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Pa' barrios, el de La Merced (Historia, leyendas y realidad) | Chilango.com

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No. 128
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Historia, leyendas y realidad

Pa' barrios, el de La Merced

31 de julio de 2012

Sin lugar a dudas nuestra bellísima ciudad es una de las urbes del mundo más ricas en cultura. Cada rincón está plagado de historias que merecen la pena ser recuperadas y conocidas por todos los que amamos nuestra cultura y, sobre todo, nuestra sagrada chilangolandia.

Historia

El mercado de la Merced no sólo es uno de los mejores lugares donde se puede conseguir todo tipo de ingredientes para elaborar platillos mexicanos, también es un elemento íntimamente ligado con la cultura del D.F.

La Merced forma parte de uno de los pocos vestigios de lo que fue, quizás, el monasterio más formidable del México antiguo. Por ahí del siglo XVII, justo en épocas de la Nueva España, se construyó el claustro. Es muy curioso que el origen de este lugar nada tiene que ver con el uso que ejerce hoy en día.

La orden de la Merced fue la única en llegar a la Nueva España, bajo la tutoría de los mercenarios de la misericordia. Y no fue sino hasta la imposición de las Leyes de Reforma que este lugar vivió una total renovación. De hecho, lo que hoy conocemos como el mercado de la Merced solía formar parte de un conglomerado de edificios dedicados a la adoración la Virgen del mismo nombre. 

Mercaderes

En pleno corazón de la Venustiano Carranza, la Merced ofrece opciones para todo tipo de búsquedas. Cuenta con la Nave Mayor con venta de frutas, verduras y  legumbres; la Nave Menor con venta de carnes, pescado, lácteos, abarrotes y carnes frías, y un paso a desnivel con venta de comida preparada y antojitos.

Es curioso señalar que los primeros comerciantes no eran mexicanos sino refugiados de Armenia que instalaron sus puestos en condiciones precarias, pero que poco a poco fueron ganando dinero y creando uno de los monstruos comerciales más importantes de la ciudad.

Tragedia en La Merced

Ocurrió en 1988: Un puesto que vendía fuegos artificiales explotó, mató a 61 personas y destrozó dos terceras partes de la sala principal del mercado.

Santo Niño de Atocha

¡Santo Niño de Atocha!

En la calle Talavera, aledaña al mercado, existe un altar que rinde tributo al Niño de Atocha, y es que hace décadas los artesanos del lugar se instalaron para confeccionar atuendos de Niños Dios y, posteriormente, se abrieron comercios dedicados a sus vestidos e indumentaria.

Comercio y prostitución

Un tema que no podíamos dejar de lado cuando hablamos de este mercado-barrio es la prostitución. La Merced forma parte de las "Siete zonas rojas de la ciudad". Es completamente natural caminar por las calles aledañas al mercado y ver a decenas de "mujeres de la vida galante" negociar sus tarifas y seducir a clientes al por mayor, sin importar la hora ni el día de la semana. Las mujeres tienen todas las edades y sus apariencias son imaginables.

Afortunadamente desde el 2011 se comenzaron a tomar medidas sobre este tema, pues se afirmaba que ahí operaban bandas de tráfico de blancas, que explotaban a las mujeres.

Merced

La rata gigante de La Merced, cuenta la leyenda...

Durante los años 80 comenzó a circular un rumor. Decían que ahí vivía una rata gigante que pesaba alrededor de 50 kilos. Incluso el semanario Alarma habló mucho sobre el tema. La gente decía que habían desaparecido varios perros y gatos.

Lo cierto es que nunca se encontraron pruebas serias de esta leyenda, pero no por eso la gente dejó de creerla. Y la verdad es que no parece una idea tan descabellada, sobretodo si tomamos en cuenta la cantidad de comida y basura que genera el mercado. ¿Quién no ha pensado alguna vez en que por sus pasillos camina una rata gigante?

Recuperación del barrio

Gracias al esfuerzo del gobierno de la Ciudad de México, en lo últimos años se han llevado a cabo planes de recuperación de espacios que por momentos parecían estar abandonados por las autoridades. Entre ellos el barrio de La Merced. Gracias a esto, la gente ha logrado convivir tranquila sin tener que preocuparse por el crimen organizado, ¿a quién no le gusta ver jugando a los niños en las calles y a los adultos paseando libremente por ahí? Bien ahí.

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