La noche más movida del año en la escena lésbico-gay

De la protesta a la fiesta y viceversa

Foto: Cuartoscuro

Decenas de fiestas afters en diversos puntos de la ciudad dificultaron la decisión sobre dónde terminar la noche del último sábado de junio, uno de los más movidos de la escena, luego de la ya histórica Marcha del orgullo Lésbico Gay, Bisexual, Transgénero y Transexual, que en su XXXV edición congregó a más de 80 mil cuerpos, según cifras oficiales.

Poco quedó de las plumas, lentejuelas y los coloridos maquillajes de la Marcha. Y es que después de todo, algun@s prefieren llegar directamente a las fiestas y evitarse el recorrido que esta vez se partió en dos debido a problemas de organización. 

Bajoneo 

Para quienes hicimos el recorrido del Ángel al Zócalo por Avenida Reforma, el agotamiento afloró cuando terminaba la tarde, no obstante el cansancio, la celebración llamó de nuevo y regresamos, la Zona Rosa siempre será la favorita en estos casos.

Antes del revén, una merecida escala en La Casa del Toño,  de los mejores lugares para garnachear con poco presupuesto en la Zona Rosa; pese a la espera de 40 minutos, pudimos degustar un buen plato de pozole por menos de 50 pesitos. Desde aquí ya se sentía el ambiente pues el día hoy más que nunca ocupamos la ciudad.

Amberes infalible

Al filo de las 9 de la noche, ya posicionadas en la calle Amberes, donde se concentran la mayoría de los antros y bares más concurridos de la escena, escuchamos varias ofertas, decidimos hacer la primera parada en el Kinky, en el sitio de lo que alguna vez fuera el legendario Lipstick. Los torsos comienzan a moverse al escuchar algunos clásicos del pop noventero.

Del lugar de junto, mezcalería La Botica, emana tanto calor humano que empaña los cristales hasta el escurrimiento. El bailongo está en pleno, entre humo y luces de colores. Algun@s indecis@s se amontonan afuera del lugar.

Cuánto daría

El Kinky luce diferente: un alfombrado aquí y allá, nuevas puertas de cristal transparente; arriba, la Carpita está acondicionada para las noches de karaoke. Un chico delgado canta con sentimiento el coro de la que casi es un himno adoptado “¡Cuánto daría por gritarles nuestro amor, decirles que al cerrar la puerta nos amamos sin control!”.

Desde la terraza de fumadores del karaoke se mira la panorámica de Amberes: multitudes jotas abriéndose paso entre los charcos y las luces de los coches. Grupos congregados afuera del 42, el Lollipop, el Macho, La Facultad, el Touch…todos están llenos, excepto el Papi que ostenta unos sellos de “suspensión de actividades”, lo cual es una lástima en una de las noches más movidas del año.

Está hasta su madre

Te dije, hubiéramos caído más temprano

Estoy segura que este diálogo se repetía en muchos puntos de esta calle.

Ya es medianoche, el oxígeno comienza a faltar, el lugar se asemeja a un metro en transborde en plena hora pico pero colmado de mirreyes y lobukis jotas.

¡Vámonos! No nos escandaliza la escena sino que ya no es posible dar un paso sin evitar tocar dos o tres cuerpos. Al salir todavía miro con cierto horror una fila inmóvil prolongarse más de 15 metros.

Next

Después le dimos oportunidad a La Botica, que lucía mucho menos llena que unas horas antes; a ritmo guapachoso se podía bailar en una pequeña tarima lo suficientemente amplia para las parejitas.

Al centro de la pista se besan un par. El de camiseta roja desliza su mano entre la pierna del chico de lila. Al apretar la zona del cierre, hace visible la incipiente erección de su compañero. Se besan jugueteando con sus lenguas. Se detienen, se miran y sonríen. Siguen bailando. Dos, tres, cuatro parejas repiten casi la misma escena.

“No puedo creer lo cansada que estoy para lo temprano que es”, le dije a mis amigas, apenas las 2 de la mañana, la jornada ha sido larga, sin parar desde medio día

Estrasburgo

“Vamos a Sinaloa”, dijo una de las compañeras que ofreció su casa para seguirla en una de las calles cercanas. De camino, todavía había quienes intentaban colarse en las interminables filas de los antros de la zona. Al pasar por la estrecha y obscura calle de Estrasburgo, varias parejas fajan apasionadamente recargadas entre rejas y paredes, otros beben en la calle sin ser clientes de bares cercanos, lo pasan bien, sin duda.

En Sinaloa, todas caímos rendidas. No hay mucho que hacer más que dormir juntas y abrazadas al estilo pijamada; nuestros pies hinchados y ojos tierrosos por fin descansaron luego de una larga jornada  no sólo de fiesta, también de protesta.

Born this way

Amanece domingo por la mañana. Al pasar por la esquina de Estrasburgo y Belgrado descubro los rastros de la noche anterior: botellas rotas, vasos rojos y unos cuantos condones usados. Un curioso collage de pintas en la pared llaman mi atención entre tiernas declaraciones de amor, destaca enorme “Born this way”.