Nuevas lecciones de privacidad

¿Exhibicionista cibernético yo?

Y la vida del ser humano fuese vigilada todo el tiempo por todo mundo.

Un temor similar llevó años antes al escritor ruso Zamyatin a imaginar una ciudad integrada por casas construidas con cristal transparente, en la que sus habitantes sólo pudiesen bajar la cortina en ciertas ocasiones y bajo permiso del gobierno; la privacidad controlada, una ciudad transparente.

Orwell modernizó la idea al pensar en una sociedad eternamente vigilada por cámaras detrás de la cual un ojo vigilante, (similar al de Mordor del señor de los anillos), una fuerza cuyo poder yacía en su anonimato, estuviera siempre vigilando. Orwell la llamó el Gran Hermano.

El hecho de que tan sólo cincuenta años después, la misma idea del Gran Hermano se haya vuelto un programa de televisión en el cual millones de personas sueñan en participar nos revela un poco las transformaciones sociales que han ocurrido a través de las generaciones con el concepto “privacidad”.

Si Orwell y su generación temían ser vigilados, la nueva sociedad lo implora, somos tantos y es tan fácil perderse entre las masas que anhelamos ser vistos, ser inspeccionados, ser exhibidos. Ahora el Gran Hermano somos todos y a la vez, todos somos observados por él.

Hoy en día la realidad de Orwell ha sido sobrepasada, Twitter y Facebook por citar dos ejemplos han sustituido a las cámaras del Gran Hermano, y lo han hecho con una diferencia: la cámara no es impuesta a la sociedad, la sociedad voluntariamente ha aceptado poner sus propias cámaras y no sólo eso, lucha porque su cámara sea la más vista.

Ambas redes sociales pueden tener usos muy benévolos e interesantes, pero también se han convertido en ese vidrio de Zamyatin a través del cual todo mundo es exhibido.

Si alguna vez las estrellas del cine eran acechadas por los paparazis que buscaban el más mínimo error para quemarlas, hoy el trabajo del paparazzi es casi completamente obsoleto, las estrellas se queman solitas y casi de manera voluntaria a través de sus declaraciones en Twitter. Ellas mismas se dirigen la cámara para sentenciar su caída.

42594¿Exhibicionista tú?
¿Exhibicionista tú? (Especial)

El mundo de lo privado es cada vez más complicado de definir. Orwell se equivocó en su diagnostico porque pensó que sería el gobierno fascista o comunista quién impondría su control absoluto sobre las vidas privadas de los seres humanos y la historia reveló que los seres humanos voluntariamente entregaron su privacidad no sólo al gobierno sino a todo mundo.

No se necesitó del fascismo para volvernos una sociedad voyerista. Si alguna vez existía temor en asistir a tener relaciones sexuales en un motel por ser secretamente grabado hoy más y más parejas se graban a sí mismas para compartir su intimidad con el mundo.

¿Cuáles son los límites de la esfera pública cuando la privacidad es auto-suprimida? El miedo ya no es que lo personal se vuelva público, que el mundo se entere, el miedo es que a que lo privado nunca se vuelva público ¡el miedo a que nadie se entere!

Hace unos meses di un curso en una secundaria, al final del curso varios alumnos se acercaron a pedirme mi Twitter, mi Facebook y mi pin de Blackberry. Si bien entendía que en Twitter el objetivo era juntar el máximo número de seguidores y Facebook permitía estrechar tu red de conocidos hasta agotar sus límites, mis anticuadas ideas de que en un mundo exhibicionista el teléfono celular se había convertido tristemente en el último espacio privado, dónde se tenían los teléfonos y el contacto únicamente de los amigos y familiares, fueron destruidas; a diario recibo mensajes colectivos pidiéndome que agregue a mi Blackberry a personas que no conozco, algo que mi generación hasta ahora, quizás por ya ser más vieja, no acostumbra.

42596Chisme caliente.
Chisme caliente. (Especial)

“Agreguen a Sebas porque es muy galán” decía uno de los tantos mensajes que recibí de mis ex alumnos. Fuera de que el argumento de agregar a alguien a mi teléfono únicamente por ser “galán” (en opinión de mi ex alumno) no me fue convincente (¿galán bajo que concepción?), me pregunté cuál era el sentido de acumular contactos que jamás usaría en mi teléfono.

La respuesta me llegó de boca de otro estudiante: “fácil, para ser más popular y estar más enterado”. No era tener a los contactos para conversar sino para leer su status (que si uno quiere ser popular debe cambiar frenéticamente cada cinco minutos para develar sus estados de ánimo, sus fobias y sus repentinos amores) y poder cotejar quién está más enterado de todo a través del número de contactos que tienen, una forma actual de ejercer el poder; yo soy más poderoso porque soy vigilado por más gente.

Se vuelve además cada vez más complicado luchar contracorriente. Cerré mi Facebook dos meses y fueron los más solitarios de mi vida.

-¿Por qué no me invitaste a tu fiesta?

-Claro que te invité, lo puse en Facebook

-Es que no tengo Facebook

-Ah, pues entonces fue tu culpa.

La tía de mi ex novia se enteró del matrimonio de su hijo cuarenta y cinco comentarios después de ser posteado en Facebook.

Este nuevo Gran Hermano es hyper-demandante, si no estás atento, no te enteras: adiós, fiesta; adiós, matrimonio de tu hijo (-¿pero cuando te casaste?-, lo puse en Facebook)

El asunto no es hacer un juicio de valor acerca de las nuevas concepciones de lo privado sino tratar de entender a un mundo que aclama ser observado.

42597Mirón.
Mirón. (Especial)

Gracias al Blackberry y a un uso un tanto exagerado de Twitter podemos saber que José estuvo meando a las 3:45p.m. y además no le atinó al escusado, que a las 4:30 entró al cine con su novia, quien lo regañó por no haberle atinado al excusado y que a las 6:30, saliendo del cine, volvió a intentarlo y esta vez sí le atinó.

Es decir, todo lo que no nos importa.

El mundo de las redes sociales y los smartphones es un mundo de solitarios que aclamamos ser reconocidos, que gritamos al mundo que existimos, que luchamos con otros cien millones de twiteros por ser vistos, espiados y exhibidos por la más gente posible.

Lo que alguna vez era privado ahora es público, antes de ser privado. “El novio fue el último en enterarse que lo habían cortado, ya todos habían visto que ella había cambiado su status a soltera”.

La pesadilla de Orwell se convierte en el sueño de una generación; ser observado todo el tiempo, si Orwell hubiera nacido hace veinte años, su libro “2084” hubiera descrito los horrores de un mundo que nunca es vigilado. Un mundo sin cámaras y sin ventanas.

Por lo pronto, desde su tumba –en Oxfordshire–, @Orwell tuitea lo que ya todos sabemos: en el siglo XXI ser privado es estar muerto.

Pero por esta vez aprovechemos las redes sociales, ¿y ustedes qué opinan? 

*Emilio Lezama es director de Los hijos de la malinche.