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Agosto 2014
No. 129
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De Tepito para el mundo

Silabario del albur

01 de marzo de 2013
Por    INBA, Centro de Estudios Tepiteños, Lourdes Ruíz B. y Alfonso Hernández H.*

Los tepiteños no cabemos en el alfabeto, ni en el barrio, pues sabemos utilizar las palabras y reutilizar el espacio urbano; más allá de sus limitaciones oficiales. Nosotros, desde tiempo atrás, aprendimos a distinguir bien entre el lenguaje formal, y el habla barrial que expresa la neta de todo lo que somos, con enunciados que siempre van a estar a la misma distancia del centro.

Por eso, la Musa callejera, y la Señora pobreza hicieron de Tepito la cuna del albur, donde la picardía, y la fenomenología del relajo transgresor, fundaron entre la barriada: la Academia a toda madre y gratuita; contra la Real Academia donde se pagan colegiaturas por la guardería del lenguaje y las expresiones que controlan las escuelas y universidades; sin enseñar a desmenuzar, estirar y exprimir los significados de las palabras.

En parvulitos y la primaria, el primer albur infantil, decía que: Entre melón y melámbes mataron un pajarito, Y que, melón se comió las plumas y melámbes el pajarito.

QUIZ: ¿Qué tanto le haces al albur?

Despuecito, con las primeras peleas en La Coliseo, durante los aciagos días de San Gregorio, o cuando la calentura contagia a los chavos con el Síndrome de Peter Pan (todo el día con la campanita en la mano) almidonando la truza. O cuando algunas chavas no adquieren el sexto sentido, luego de perder el quinto. Hasta entonces, entienden que la navidad no es para intercambiar el nalguinaldo por un regarrote.

Así fue que unos aprendimos a llamarles a las cosas por su nombre y otros a querer darles “expresiones decentes”, propiciando que de la mojigatería surgiera la alcahuetería, que otros confunden con la putería. Por eso, de Tepito es mejor salir algo sobresaltados que muy sobrecogidos.

Entre la barriada, rifa la neta con su clarín y corneta, haciendo del lenguaje la carta de presentación de quienes aprenden a traer siempre en chinga al ángel de la guarda, y que también alburean con las palabras y cabulean con los conceptos, ejercitándose en un ajedrez mental, en verso y sin esfuerzo, cuya álgebra verbal conjuga las etimologías griegas y las raíces latinas, con la gramática de la leperatura barrial.

Hay albures que hacen reír a los castos, otros que hacen pensar a los eruditos, y otros que balconean a los que presumen de muy güevudos, pero que, en realidad, tienen las manos chicas. Así que, si hubiera retadores, hasta les podemos jugar un volado “de a su raya contra lo que me sobra”. Y si en este boxeo o esgrima verbal nos lanzan un recto: lo cabeceamos, nomás lo cabeceamos, hasta cruzarlo.

Para quienes se preguntan: ¿por qué algunos hombres nunca le dan explicaciones a las mujeres, de ninguno de los albures que se dicen entre machines? La respuesta: Ellos disimilan no darlas, para que no los traicione el inconsciente, pero, se descaran cuando los traiciona el culo.

Feliz día del albur

Por eso, el albur es el más fiel sismógrafo de la experiencia sexual; entre quienes en lugar de estar albureando, nomás se la pasan disculpando.

Lourdes Ruiz, además de su trabajo en el tianguis de Tepito, dice que los  domingos vende enchiladas de hoyo, y suculentos raspados de anís, para quienes quieran, y todavía puedan, venirse a degustar. Y les prevenimos que, a pesar de esta introducción malora, todavía hay quienes preguntan en qué calle es dónde despachan las enchiladas de hoyo, o las estilo Saltillo, que se comen con una tortilla en la mano, y el chile en el occipucio, o donde mejor se les acomode saborear sus setecientas venas.

El albur fino va más allá que el refrán popular, pues se apoya en la dualidad de la sexualidad recreada verbalmente con la picardía, y la cábula de la poesía erótica, cuyos diferentes niveles de ironía son los que distinguen el carácter y el humor festivo de cada barriada u oficio, cada cual con su propio lenguaje verbal, visual, y corporal, con los que cada quien sobrevive en su entorno, dependiendo de la solidez y trascendencia de su carácter, para encarar la vida real, con una cotidiana y necesaria dosis de risaterapia alburera.

Así como el refrán sintetiza la sabiduría popular, el albur recrea con  algarabía la picardía barrial. Pues más allá que la simple repetición de un  refrán, el albur se ejerce aplicando la dualidad de la sexualidad y de la  intertextualidad, con su doble y triple sentido, en sus diferentes niveles  de humor y de ironía, que son parte vital del carácter del mexicano que no consume fayuca cultural.

Alburear es aprender a retorcer y exprimir el vocabulario para recrear el lado erótico del verbo, de manera concisa y contundente. Y tamaña maña forma parte de una rusticidad filosófica, cuya función social además de permitir externar los deseos reprimidos, también permite amasar, codificar, esgrimir y asestar expresiones finas y carentes de vulgaridad.

Alburear consiste en accionar todos los resortes de nuestros reflejos. Y quien no alburea es porque no lo dejan sus complejos. Alburear es gratis y divertido, aprovechen, no cuesta nada. Si a los niños los enseñaran a alburear seríamos una potencia en matemáticas y ciencias exactas, pues faltan dinámicas que los hagan pensar, porque la tele los indigesta con quesadillas de miedo, fomentando que olviden el uso de la memoria contenida en sus disco duro.

En el barrio, alburear es un lenguaje escondido en las palabras, cuyas virtualidades lingüísticas exhiben los sentidos, y balconean los sin sentidos de la ingenuidad mojigata, a pesar de que el inconsciente lo presiente.

Durante todo el 2013, la Galería José María Velasco será la sede del Diplomado en albures finos. ¡Tepito Bravo! 2013 que imparten Alfonso Hernández y Lourdes Ruíz, cronista de Tepito y campeona de albures del barrio, respectivamente. El primero ya está por terminar. Pero vienen otros tres.  La entrada es libre. Está dirigido a personas que ya tengan suficientes peleas en La Coliseo, o que por lo menos tengan el criterio amplio. Si no es así, acá se los amplian, pero que conste, nomás el criterio.

2do diplomado: 14, 21, 28  de mayo y 4 de junio.
3er diplomado: 20, 27 de agosto y 3, 10 de septiembre.
4to diplomado: 29 de octubre y 5, 12, 19 de noviembre.

* Lourdes Ruíz B. es la reina del albur y Alfonso Hernández H. es hojalatero social y cronista de Tepito. 
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