El arte de ofrecer chácharas

Visitamos a un vendedor de relojes... en Tulyehualco

Después de Xochimilco, más allá de Madreselva, siguen los pueblos defeños: Santa Cruz, San Martín, San Luis. Lugares que conservan sus tradiciones religiosas, usos y costumbres, y un gran gusto por la agricultura. Aquí, aunque estemos a 30 minutos de Villa Coapa, parece que el tiempo no pasa: lo mismo encuentras caballos que microbuses viejos. Grandes campos de maíz y de amaranto. Pocos servicios, eso sí, pero en general todo es más barato que en el centro de la ciudad.  

Siguiendo el camino de los pueblos, llegas a Tulyehualco y los fines de semana se levanta un tianguis de segunda mano en donde puedes encontrar zapatos a 100 pesos, elotes de a 5, celulares de dudosa procedencia y mucha ropa en pacas. En uno de los puestos, junto a una mesa llena de ropa usada, encontramos a Fernando Carreón, hijo de inmigrantes alemanes, que exhibe algunos lentes y relojes en una pequeña mesa.  

Pero no es un vendedor común: entre relojes de plástico baratos puedes encontrar verdaderas maravillas. Mont Blanc, Rolex, Super Alfa y marcas que sólo los coleccionistas reconocen. Los que no somos conocedores los podemos ver como relojes viejos y nada más: los expertos saben que esa pieza que está a la vista de todos tiene más de 100 años de fabricación. Es el inusitado mundo de la relojería.  

Don Fernando ¿qué hace usted en un lugar como Tulyehualco?

¿Qué te digo? Es tan bueno como cualquier otro. Uno se mantiene de lo que va vendiendo, pero los coleccionistas de relojes te encuentran donde sea. No tengo todos mis relojes buenos a la vista, pero en aquella bolsa -señala un costal verde de tipo militar- están los verdaderos tesoros.  

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Relojero

¿De dónde vienen estos relojes?

No son robados ¿eh? Los que nos dedicamos a esto tenemos que buscar las piezas en otro tianguis, pararse muy temprano para caminar entre los chatarreros y encontrar algo que te guste. Con 40 años en el negocio, ya tengo ojo para esto. Me paro de madrugada y voy al tianguis del Salado o de Santa Cruz para ganarle los relojes a los demás. Ahí haces el negocio, ves si un reloj que te venden en 500 pesos lo puedes dar al doble. Es cosa de pensar si la pieza te puede dar ganancias.  

¿Y todos los relojes vienen en buen estado?

Muchos sí, muchos no. Lo más común es que traigan el cristal quebrado y entonces lo llevo a un tallercito en el centro de la ciudad. Permíteme…  

Se acercan dos posibles compradores. Un señor de apariencia humilde que levanta un Super Alfa (marca casi desconocida, pero apreciada entre los coleccionistas); pregunta el precio y Fernando le dice: “3 mil pesos”. El señor levanta la ceja y pregunta que qué más hace.  

– Da la hora, como todos los relojes
– Está muy caro -contesta el cliente
– Es lo que vale  

Otro más se le queda viendo a uno dorado. Pregunta en un idioma extraño para nosotros:  

– ¿Cuántas micras tiene?
– Cuatro -contesta Fernando
– No señor, éste no tiene cuatro ¿y joyas?  
– 14
– ¿Cuánto? – Cuatro mil quinientos pesos
– Juega  

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Relojero

La transacción se hace ante nuestro asombro. Fernando se ríe, abre un reloj con una navaja suiza, y nos muestra las joyas, pequeños rubíes dentro de una maquinaria perfecta.  

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Relojero

¿Cómo te metiste en el mundo de la relojería?

Por necesidad y la verdad aprendí con muchos trabajos. Muchas veces me vieron la cara diciéndome que me vendían un Mont Blanc y era imitación. Pero hay ciertos detalles en los relojes, como los grabados, la máquina o las joyas, que te indican que estás comprando algo bueno. Me acuerdo que muy al principio compré un reloj de pared por 400 pesos: lo vendí en 800 y pensé que había hecho una buena venta. La siguiente semana regresó el cliente diciéndome que lo había vendido por 50 mil pesos. Casi le pego ¿por qué no me dijo que lo estaba malbaratando?.  

¿Te han caído cosas rarísimas?

Todo el tiempo: he tenido relojes de 1910, relojes de la Segunda Guerra Mundial o ediciones limitadas. Lo más ingrato de este negocio es que a veces me quiero quedar alguno, pero soy vendedor no coleccionista. Conservo los que me gustan por poco tiempo y la verdad me duele deshacerme de ellos. Pero tengo que llevar de comer a mi casa, no hay de otra.  

Dejamos a Don Fernando en su puesto y pensamos que es increíble lo que se puede encontrar en los tianguis chilangos ¿y a ti te gusta chacharear?

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