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Radiografía de una subcultura

El hipster como Otredad

07 de mayo de 2012
Por    Alejandra Núñez @delamalinche

Los hipsters no son una contracultura –a diferencia de los emos, hippies y punks–. Son una subcultura que no representa una amenaza para las autoridades. No están rompiendo ninguna norma, ni ley social. Aún así, el odio desmedido hacia ellos es particularmente llamativo.

Aún no conozco a nadie que se haga llamar hipster, aunque cumplan con las cualidades estéticas que los caracterizan, pero he escuchado un sinfín de personas haciendo referencia a algo o alguien como hipster. Pareciera que lo hipster es un lienzo en blanco al que se le pueden arrojar todo tipo de proyecciones, prejuicios y ansiedades personales.

Hablar de los hipsters como una sola entidad hace que se pasen por alto las mutaciones por las que se ha pasado para llegar a este punto. Ha habido tantos tipos de hipsters –desde lo que se cree que es el inicio del uso de este neologismo en la era del jazz– que es comprensible la falta de certeza al utilizarlo. Aún así, no hay que pasar por alto las múltiples transformaciones del término.

"El movimiento hipster no produjo artistas, pero sí tatuadores artísticos. No creó literatura, pero sí hizo un buen uso de las tipografías", dice Mark Greif en su artículo publicado en la New York Magazine.

Sí, actualmente esta subcultura está caracterizada por un consumismo extremo, un fetichismo por lo vintage, y las primicias culturales.

El término se dejó de utilizar con tanta frecuencia después de la época del jazz y renació en forma de algo novedoso en los 00. Internet ayudó a que se hiciera omnipresente el regreso de los hipsters.

La cronología del hipster.

En los dosmiles, los puntos de referencia viraron de la urbe a los animales y la naturaleza, con una fascinación por los videojuegos ochenteros, liderados por la página Pitchfork y sus controversiales reseñas musicales.

Grupos como Grizzly Bear, Deerhunter, Fleet Foxes, Department of Eagles, Wolf Parade, Band of Horses, y, principalmente, Animal Collective predominaron la escena musical en esta fase (los nombres aluden a este retorno a la naturaleza y lo pastoral). La franela regresó. Las chamarras de cazador a cuadros rojinegros y las bufandas proliferaron innecesariamente. La venta de los CDs decreció y la de LPs aumentó.

El gusto es un factor determinante en esta subcultura. En particular éste gira en torno a la adquisición de conocimientos antes que nadie más, especialmente con la música. Éste es el rasgo que ha perdurado a través de las décadas y las múltiples transformaciones. Esta compulsión por saber más, antes que el resto, es lo que los identifica. No las marcas y accesorios que utilizan para vestir.

Cortesía de www.loshijosdelamalinche.com

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