Manual de etiqueta en el baño del trabajo

Porque hasta en el WC hay caballeros

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Ir al baño es una actividad natural y cotidiana. Incluso, placentera. Se puede combinar con muchas otras: echar un cigarrito, disfrutar cómodamente una revistita, jugar Candy Crush, Facebookear/stalkear a alguien, twittear sobre el clima y un numeroso y disfrutable etcétera.

Mientras estés en casa no tiene mayor dificultad más que las de tu propia digestión, pero cuando estás en el trabajo la cosa cambia diametralmente: por alguna extraña razón es políticamente incorrecto que te vean entrar o salir del WC; cualquiera que sea tu intención. Es como si nadie lo hiciera, como si la chica guapa que trae vueltos locos a todos y que llega en la mañana oliendo rico, no fuera también al WC. Si no lo ves no ocurre, esa es la lógica y hay que obedecerla.

Eso convierte al pequeño espacio entre los umbrales de la puerta de los baños y del WC –sí, ahí donde generalmente están los lavabos y los mingitorios– en una zona de alta peligrosidad, donde corres el riesgo de ser tildado de extraño por hacer lo que no pudiste o quisiste hacer en casa: del dos.

Si no quieres que esto ocurra, sigue estas sencillas reglas para que tu reputación, literalmente, no se vaya por el excusado.

Identifica los horarios. Generalmente por las mañanas, después de la comida y casi al final del día (laboral), los baños estarán peor que el periférico por las mañanas. Habrá gente haciendo todas esas cosas que sí son políticamente correctas como peinarse, lavarse los dientes y las manos, acicalándose. Aunque probablemente algunos hayan fallado la misma misión que tú: entrar al WC sin ser vistos; o peor, no poder salir.

– No hables mal de nadie. Es común que te encuentres con amigos o conocidos de otras áreas o de la misma y que sientas que por tratarse del baño es un lugar aislado, privado, particular. Pero no. Seguramente mientras esperan o se lavan las manos querrán ponerse al tanto del último chisme o desahogarse de los problemas que has tenido con tu jefe o compañeros. Pero eso es muy peligroso. Nunca se sabe quién puede estar dentro del excusado, en una de ésas es de quien estás hablando mal.

Nunca de los nuncas entres a prisa y directo al excusado. Te delatas de inmediato y no habrá tiempo de corregir el camino. Intenta entrar despreocupado y si están ocupados o hay alguien en la “zona de peligro”, pues simplemente entra y lávate las manos o haz otra cosa como peinarte y espera a que el terreno esté libre.

Afina el oído. Si ya lograste entrar, lo difícil ahora será salir sin ser detectado. Pon atención a los ruidos ambientales –esos que a veces no se pueden evitar–, si hay movimiento permanece sentado. Al parecer, aunque tus piecitos se asomen por la puerta, si no te mueves es como si no estuvieras ahí. Cuando ya no haya ruido sal a tus anchas. Si llevas prisa y la zona nomás no se despeja, pon atención a las voces, no vaya a estar alguien conocido y te apliquen el clásico: “¿todo bien Gutierritos?”.

Si ya de plano alguien te sorprendió en la movida no hay nada que hacer más que minimizar los daños. Sal todo lo callado y natural que puedas. Piensa, ¿a poco no todos lo hacemos?, y mentalízate. Pero lo más importante de todo, evita el contacto directo a los ojos de los demás y suelta un escueto: “quiubo”. Así, siempre podrás negar tu estadía en tan peligrosos terrenos.

– Al final viene la regla de oro, tan conocida es que ni deberíamos repetirla, está en nuestro ADN: jamás saludes a alguien de mano mientras estás en la “zona de peligro”, por mucho que sus manos parezcan húmedas, es posible que hayan salido del WC.

¿Ustedes, qué estrategias recomiendan?