Las drogas compradas vía internet

Foto: Cuartoscuro

Pero estos cristales inoloros, que este par de amigos compra por internet entre 350 y 500 pesos el frasco, están hechos con un alcaloide prohibido a nivel mundial –la metilendioxipirovalerona (Mdpv)– extraído del árbol del khat, originario de África. Su efecto es 20 veces más potente que el LSD y la cocaína sintética, y pueden durar desde un día hasta una semana y son perceptibles a partir de dosis muy pequeñas. Las referencias más inmediatas están en el caso de Rudy Eugene, quien supuestamente se encontraba bajo los efectos de las sales cuando se comió el rostro de un indigente en Miami.

Según José Angel Prado García, director general adjunto de Operación y Patronatos del Centro de Integración Juvenil, «en México no tenemos registro de ningún consumidor de esta sustancia, tampoco hemos atendido a ningún adicto de este tipo en los centros». Incluso un dealer que atiende a su clientela sobre pedido dice que las sales apenas están llegando a México y que él no conoce a nadie que las haya consumido. Sin embargo, Roberto y Pedro, de 22 y 29 años, han experimentado con la droga. En cuanto entra al organismo, la temperatura corporal aumenta drásticamente. «Sientes como si te quemaras. No es una sensación agradable, te da miedo, quieres salir corriendo». Lo que sigue es una sensación de alerta, y cualquier sensación de cansancio o sueño se desvanece. Es más, no queda rastro de ninguna sensación. «No sientes ningún dolor, ni aunque te lastimes, te cortes, te golpees, no sientes nada».

El doctor José Ángel Prado García sostiene que las sales causan daño permanente en el cerebro y cuadros sicóticos crónicos, como esquizofrenia y paranoia. Las “sales de baño” se venden en presentaciones en sobre o frascos de 200 y 500 miligramos. Tiene al menos 16 marcas distintas, como Cielo de Vainilla, Ola de Marfil, Bendición, Relámpago Blanco, Huracán Charlie, Ivory Wave, entre otras. En el envoltorio se podía leer “No es comida”. A Joel –tampoco es su nombre verdadero– le ofrecieron un polvo blanco parecido a la coca. Después de inhalarlo, de pronto comenzó a golpear su cabeza contra la pared y luego, a rascarse los brazos y las piernas con desesperación. Decía que tenía gusanos adentro.

Luego empezó a reírse y a llorar sin control. Según él, estaba en un barco que se hundía. Había consumido dragonfly o libélula, una de las llamadas drogas de diseño cuyos efectos son muy potentes: pueden durar hasta tres días y provocar problemas de corazón, convulsiones y alucinaciones. Según las autoridades chilangas de salud, produce daño renal, insuficiencia hepática, paro cardiaco y respiratorio e, incluso, puede ocasionar amputaciones de brazos y piernas entre los consumidores asiduos. En el DF ya se reportan pacientes en tratamiento aunque no se sabe, ni por rumores, de distribución ilegal. Se supone que hay algún Walter White en potencia. Pero es el krokodil, también conocido como “heroína de los pobres” (cuesta entre 8 y 20 pesos la dosis), una de las drogas que han reportado mayor incremento de consumo en el país. Se trata de una droga sintética que consumida por adictos a narcóticos duros, como la heroína y el opio.

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