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Radiografía de una tiendita de la esquina (10 Cosas que nos dan nostalgia) | Chilango.com

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10 Cosas que nos dan nostalgia

Radiografía de una tiendita de la esquina

10 de mayo de 2013

Pedir fiado, regatear los precios, solicitar crédito, pedir préstamo de envases, quedar a deber, tocar la ventanita (o la cortina de metal) a media noche y hablarle de tú al tendero está quedando en el pasado, con la avalancha de mini supers, que antes solo se encontraban en las gasolineras de las autopistas.

Ir de compras por el antojito, el dulce o los ingredientes para la comida ha dejado de ser una aventura anecdotaria. En estos días, adquirir artículos de consumo cerca de casa es una ceremonia parca donde –literal– “pagas y te vas”.

Recordemos a las “tienditas de las esquina” con todo lo que extrañamos al ir de compras.

Préstamo a la palabra

Cómo olvidar aquellos días previos a la quincena, cuando ya no alcanzaba y tu mamá te mandaba a la tienda y pedir fiado. Con la pena y la presión familiar, debías aprenderte de memoria aquello de: “Dice mi mamá qué si le presta para (lista de cosas necesarias) y que luego le paga”. Había quienes aceptaban, había quienes no. Era un albur. Hoy ni siquiera vale pensar en que lo hagan.

Personalidad definida

“Mi Lupita”, “Los García”, “La morena”, “Los tres potrillos”, “La rosita”, “El oasis”. Los nombres de las tienditas de la esquina reflejaban la personalidad y el toque de quienes la atendían. Hoy las tiendas de 24 horas tienen los mismos nombres y quienes los atienden parecen cortados con la misma tijera de indiferencia, apatía y fastidio.

Atención personalizada

La tienda era despachada por “don” o “doña”. Sabíamos el nombre de los tenderos, y ellos sabían que eras hijo del señor o la señora tal. Uno se podía tutear con los dueños de las tiendas. Y recibir una bonita sonrisa. En los mini súper, a pesar de que quienes atienden llevan su nombre en las camisas, prefieres hablarle de "oye", dar las gracias y a lo tuyo. Jamás están de buenas.

Precio justo

Aunque había precios cerrados por cuarto, medio o un kilo, estos se ajustaban al bolsillo. Podías comprar 10 o tal vez 15 pesos de jamón, queso, salchicha, ahora no: Todo está empaquetado y hay que pagar estrictamente el costo marcado. Se podía regatear un precio si se creía excesivo o hasta te tocaba un pilón por la compra. También comprabas por pieza, como un rollo de papel higiénico o un shampoo de cuadrito.

Línea de crédito

Apuntar en un cuaderno todos los productos que se pedían y prestaban era una práctica recurrente, siempre y cuando al llegar la quincena se pagara. Se hacían las cuentas y se liquidaba. Había confianza entre los vecinos. Incluso aunque te hicieran falta unos pesos, podías llevarte los productos y después completar. En los mini súper ellos son quienes te quedan a deber 50 centavos porque no tienen cambio. Nunca.

Tecnología de cobro

Antes de la tecnología con código de barras, scanner, computadora e impresora, las cuentas se hacían sumando, restando, multiplicando y dividiendo. Las operaciones se hacían en trozos de cartón con el lápiz que el tendero colocaba en su oreja o la pluma colgada en una orilla del mandil. Una calculadora era un lujo.

Paquetería y traslado

Las bolsas de plástico biodegradables son el tótem de hoy. El papel estraza, el periódico viejo y las bolsas con una sonrisa y la leyenda “gracias por su compra” quedaron en el pasado.

Exhibición ordenada

“Si no está a la vista, pregunte” te repetían cuando te despachaban por la venta. Y si era en una accesoria, estaban los grandes anaqueles de metal o de madera que convivían con los refrigeradores y refrescos. Cómo olvidar que los condimentos estaban colgados en cartones engrapados en bolsitas transparentes, o los costales para comprar por kilo o medio kilo de algún grano o los chiles secos.

Tocar a media noche

En muy pocos casos se podía adquirir un producto después de las 10 de la noche, parecía una ley general para los tenderos de la esquina, sin embargo, había quienes desafiaron ese ordenamiento no escrito y colocaron una ventanita en la cortina metálica del negocio a la cual se llegaba a tocar, fueron el antecedente de las tiendas de 24 horas para dar servicio a los noctámbulos capitalinos.

Eterna desconfianza

Para pedir un envase de refresco cuando todavía eran de vidrio o incluso los de plástico, y no se diga para las cervezas era todo un ritual y una lucha de poder en la que siempre se imponía el tendero, que establecía sus reglas, pagar los envases, el liquido y a cambio te entregaba un cartón con la leyenda “importe por 3 envases 30 pesos” de su puño y letras para que a la vuelta de desocupar los artículos prestados te devolviera tu dinero. Lo único bueno es que ahora te regalan los envases, aunque en su costo ya vaya incluido en el precio final, la ventaja es que ya no se tienen que cargar ciertos envases, todo es desechable o no retornable.

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