eran necesarios hasta para ir a la papelería. Los hombres no podían vivir sin collar de conchitas, camisa azul rey y pantalón caqui. Las tardeadas también nos tocaron, estar ahí y bailar rolas de Jeans y Mercurio era lo máximo. Leíamos el “Trágame tierra” de la revista Tú. ¡Qué trauma!

¿Lo más ridículo?
Soñar con comprar champaña para jugar guerritas.