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Lo práctico-romántico

Recorrido: el mercado de Jamaica

Flores Flickr.com Flores
25 de marzo de 2011
Por  Fernando Delmar   

¿Flores? ¿Para qué? 

Información utilísima para el novio futuro. O para el visitante ocasional de funerarias, que quiera ahorrarse algunos pesos. A veces es bueno llevar flores cuando se va a pedir un favor. O a la cama de los enfermos.

Olvidemos, así somos de radicales, el principal objeto existencial de las flores: que son hermosas. Que son la respuesta de la naturaleza a nuestros cuerpos amorfos, descoloridos, olorosos. Que un ramo de flores bien armado y elegido es una experiencia estética tan importante como la vista de una pintura. Enamora a quien sea.

Pensemos, por el momento, que todas esas características se dan por sentado. Las flores en esta nota son bomberazos necesarios, regalos construidos en el momento para salir bien parados de algún aprieto.

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"Las flores sirven pa' todo", me dice un comerciante, sonriendo. No creo que sirvan "pa' todo", pero me parece importante detallar brevemente las diferencias, virtudes y desventajas del mercado de flores más importante de la ciudad. Me sacarán de un apuro, en algún momento de la vida.

Como para pedir perdón. Que la secretaría de la universidad me suba algunas notas. De regalo en vez de una botella de vino. Cosas así.

Llegamos.

El mercado de las flores 

La estación de metro más cercana llena el nombre de la rosa rojiza. El acceso es inmediato y sorprende por su inmensidad. Hay que saber dónde se encuentra el espacio que buscamos, porque hay tres secciones distintas: la de comida (en Guillermo Prieto y Congreso de la Unión), la de comercio zonal "regular" (en la misma Congreso de la Unión) y la de flores (sobre avenida Morelos).

Recinto gigantesco: abarca cerca de 100,000 comerciantes provenientes de muchos estados de la República Mexicana. Se mueven las plantas por millones, las hay de todo tipo: gamopétalas (las que tienen los pétalos unidos), dialipétalas (con sus brazos separados, abiertos), simétricas o cigomorfas (que no repiten su forma en ningún patrón). Los mercaderes saben de flores como biólogos especializados. Me explican atropelladamente, como si yo ya lo entendiera todo.

"Hay flores ‘acampanadas', las que tienen la corola en forma de campana. O ‘tubulares', que la tienen en forma de tubito. Después están las ‘bilabiadas', que parece que traen una boca en la corola, o unas que parecen como embudos".

Quizá no como biólogos especializados, pero saben bastante. Yo apenas intuyo lo que es una corola.

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El costo de los ramos depende, tanto del tipo de flores como de la hora en la que se compran. El mercado abre sus puertas todos los días del año, las 24 horas. Un bomberazo de madrugada eleva un poco los costos, como para mantener a los comerciantes despiertos. Algunos se quejan del árduo trabajo que requiere mantener un local con vida. No es poca cosa convivir con otros cientos de miles, competir con ellos por precio y calidad, y hacerlo sin detenerse a lo largo de todo el año.

Un ramo de rosas (lugar común del consumidor esporádico, como el que esto escribe) ronda los $65, $50 pesos la docena. Si se compran por millar, si se quiere hacer una romántica habitación llena de rosas, el precio baja considerablemente. Pero no valdría mucho la pena.

Porque otro de los secretos de Jamaica está en la variedad. Así como tuvieron a bien explicarme los distintos rubros vegetales de las flores, descubro maravillas un tanto más exóticas: estrelicias, brillantes y anguladas, como de la prehistoria; milenramas, delicadas y frágiles como para la niña; tilandsias, de belleza púrpura y la que más logró sorprenderme. Cada tipo de flor requiere de cuidados más o menos distintos, tiene su nombre e historia, ilumina los ojos de quien las entiende y apasiona.

"El asunto de las flores es que son, casi, como personajes de la ficción. Uno se entretiene leyendo sobre su historia, sus características, si la Erythrina crista-galli se llama así por algo y si requiere de una u otra temperatura. Es como criar a hijos pequeños".

Me dice eso un horticulturista paseante en el mercado al que me acerco. Le pregunto después (¡hay que olvidarse de la magia, ir por lo práctico!) si usó el metro o vino en coche. Respondió por la segunda y tampoco es sorpresa: Jamaica tiene un estacionamiento digno para sus impresionantes proporciones. Seguridad existe. Todos están tranquilos, aunque un poco abultados. Distintos olores abundan en el lugar.

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Por ahí de las 9 de la noche compré un Matalobos. El nombre me llamó, como su forma. Llegué a casa y a la computadora: "Aconitum vulparia, alcaloide, terreno bien drenado, planta perenne de hasta 1 metro de altura. Riego diario. Necesitan de sombra y sitios semicalurosos".

Mercado de Jamaica. Av. Morelos, entre Congreso de la Unión y Guillermo Prieto. Colonia Jamaica, Del. Venustiano Carranza. Metro Jamaica. 365 días al año, 24 horas. 5741 1682

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