Fiestas Godínez

Termínalas con la cabeza en alto

Getty Images

La fiesta de fin de año de la oficina es un mágico paréntesis en la cotidianidad godinezca, caracterizado por un ambiente etílicamente inestable capaz de motivar algunos milagritos navideños y muchísimas maldiciones decembrinas.

Aquí van algunos tips para sobrevivirla (y, quizás, hasta disfrutarla). 

1. Elige bien  tus uvas

Nunca, en el resto del año, hay otro momento como éste en el que se disuelven, entre trago y trago, las fronteras entre las castas laborales. Es tu oportunidad (quizá la única) de echarte al plato a la guapa de merca o al nuevo director. Eso sí, deberás hacer un análisis previo y asegurarte de no tener relación laboral directa (ni posibilidad cercana de tenerla) con dicha persona. No querrás soportar el próximo año a una asistente despechada o a un jefe que difícilmente vaya a tomarte en serio en las juntas que no sean de ombligos.

2. ¡Qué rifado!

Ganarte un iPad en la rifa podrá parecerte muy buena suerte, pero piénsalo dos veces. Si eres de los afortunados cuyo sueldo supera por mucho al promedio de la compañía y encima ganas (y aceptas) un regalazo en la fiesta, no habrá app que te ayude a disminuir el resentimiento que generarás entre tus subalternos. Ganarás más si vuelves a rifar el premio entre ellos. Si, en cambio, hace siglos que no te suben el salario y el regalo es justicia divina, usa tu iPad para fotografiar a los jefes y luego gritarle a sus imágenes: ¡tómala, en tu cara!

3. Di no al baile de caballito

Es un hecho, lo que pasa en la fiesta de fin de año NO se queda en la fiesta de fin de año, así que baila, goza, disfruta, pero ten en cuenta que (por razones zoológicas-musicales inexplicables) aquellos bailes que se gestan en medio de una canción protagonizada por un animal, son generadores de movimientos y caras tan peculiares que podrían hacerte acreedor a apodos como “El Venado”, “El Gato Volador” o “La Mona Sensual”. Peor aún, puede que a partir del siguiente lunes tu jefe te llame diciéndote “ven, ven, ven, animalito, ven”.

4. El peligro del micro 

En este particular caso no nos referimos al microbús, sino al micrófono. Muchas de estas fiestas incluyen show de “talento” (sí, entre comillas) o, peor aun, algunos improvisados hambrientos de aplauso se lo inventan. Lo más seguro es que seas menos bueno de lo que tus tíos te hacen creer cada Navidad, pero aunque tu show llegara a ser decente te lloverán burlas lo que dure el 2013. Entiende: la oficina es la nueva preparatoria. Hay un reacomodo de populares y underdogs, pero el bullying no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

5. Vete ya comido

No importa si la fiesta se llevará a cabo en un lujosísimo hotel de Polanco o Santa Fe, en una hacienda de lo más nice o en el único salón de fiestas que aún tenía fecha disponible (y nomás en lunes) –El Centro de Convivencia de Colonos Rubí Esmeralda Pedrosa–, la comida estará mala: es una conocida e inevitable maldición que el vejete año arroja antes de perecer. Si no quieres perder desde la primera copa, pero no te apetece embutirte pan chicloso, crema de quién-sabe-qué-verdura-es-esto y rollo de pollo de hule, más te conviene llegar con la panza llena.