Jaiboles entre escombros

Descubriendo 'El Fiuma'

La idea parece fantástica, un ex novillero atendiendo una cantina que con el paso del tiempo se convirtió en una bodega de esencia clandestina. El acceso es “exclusivo”, pero no se piense que esto es así por mera cuestión de la “alta alcurnia” (al menos no hoy por hoy): simplemente asisten los amigos que envejecieron a la par de este secreto a voces del centro histórico, El Fiuma.

Llegar tiene su chiste, no encontrarás letreros fluorescentes que te señalen su locación, tampoco hay música que llame la atención y mucho menos esperes un local abierto. Es entre dos tiendas de abarrotes donde se asoma el misterio con tal discreción, donde sacas una moneda y la deslizas sobre la cortina de metal para que la puerta sea abierta por el anfitrión: José Rodríguez “El Pajarito”, dueño del lugar, quien portando su playera de Bacardi te da la bienvenida. 

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El fiuma (MaJo)
Don Pepe nació en Tlaxcala en 1934, el destino lo llevó al servicio del mundo del brebaje. Primero fue dueño de la cantina “Tío Pepe” (ubicada en el Barrio Chino) y después compró el Fiuma, el cual le pertenecía a un alemán. Durante una temporada, Don José fue novillero y extra de cine. Actualmente se dedica de lleno a El Fiuma, al que para llegar sólo necesita salir de su casa ubicada en el piso de arriba de éste.

Para entrar a la cantina es necesario agacharse. Después de unos tres pasos, ves la luz y de pronto ya estás en esa cápsula del tiempo desconectada de todo aquel bullicio del centro de la ciudad. A la izquierda hay montones de bolsas de plástico, cajas apiladas de botellas de alcohol, envases de vidrio de refresco. Del otro lado hay tres mesas descuidadas, sillas con colchones descocidos, bancos de madera a la orden de la barra cubierta por escombros, candelabros, un espejo francés con la imagen de la Virgen de Guadalupe, una figurilla de un elefante con la trompa hacia arriba. El primer piso es obsoleto y está resguardado por la oscuridad, hay fotos de los tiempos mozos de “El Pajarito” con Silvia Pinal, Ana Luisa Peluffo y Sasha Montenegro. 

Todo como parte de la estética del lugar. 

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El Fiuma (MaJo)

Si bien Don Pepe reveló que el acceso a su bar es exclusivo (a pesar de la ligera pizca de sospecha en su mirar), su trato para con una mujer que apenas aparenta la mayoría de edad (yo) y su amigo es cordial. La puerta fue abierta. La invitación para beber, inmediata, y con la actitud de atender cortésmente a un par de jóvenes extraños, a quienes les acercó una caguama y dos vasos de vidrio con el estampado de Bacardi.

Don Pepe da el tiempo y el espacio necesario para dejarse observar y a la vez reconocer ese hábitat. Él no es un viejecillo cascarrabias, toda pregunta que se le hacía fue contestada abiertamente (nada de monosílabos) e incluso con un aire de orgullo. Mientras deambulábamos por el pequeño lugar, él se dedicaba a hacer llamadas. El sonido de sus alpargatas negras se escuchaba cada que se movía de un lado a otro para ver su agenda y contestar el teléfono. 

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El Fiuma (MaJo)

Los invitados llegan a partir de las 1pm, cada uno muy atento. Con su fuerte voz interrumpían para decir: “Buenas tardes”. Uno pidió un whisky, otro prefirió no beber nada y comenzó a discutir sobre la hora de llegada, y más adelante sobre sus futuros negocios. Pasó media hora y se escuchó el raspado de una moneda (llegaba alguien más), Don José caminó a una velocidad media, abrió la puerta (él es portero, dueño, cantinero y mesero) y recibió a otro colega que saludó mientras se dirigía al baño, después se sentó en el rincón para simplemente contemplar bajo los cascajos. 

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El Fiuma (MaJo)

Cuando en El Fiuma había servicio de restaurante y bebida el primer piso se encontraba habilitado, era un sitio frecuentado por políticos y varios periodistas como Renato Leduc. Pero después del temblor del 85, la demolición de un edificio frente a la cantina y a la construcción de dos pisos se generó el punto de encuentro para los delincuentes:“la casa de todos”, quienes arrasaban con todos los locales de esa calle. Así que después de varios años, el casi octogenario Don José decidió bajar la cortina.

En El Fiuma se sirven tragos básicos y tradicionales acompañados por whisky, tequila, ron y, por supuesto, cervez;, así que olvídate de gomichelas, long island y toda la bola de cócteles. 

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El Fiuma (MaJo)

En definitiva: lo que pasa en esa guarida secreta es el tiempo en el cuerpo de una generación que posiblemente no desee nada más que disfrutar de la tranquilidad de la vida cotidiana, en la que se interponen jaiboles, dominó y el intercambio de carcajadas entre los escombros.

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El Fiuma (MaJo)