Belleza Chilanga
Febrero 2012
No. 99
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Típico que haces una fiesta de cumpleaños fuera de la ciudad y a tu amigo(a) con bebé se le ocurre llevarlo “porque habrá alberca”. El plan era sin niños, con música electrónica, mucho alcohol y uno que otro toque de destrucción. Ante el bebé no te queda de otra mas que portarte como Tatiana en tu propio evento.
Al fin se le ocurrió a tu amigo(a) salir para platicar y tomar un café. Hace mucho tiempo que no se ven y estás emocionado, tanto que hasta preparas un plan B para sonsacarlo(a). ¿El resultado?: Durante dos horas, la conversación se basa en las gracias que el bebé está haciendo: que si ya dice mamá o que si hace caras cuando ve a un perro. Además, tienes que echarte el repertorio completo de las 456 fotos que trae en su celular. Obvio, terminas con ganas de no volver a verlo(a) hasta dentro de un año.
La vida del amigo(a) con bebé se complicó, ya no tienen tiempo para la fiesta. O aunque tengan ganas de salir, hay muchos obstáculos que se los impiden. Cuando empieza el odio por tu amigo es cada vez que queda en salir contigo y termina cancelando a última hora. Lo peor es que lo hace con pretextos que ni siquiera entiendes: “es que Dieguito tiene reflujo; no me puedo ir y dejarlo así”. ¿What?, ¿reflujo?, ¿qué es eso?
Pasan de ser el amigo más fiestero al abuelo que termina asombrándose por todo, antes se tomaba contigo 20 caballitos seguidos y ahora te cuenta las copas. No hay nada más molesto, no lo hagan. El que sean papás no los vuelve policías del mundo.
Es como si el embarazo (o tener un hijo) hubiera abierto algún portal extraño dentro de ellos; ahora todo los conmueve. Se te ocurre ir al cine con él/ella y no para de llorar en toda la película, ¡qué estrés! Lo más incómodo es cuando tienes alguna riña y, en vez de dialogar como antes, ahora llora, sólo llora.
Seguramente el bebé roba el cien por ciento de su tiempo, pero esas son cosas que tú aún no entiendes. Se convierten en rucos en el momento en que dejan de actualizar su información general. Y lo notamos por comentarios llenos de palabras “retro” como: “¿Qué tal estuvo la pachanga?”
La emoción de tener una barriga enorme está fuera de tus posibilidades de entendimiento. Para ti es algo alienígena, mientras para tu amiga es el momento más emocionante de su existencia. La ridiculez de todo este proceso la lleva a un estudio de fotos donde pide una serie de 40 imágenes posando, con ella y su marido mirando fijamente hacia el cielo, abrazándose y hasta pintando caritas en su panza. Verlas en Facebook es algo que nadie desea. Guárdenlas para ustedes, futuros padres. ¡Qué oso!
Siempre han sabido que hablas como "la Pelangocha" y ahora resulta que enfrente de su hijo tienes que hacerlo como Chabelo… No pueden pedir esto sin esperar a cambio desprecio y flojera. Que mejor no los lleven a donde no deben.
Es muy molesto que estén con sus bebés y te digan “sígueme platicando” mientras están viendo que no se caiga, que no se pegue o que no llore... Es más, hay veces que están regañando a su hijo y te piden que les sigas contando tu trauma existencial. Así, ni a quién le queden ganas.
Este punto no tenemos que explicarlo, ya lo saben. Simplemente callen a sus bebés. Si lloran en un cine, sálganse; si tienen una fiesta, encárguenlos.
Qué desagradable es estar viendo chichis que no queríamos ver. Si van a alimentar a su bebé, al menos, deberían de taparse o irse a otro lado. Típico que estás comiendo y ¡se sacan un pecho en plena mesa! Trauma.com
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